COMENTARIO
La narración de estos tres capítulos contiene elementos de procedencia distinta, pero engarzados en una misma línea doctrinal: la enseñanza de que Dios rige los destinos de su pueblo. En concreto hay dos clases de episodios: los que recogen las hostilidades con los pueblos vecinos, especialmente con los filisteos (13,1-6.16-23; 14,1-23), y los que resumen algunas actuaciones de Saúl dentro de Israel (13,7-15; 14,24-46; 15,1-30). En las primeras, Dios otorga la victoria frente a los filisteos y frente a los amalecitas, es decir, Dios es fiel a su compromiso de favorecer a su pueblo; en cambio, en la política interna, Dios rechaza a Saúl porque no ha puesto su confianza solamente en Él (13,7-15) y no ha obedecido con exactitud sus mandatos (15,1-30). Saúl viene a ser imagen del cristiano que por tibieza no termina de aceptar del todo el querer de Dios; sus pecados no parecen objetivamente muy graves, pero le acarrean un progresivo deterioro de sus relaciones con Dios.