COMENTARIO
El cántico de Ana es un salmo de alabanza a Dios por su acción salvífica en medio del pueblo; al final del segundo libro de Samuel (2 S 22,1-51) otro salmo de alabanza canta la intervención divina por medio de la dinastía davídica. Ambos tienen muchos elementos semejantes, pero el cántico de Ana, aunque termina aludiendo al rey y al ungido, se detiene más en el modo específico del actuar divino: subraya la predilección de Dios por los débiles, los hambrientos, la estéril, el pobre, el indigente, frente a los hartos de pan, la madre de muchos hijos, el rico, etc. El Magníficat (Lc 1,46-55) se inspira en este canto, señalando que en la plenitud de los tiempos la intervención divina es definitiva.