COMENTARIO
Por boca de un profeta anónimo (v. 27) este oráculo es una sentencia de gran severidad contra los sacerdotes. Aunque contiene una mención expresa de los hijos de Elí (v. 34), parece una condena genérica de los sacerdotes depravados de todas las épocas y una exaltación de los sacerdotes fieles (v. 35). Es, pues, un oráculo aplicable a la situación creada en el santuario de Siló, pero válido también para la época de Josías cuando se lleve a cabo una reforma religiosa a fondo que afectará también a los sacerdotes sadoquitas; incluso a la vuelta del destierro seguirá teniendo actualidad cuando los sacerdotes asuman la función de purificar el culto del nuevo Templo y de instaurar en él el culto verdadero. Pero, sobre todo, ha de tener vigencia cuando llegue la plenitud de los tiempos, pues como dicen los Santos Padres, Cristo es el sacerdote fiel que Dios ha suscitado, asumiendo las funciones de los sacerdotes del Antiguo Testamento. En Samuel «fue figurado entonces el cambio del antiguo sacerdocio, que ahora vemos cumplido, y fue entonces cuando la que tuvo muchos hijos quedó sin vigor, a fin de que la estéril, trocada en madre de siete, tuviera un nuevo sacerdocio en Cristo» (S. Agustín, De civitate Dei 17,4,9; cfr 17,5,1-5).