COMENTARIO

 1 S 5,1-12 

Dios, cuya presencia está representada en el Arca, no es afectado por la derrota de su pueblo Israel sino que conserva su soberanía imponiéndose a Dagón, el dios de los filisteos, en su propio templo, y a los filisteos en sus ciudades más emblemáticas: Asdod, Gat y Ecrón. Nadie, ni en el territorio de Israel ni en el territorio enemigo, hay superior al Señor. De Él dependen todos los acontecimientos, la derrota de los israelitas y las desgracias de los filisteos.

El relato contiene una descripción burlesca de Dagón y de su templo; incluso ironiza la costumbre extendida en el Medio Oriente que prohibía pisar el umbral de los templos y de los palacios por considerarlo sede de demonios o de espíritus peligrosos (cfr So 1,9).

En este recorrido del Arca por la región de los filisteos ya no se mencionan ni el santuario de Siló ni sus sacerdotes, sino que el centro de atención es el Señor y su extraordinario dominio sobre los filisteos y sobre sus divinidades falsas. La peste y los tumores (vv. 6 y 9), que tantos estragos produjeron, dieron origen a las ofrendas de desagravio al Señor, único Dios verdadero (6,5).

Volver a 1 S 5,1-12