COMENTARIO

 1 S 2,12-26 

Los hijos de Elí, sacerdotes del santuario de Siló, son el contrapunto de Samuel: sus pecados son muy graves, tanto en sus obligaciones rituales «porque menospreciaban las ofrendas del Señor» (v. 17), como en sus obligaciones morales, corrompiendo a las mujeres que atendían al culto (v. 22). En contraste, Samuel «continuaba sirviendo al Señor» (v. 18) y agradaba al Señor y a los hombres (v. 26). Los pecados de los sacerdotes de Siló, tan fuertemente denunciados (vv. 17.24-25), ponen de relieve que el castigo divino estaba justificado: la expresión «era voluntad del Señor hacerlos perecer» (v. 25) no indica que el castigo estuviera predeterminado, sino que en la historia de la salvación los hijos de Elí cuentan únicamente como ejemplo de lo que hay que evitar.

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