COMENTARIO

 1 S 15,1-35 

La batalla contra los amalecitas es la ocasión por la que Saúl es definitivamente rechazado por Dios. Los episodios narrados hasta aquí venían subrayando los pecados de Saúl y, en concreto, su falta de confianza en el Señor. Sin embargo, ahora destaca su desobediencia.

En el relato se perciben los ecos de antiguas condenas divinas. El Señor «se arrepiente» (antropomorfismo expresivo) de haber hecho rey a Saúl (v. 11) como antes «se había arrepentido» de haber creado al hombre (Gn 6,6); el rechazo de los planes divinos que Saúl lleva a cabo (vv. 11.23.26) produce el rechazo de Dios, que cierra a Saúl el acceso al trono para siempre, como antes había cerrado a Adán las puertas del Paraíso (Gn 3,23-24). El castigo divino, como sucedió tras el pecado de Adán, es severo y no admite indulgencia por tratarse de un pecado muy grave, a saber, la rebeldía y la repulsa de Dios y de su palabra (v. 26).

En adelante Saúl, aunque conoce que el Señor no acepta su reinado, siguió siendo rey de hecho, porque la sentencia condenatoria se la ha comunicado Samuel en secreto (vv. 30-31), como había sido en secreto la primera unción (cfr 10,1-16).

Volver a 1 S 15,1-35