COMENTARIO
El nacimiento de Samuel es relatado con los ingredientes de un prodigio que pone de relieve la intervención divina y la importancia del niño. Contra toda expectación humana, una mujer estéril y humillada por la esposa fértil de su marido busca la solución de su angustia sólo en Dios, pidiéndole un hijo. Su marido la quiere, pero no la comprende (v. 8); Elí, el sacerdote y guía supremo del santuario de Siló, llega a bendecirla, pero tampoco comprende su dolor (vv. 15-17). Sólo Dios acoge su petición y su voto (v. 11). Ana sigue la línea de Sara, de Raquel y de la madre de Sansón, en las que también brilló la acción divina quitándoles el oprobio de la esterilidad. Pero, más que ninguna, es prototipo de mujer piadosa que persevera en su oración con la seguridad de obtener lo pedido. «¿Para qué es necesario enumerar aquí a todos los que orando como es debido, consiguieron de Dios los mayores beneficios? Porque resultaría fácil a todos hacer una abundante selección de casos, a base de la Sagrada Escritura. En efecto, Ana pudo engendrar a Samuel, que sería parangonado con el mismo Moisés (cfr Jr 15,1), porque, siendo estéril, tuvo fe y suplicó al Señor (1 S 1,9ss.) (…) ¡Cuántos favores podría contar cada uno de nosotros, si recordando, con gratitud, los beneficios recibidos, quisiéramos hacer con ellos una alabanza a Dios! Almas que han permanecido largo tiempo sin descendencia, afectadas de esterilidad en lo más noble de su ser y con síntomas de muerte en su alma, una vez fecundadas por el Espíritu Santo en la oración asidua, concibieron pensamientos saludables y llenos del conocimiento de la verdad» (Orígenes, De oratione 13,2-3).
Ana, que había de llevar en su seno a Samuel, es tipo de María y es también «tipo de la Iglesia que lleva al Señor. Su oración no es clamorosa, sino callada y modesta; rezaba dentro de las entretelas de su corazón, porque sabía que Dios la escuchaba» (S. Cipriano, De oratione dominica 5).
Samuel viene al mundo como donación divina, es el «pedido al Señor» (v. 20), según una etimología popular. Su misión en la tierra será tan excepcional como lo fue su nacimiento; Ana, su madre, lo presenta en el santuario «para que durante toda su vida esté entregado al Señor» (v. 28). Samuel se inicia junto al sacerdote Elí en el santuario de Siló, es decir, junto a las instituciones antiguas del tiempo de los jueces, de modo que las novedades que ha de aportar no supongan la ruptura o negación de lo anterior.