COMENTARIO

 1 S 8,1-23 

Las desgracias que la institución monárquica acarreará para Israel están recogidas en este capítulo. Las más graves son de orden religioso: la apostasía y la idolatría (vv. 7-8). El autor sagrado refuerza la malicia de esta actitud recordando la deslealtad que siguió a la liberación de Egipto y poniendo toda la advertencia en boca del propio Dios.

Junto a los peligros religiosos, la monarquía conlleva desastres sociales. El «estatuto del rey» puesto ahora en labios de Samuel (v. 10-17), es probablemente el resumen de un documento antiguo, que regulaba las monarquías de gran parte de las «ciudades–estado» del Medio Oriente; aquí están recogidos los abusos más graves que en el Deuteronomio se condenan taxativamente (Dt 17,14-20).

Sin embargo, el gran peligro es que el pueblo, al elegir al rey y poner toda su confianza en él, está excluyendo a Dios (cfr v. 18). En adelante el mayor esfuerzo de los profetas irá encaminado a convencer a los suyos de que la confianza en Dios no exige el rechazo de los medios humanos, en este caso la monarquía, como tampoco el uso de los medios materiales lleva consigo el abandono de Dios. En cualquier caso el riesgo mayor de la monarquía va a ser el afán de solucionar los problemas militares, políticos o sociales al margen o en contra de Dios.

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