Jonatán viola una orden de Saúl

24Los hombres de Israel estaban molestos porque Saúl había pronunciado sobre el pueblo este juramento: «Maldito el que tome alimento hasta la tarde, hasta que me haya vengado de mis enemigos». Pero nadie del pueblo probó alimento.

25Todo el ejército llegó a una zona en la que había miel por el suelo. 26Los soldados se acercaron al panal que destilaba miel, pero nadie se llevó la mano a la boca porque tenían miedo del juramento. Sin embargo, 27Jonatán, que no había oído el juramento de su padre sobre el pueblo, alargó el bastón que llevaba en su mano, hundió la punta en el panal de miel, se llevó la mano a la boca y se le iluminaron los ojos. 28Entonces uno del pueblo dijo:

—Tu padre ha hecho un juramento solemne sobre el pueblo diciendo: «Maldito el que tome alimento hoy», y eso que el pueblo está desfallecido.

29Dijo Jonatán:

—Mi padre ha causado un grave daño al país. Miren cómo se han iluminado mis ojos con sólo probar un poco de esa miel, 30¡cuánto más si el pueblo hubiera comido hoy del botín encontrado entre sus enemigos! ¿No habría sido mayor la derrota de los filisteos?

31Aquel día los israelitas derrotaron a los filisteos desde Micmás hasta Ayalón y, como la gente estaba agotada, 32se lanzaron al botín, tomaron ovejas, bueyes y terneros, los degollaron en el suelo y se los comieron con la sangre. 33Se lo contaron a Saúl diciendo:

—El pueblo está pecando contra el Señor al comer carne con sangre.

Saúl dijo:

—Han hecho traición. Tráiganme una piedra grande.

34Y luego añadió:

—Dispérsense entre el pueblo y díganles: «Que cada uno traiga su buey o su carnero. Sacrifíquenlos y cómanlos aquí, y no pequen contra el Señor comiéndolo con la sangre».

Aquella noche todo el pueblo trajo lo que tenía y lo sacrificaron allí. 35Saúl edificó un altar para el Señor; fue el primero que edificó. 36Y dijo:

—Vamos a bajar contra los filisteos esta noche y vamos a saquearles hasta despuntar el día: no dejaremos ni un solo hombre.

El pueblo respondió:

—Haz lo que te parezca mejor.

Pero el sacerdote dijo:

—Acerquémonos con esto a Dios.

37Saúl entonces consultó a Dios:

—¿Debo bajar contra los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?

Pero aquel día no obtuvo respuesta. 38Y Saúl dijo:

—Acérquense aquí todos los jefes del pueblo. Investiguen y vean qué pecado se ha cometido hoy. 39Vive Dios, Salvador de Israel, que si es por Jonatán, mi hijo, morirá sin remedio.

Nadie del pueblo le llevó la contraria. 40Y dijo a todos los israelitas:

—Pónganse a un lado, mi hijo Jonatán y yo nos pondremos al otro.

El pueblo respondió:

—Haz lo que te parezca mejor

41Entonces dijo Saúl al Señor, Dios de Israel:

—¿Por qué no respondes hoy a tu siervo? Si la culpa está en mí o en mi hijo Jonatán, que salga urim; si está en tu pueblo, que salga tummim.

Cayó la suerte en Jonatán y Saúl, y el pueblo quedó libre.

42Después dijo Saúl:

—Echen ahora suertes entre Jonatán y yo.

Y recayó la suerte sobre Jonatán.

43Saúl se dirigió a Jonatán:

—Cuéntame qué has hecho.

Y le contó Jonatán:

—Sólo probé un poco de miel con la punta del bastón que tenía en mi mano, pero estoy dispuesto a morir.

44Saúl le dijo:

—Que el Señor me haga esto y aquello me añada, si tú no mueres, Jonatán.

45Pero el pueblo dijo a Saúl:

—¿Va a morir Jonatán, que es el que ha conseguido esta gran victoria a Israel? ¡De ninguna manera! Vive Dios que no caerá a tierra ni un solo cabello de su cabeza, porque lo conseguido hoy ha sido con la ayuda de Dios.

Así el pueblo salvó a Jonatán y no murió. 46Saúl dejó de perseguir a los filisteos y éstos se retiraron a su región.

47Pero Saúl, una vez constituido rey de Israel, entabló batalla contra los enemigos de su entorno: contra Moab y contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Sobá y contra los filisteos. En todas sus incursiones salía vencedor. 48Realizó valerosas gestas, venció a Amalec y libró a Israel del poder de los que lo saqueaban.

49Los hijos de Saúl fueron Jonatán, Yisví y Malquisúa; sus dos hijas se llamaban Merab, la mayor, y Mical, la pequeña. 50El nombre de la mujer de Saúl era Ajinóam, hija de Ajimaas; el nombre del jefe del ejército era Abner, hijo de Ner, tío de Saúl. 51Quis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel.

52Durante toda la vida de Saúl la guerra contra los filisteos fue intensa, por ello cuando Saúl veía un hombre fuerte y valiente lo reclutaba para sí.

Nueva condena de Saúl

151 S1Samuel dijo a Saúl:

—El Señor me ha enviado para ungirte como rey sobre su pueblo, Israel. Ahora, pues, escucha la palabra del Señor. 2Esto dice el Señor de los ejércitos: «Voy a exigir cuentas por todo lo que Amalec ha hecho a Israel al oponerse en su camino cuando subía de Egipto». 3Por tanto, vete y destruye a Amalec, entregando al anatema todo lo que posee. No te compadezcas; haz morir a hombres y mujeres, niños y lactantes, bueyes y ovejas, camellos y asnos.

4Saúl convocó al pueblo y pasó revista en Telaim; eran doscientos mil hombres de a pie, de los cuales diez mil eran de Judá. 5Saúl avanzó hasta la ciudad de Amalec y tendió una emboscada en el valle. 6Y dijo a los quenitas:

—Márchense, aléjense de los amalecitas, no vaya a hacerlos desaparecer con ellos, pues ustedes trataron bien a los hijos de Israel cuando subían de Egipto.

Y los quenitas se apartaron de los amalecitas. 7Derrotó Saúl a los amalecitas desde Javilá y en dirección a Sur, que está en el límite con Egipto. 8Capturó vivo a Agag, rey de Amalec, y pasó a todo el pueblo a filo de espada. 9Pero Saúl y los suyos tuvieron lástima de Agag y de lo mejor del ganado menor y mayor, de las reses cebadas, de los corderos y de todo lo que había de valor. No quisieron entregarlo al anatema; en cambio, entregaron todo lo que era inútil y sin valor. 10Entonces le fue dirigida a Samuel esta palabra del Señor:

11—Me arrepiento de haber constituido a Saúl rey porque se ha apartado de mí y no ha cumplido mis palabras.

Samuel se estremeció y estuvo suplicando al Señor toda la noche. 12Se levantó muy de mañana para ir al encuentro de Saúl, pero le avisaron diciendo:

—Saúl ha ido a Carmel y se ha erigido un monumento; luego, dando un rodeo, ha bajado a Guilgal.

13Cuando Samuel llegó hasta Saúl, éste le dijo:

—Bendito seas ante el Señor. Ya he cumplido la palabra del Señor.

14Pero Samuel respondió:

—¿Qué son esos balidos de oveja y esos mugidos de vacas que llegan a mis oídos?

15Dijo Saúl:

—Los han traído de Amalec. El pueblo tuvo lástima de lo mejor del ganado mayor y menor con intención de ofrecerlos en sacrificio al Señor, tu Dios; el resto lo entregamos al anatema.

16Dijo entonces Samuel a Saúl:

—Déjame comunicarte lo que el Señor me ha dicho esta noche.

Saúl le respondió:

—Habla.

17Y dijo Samuel:

—¿No es cierto que, aun considerándote el más pequeño, tú eres el jefe de las tribus de Israel porque el Señor te ha ungido como rey de Israel? 18El Señor te ha enviado a esta misión diciendo: «Vete y entrega al anatema a los pecadores amalecitas; pelea contra ellos hasta exterminarlos». 19¿Por qué no has escuchado la voz del Señor y te has lanzado sobre el botín haciendo así el mal a los ojos del Señor?

20Saúl respondió a Samuel:

—¡Yo he escuchado la voz del Señor y he cumplido la misión a la que me envió el Señor! He traído a Agag, rey de Amalec, y he entregado al anatema a los amalecitas. 21El pueblo ha tomado del botín ganado mayor y menor, lo mejor del anatema, sólo para ofrecerlo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal.

22Pero Samuel dijo:

— ¿Se complace el Señor en holocaustos y sacrificios

o más bien en quien escucha la voz del Señor?

Obedecer es más que un sacrificio,

la docilidad más que la grasa de carneros.

23Pecado de hechicero es la rebeldía,

crimen de idolatría, la obstinación.

Por haber rechazado la palabra del Señor

Él te rechaza como rey.

24Saúl dijo entonces a Samuel:

—He pecado al desobedecer la orden del Señor y tus palabras. Tuve miedo al pueblo y le hice caso; 25pero ahora, tú, perdona mi pecado, vuelve conmigo y me postraré ante el Señor.

26Samuel le respondió:

—No volveré contigo. Has rechazado la palabra del Señor y Él te rechaza como rey de Israel.

27Samuel se volvió para marcharse, pero Saúl le agarró por el extremo del manto, que se rasgó. 28Sin embargo le dijo Samuel:

—El Señor te ha arrancado hoy el reino de Israel para entregarlo a otro más digno que tú. 29La gloria de Israel no miente ni se arrepiente, porque no es un hombre para arrepentirse.

30Saúl volvió a decir:

—He pecado. Pero ahora, salva mi honra ante los ancianos del pueblo y ante Israel. Vuelve conmigo y me postraré ante el Señor, tu Dios.

31Se volvió Samuel siguiendo a Saúl y éste se postró ante el Señor.

32Después dijo Samuel:

—Tráiganme a Agag, el rey de Amalec.

Se acercó Agag temblando y diciendo para sí: «Quizás ha pasado la amargura de la muerte».

33Pero Samuel le dijo:

—Tu espada ha dejado sin hijos a muchas mujeres; ¡que también tu madre sea contada entre las mujeres sin hijos!

Y degolló Samuel a Agag ante el Señor en Guilgal. 34Luego Samuel marchó hacia Ramá y Saúl subió a su casa en Guibeá de Saúl. 35Samuel no volvió a ver a Saúl hasta el día de su muerte. Sin embargo se lamentaba por él, porque el Señor se había arrepentido de constituirlo rey de Israel.

III. SAÚL Y DAVID

Unción de David

161 S1Dijo el Señor a Samuel:

—¿Hasta cuándo vas a llorar por Saúl, si yo le he rechazado ya como rey de Israel? Llena el cuerno de aceite y ven, que voy a enviarte a Jesé de Belén, porque he elegido entre sus hijos un rey para mí.

2Samuel respondió:

—¿Cómo voy a ir? Se enterará Saúl y me matará.

Le dijo el Señor:

—Llevarás contigo una becerra y dirás: «He venido a ofrecer un sacrificio al Señor». 3Invitarás a Jesé al sacrificio; luego te indicaré lo que tienes que hacer: me ungirás al que yo te diga.

4Samuel hizo lo que le había dicho el Señor y entró en Belén. Los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro temblando y le dijeron:

—¿Es pacífica tu venida?

5Samuel respondió:

—Es pacífica. He venido para ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo para el sacrificio.

Él purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. 6Cuando entraron, Samuel vio a Eliab y se dijo: «Seguramente está ante el Señor su ungido». 7Pero el Señor dijo a Samuel:

—No te fijes en su apariencia, ni en su gran estatura, pues lo he descartado. La mirada de Dios no es como la del hombre. El hombre mira las apariencias pero el Señor mira el corazón.

8Jesé llamó a Abinadab y se lo acercó a Samuel; pero Samuel dijo:

—Tampoco a éste ha elegido el Señor.

9Luego Jesé acercó a Samá, y Samuel dijo:

—Tampoco a éste ha elegido el Señor.

10Fue llevando Jesé a sus siete hijos, pero Samuel dijo lo mismo:

—No ha elegido el Señor a ninguno de éstos.

11Samuel dijo entonces a Jesé:

—¿No te quedan más hijos?

Él respondió:

—Todavía queda el más pequeño, que está apacentando el rebaño.

Samuel dijo a Jesé:

—Manda que lo traigan, pues no nos sentaremos hasta que haya llegado.

12Jesé mandó que lo trajeran. Era rubio, de ojos hermosos y de buena presencia.

El Señor dijo a Samuel:

—Levántate y úngelo. Él es.

13Tomó, pues, Samuel el cuerno de aceite y lo ungió entre sus hermanos. El espíritu del Señor invadió a David desde aquel día. Samuel se levantó y partió hacia Ramá.

David al servicio de Saúl

14El espíritu del Señor se había alejado de Saúl y le perturbaba un mal espíritu enviado por el Señor. 15Sus mismos servidores le dijeron:

—Mira, un mal espíritu enviado por Dios te perturba. 16Da, señor, una orden a tus siervos y que busquen un hombre que sepa tocar la cítara para que, cuando el espíritu te atormente, pueda tocar para aliviarte.

17Saúl dijo a sus siervos:

—Consíganme alguien que toque bien y tráiganmelo.

18Uno de sus servidores le dijo:

—He visto a un hijo de Jesé, el betlemita, que sabe tocar; es valiente, buen guerrero, grato en la conversación y de buena presencia. El Señor está con él.

19Envió Saúl mensajeros a Jesé, diciendo:

—Mándame a tu hijo David, el que está con el rebaño.

20Jesé tomó un asno con pan, un odre de vino y un cabrito, y se lo envió a Saúl junto con su hijo David.

21Llegó David hasta Saúl y entró a su servicio; éste le tomó mucho aprecio y le hizo su escudero. 22Saúl mandó decir a Jesé:

—Que se quede David a mi servicio, porque me resulta grato.

23Y así cuando el mal espíritu asaltaba a Saúl, David tomaba la cítara y tocaba; Saúl se aliviaba y se sentía mejor, y el mal espíritu se alejaba de él.

David y Goliat

171 S1Los filisteos reunieron sus tropas para la batalla, las congregaron en Socó de Judá y acamparon entre Socó y Azecá, en Efes–Damim. 2Por su parte, Saúl y los hombres de Israel se reunieron, acamparon en el valle del Terebinto y formaron en orden de combate frente a los filisteos. 3Los filisteos ocupaban una montaña, los israelitas ocupaban la opuesta, y entre los dos quedaba el valle. 4De las filas filisteas salió un valiente guerrero, llamado Goliat de Gat, cuya estatura era de seis codos y un palmo. 5Llevaba un yelmo de bronce sobre su cabeza y vestía una coraza de escamas que pesaba unos cinco mil siclos de bronce. 6En las piernas llevaba polainas de bronce, y sobre la espalda una jabalina también de bronce. 7El asta de su lanza era como el madero de un tejedor y la punta de la lanza era de seiscientos siclos de hierro. Su escudero iba delante de él. 8Goliat se puso en pie y gritó a las filas de Israel diciendo:

—¿Por qué han salido en orden de combate? ¿Acaso no soy yo filisteo y ustedes siervos de Saúl? Elijan a uno de ustedes y que baje a enfrentarse conmigo. 9Si se atreve a luchar conmigo y me vence, seremos siervos de ustedes; pero si yo consigo vencerle, serán siervos nuestros y nos servirán.

10Y decía el filisteo:

—Yo desafío hoy a todas las huestes de Israel. Elijan a un hombre valiente y lucharemos juntos.

11Al oír las palabras del filisteo, Saúl y todo Israel se angustiaron y se llenaron de miedo.

12David era hijo de un efrateo de Belén de Judá, llamado Jesé, que tenía ocho hijos. En tiempos de Saúl este hombre era ya viejo y entrado en años. 13Los tres hijos mayores habían salido con Saúl a la guerra: se llamaban Eliab, el mayor; Abinadab, el segundo; y Samá, el tercero. 14David era el más pequeño. Los tres mayores estaban con Saúl, 15y David iba y volvía del campamento de Saúl para atender el rebaño de su padre en Belén.

16El filisteo se presentaba mañana y tarde, y así durante cuarenta días.

17Jesé dijo a su hijo David:

—Toma para tus hermanos este efah de trigo tostado y estos diez panes, y llévaselos corriendo al campamento; 18y estos diez quesos llévaselos al jefe de mando. Entérate de cómo están tus hermanos y tráeme una prueba de ello. 19Saúl, ellos mismos y todo Israel están peleando en el valle del Terebinto contra los filisteos.

20Se levantó, pues, David muy de mañana, dejó el cuidado del rebaño al guarda y marchó con toda la carga tal como le había mandado Jesé. Llegó al centro del campamento en el momento en que el ejército salía para la batalla lanzando gritos de guerra. 21Los israelitas y los filisteos se pusieron en orden de combate, ejército frente a ejército. 22David dejó lo que tenía en manos del guarda de impedimenta, corrió al lugar del combate y se interesó por sus hermanos. 23Estaba hablando todavía con ellos, cuando el valiente guerrero, llamado Goliat, filisteo de Gat, salió de las filas de los filisteos. Y comenzó a decir las palabras de siempre y David las oyó. 24Todos los israelitas, al ver a ese hombre, huyeron de su presencia totalmente atemorizados. 25Algún israelita dijo:

—¿Ven a ese hombre que sube? Sube a provocar a Israel. Al que consiga vencerlo, el rey le colmará de riquezas, le dará a su hija por esposa y eximirá a la casa de su padre de tributar a Israel.

26Entonces David dijo a los hombres que estaban con él:

—¿Qué dice que dará al que venza a ese filisteo y borre la afrenta de Israel? ¿Quién es ese filisteo incircunciso que desafía al ejército del Dios vivo?

27El pueblo le repitió las promesas:

—Todo esto le darán al hombre que consiga vencerlo.

28Eliab, su hermano mayor, le oyó hablando con los hombres y se enfadó con David diciéndole:

—¿Por qué has venido? ¿A quién has dejado en el desierto al cuidado del pequeño rebaño? Conozco bien tu arrogancia y la malicia de tu corazón; has venido sólo para ver la batalla.

29David respondió:

—¿Qué he hecho ahora? Sólo he dicho una palabra.

30Y apartándose de allí, se dirigió a otro y le hizo la misma pregunta. Todo el pueblo le decía lo mismo que al principio. 31Al conocerse las cosas que decía David se las comunicaron a Saúl que le mandó llamar.

32Entonces David dijo a Saúl:

—Que nadie se acobarde por este filisteo. Yo, tu siervo, iré y lucharé con él.

33Y Saúl le respondió:

—Tú no puedes ir a luchar con ese filisteo porque eres un muchacho, en cambio él es un guerrero desde su juventud.

34Pero David dijo a Saúl:

—Tu siervo apacentaba el rebaño de su padre y cuando venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño, 35lo perseguía, lo hería y le arrancaba la presa de sus fauces. Si se revolvía contra mí, lo sujetaba por el cuello y lo golpeaba hasta matarlo. 36Tu siervo ha dado muerte a leones y a osos. Ese filisteo incircunciso es como uno de ellos porque se ha atrevido a desafiar al ejército del Dios vivo.

37Y añadió:

—El Señor, que me ha librado de las garras de leones y de osos, me librará también de la mano de ese filisteo.

Entonces Saúl le dijo:

—Vete y que el Señor esté contigo.

38Saúl mandó vestir a David con sus propias vestiduras, puso un casco de bronce sobre su cabeza y le colocó una coraza. 39Después David se ciño la espada de Saúl sobre su armadura e intentó caminar, pero no podía porque no estaba acostumbrado. Dijo entonces David a Saúl:

—No puedo caminar así porque nunca lo he hecho.

Y se quitó todo. 40Tomó el cayado en la mano, escogió en el torrente cinco cantos lisos, los puso en el zurrón que usaba también como saco de piedras y, con la honda en la mano, se aproximó al filisteo. 41El filisteo avanzaba y se acercaba a David precedido de su escudero. 42Cuando el filisteo miró y vio a David, lo despreció; era sólo un muchacho rubio y de buena presencia.

43El filisteo dijo a David:

—¿Soy yo un perro para que te acerques a mí con un cayado?

Y maldijo a David por sus dioses falsos. 44Luego dijo a David:

—Ven hasta mí, que voy a entregar tus carnes a las aves del cielo y a las fieras del campo.

45David contestó al filisteo:

—Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina. Yo, en cambio, voy a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, del Dios de las huestes de Israel a las que has escarnecido. 46Hoy el Señor te va a entregar en mis manos, te venceré y te arrancaré la cabeza; hoy mismo les daré tu cadáver y los cadáveres de los campamentos filisteos a las aves del cielo y a las fieras de la tierra para que todo el mundo sepa que hay un Dios en Israel. 47Y toda esta asamblea conocerá que el Señor obtiene la salvación no con espada y lanza: que del Señor es esta guerra y Él los entregará en nuestras manos.

48Cuando se levantó el filisteo y fue acercándose a David, éste se apresuró y fue corriendo a la pelea contra el filisteo; 49echó mano al zurrón, sacó una piedra, la lanzó con la honda e hirió al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente y se desplomó de bruces. 50Así venció David al filisteo con la honda y la piedra. Lo hirió y lo mató. Y como no tenía espada en su mano, 51fue corriendo, se quedó en pie sobre el filisteo, agarró su misma espada, la desenvainó, lo mató y le cortó la cabeza. Los filisteos, al ver que había muerto su soldado más valiente, se dieron a la fuga. 52Los hombres de Israel y de Judá, en cambio, se levantaron gritando y persiguieron a los filisteos hasta llegar a Gat y hasta las puertas de Acarón. 53Los hijos de Israel volvieron después de haber derrotado a los filisteos y saquearon sus campamentos. 54David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén. Pero sus armas las colocó en su tienda. 55Al ver Saúl a David saliendo contra el filisteo, preguntó a Abner, su lugarteniente:

—¿A qué tribu pertenece este joven, Abner?

Él le respondió:

—Por tu vida, mi rey, que no lo conozco.

56El rey insistió:

—Pregunta de quién es hijo este muchacho.

57Y cuando regresó David de haber vencido al filisteo, lo llamó Abner y lo presentó ante Saúl con la cabeza del filisteo en la mano. 58Saúl le preguntó:

—¿De qué familia eres, muchacho?

David respondió:

—Soy hijo de tu siervo Jesé, de Belén.

181 S1Cuando David terminó de hablar con Saúl, Jonatán se sintió unido a David y le tomó tanto afecto como a sí mismo. 2Aquel día lo retuvo Saúl y no le permitió volver a casa de su padre. 3Establecieron, entonces, un pacto Jonatán y David, pues Jonatán le tenía tanto afecto como a sí mismo. 4Jonatán se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, así como las demás vestiduras, incluso la espada, el arco y el cinturón. 5David salía con éxito de todas las expediciones que Saúl le encomendaba. Le puso al frente de los hombres de guerra y alcanzó el favor a los ojos de todo el pueblo y también a los ojos de los servidores de Saúl.

Envidia de Saúl

6Sucedió que a su regreso, cuando volvía David de vencer al filisteo, las mujeres salían de todas las ciudades de Israel cantando y danzando ante el rey Saúl, al son de alegres panderos y tímpanos. 7Las mujeres cantaban gozosas a coro:

«Saúl ha matado a mil

y David a diez mil».

8Se irritó mucho Saúl y le desagradó esta copla, pues decía:

—Le atribuyen a David diez mil y a mí sólo mil; no les falta más que hacerlo rey.

9Desde aquel día Saúl no miraba a David con buenos ojos. 10Al día siguiente le invadió de nuevo a Saúl aquel mal espíritu que provenía de Dios y comenzó a delirar por la casa. David estaba tocando como otras veces, cuando Saúl, que tenía la lanza en la mano, 11la arrojó con intención de clavar a David contra la pared, pero David la esquivó por dos veces. 12Saúl temía a David porque el Señor estaba con David, y se apartaba de él. 13Así que Saúl lo alejó de su presencia nombrándole jefe de mil. David iba y venía al frente de las tropas 14y tenía éxito en todo lo que emprendía porque el Señor estaba con él. 15Al ver Saúl que David tenía mucho éxito en todo, comenzó a temerle. 16Todo Israel y Judá querían a David porque iba y venía al frente de ellos.

David, yerno de Saúl

17Saúl dijo a David:

—Te daré por esposa a mi hija mayor, Merab, pero tienes que ser valiente y pelear en las batallas del Señor.

Saúl se decía para sí: «Que no tenga que caer mi mano sobre él, sino que sea la mano de los filisteos».

18Le respondió David:

—¿Quién soy yo, y quién es mi familia en Israel, para llegar a ser yerno del rey?

19Pero cuando llegó el momento en que Saúl debía entregar su hija Merab a David, se la entregó como esposa a Adriel de Mejolá. 20En cambio, Mical, la segunda hija de Saúl, se enamoró de David; se lo comunicaron a Saúl y le agradó. 21Pues pensó para sí: «Se la daré como cebo, a ver si cae sobre él la mano de los filisteos». Entonces Saúl dijo a David por segunda vez:

—Ahora podrás ser mi yerno.

22Y ordenó Saúl a sus servidores:

—Hablen en secreto a David y díganle: «El rey te aprecia y también te aprecian sus servidores; acepta ser yerno del rey».

23Los servidores de Saúl le comunicaron a David en privado todas estas cosas y David respondió:

—¿Les parece sencillo llegar a ser yerno del rey? Yo sólo soy un hombre pobre y humilde.

24Los servidores le comunicaron a Saúl:

—David ha dicho estas palabras.

25Y dijo Saúl:

—Díganle de nuevo a David que el rey no quiere dote, sino cien prepucios de filisteos para vengarse de los enemigos del rey.

Saúl pensó así entregar a David en manos de los filisteos.

26Cuando los servidores del rey comunicaron estas palabras, le parecieron razonables a David para llegar a ser yerno del rey. 27Todavía no se había cumplido el plazo cuando David se levantó, salió con los suyos y mató a doscientos filisteos. Llevó consigo los prepucios y se lo comunicaron al rey para que lo hiciera su yerno. Entonces Saúl le dio por esposa a su hija Mical.

28Saúl comprendió que el Señor estaba con David y que Mical, la hija de Saúl, le amaba. 29Saúl tuvo todavía más temor a David y fue su gran enemigo día tras día. 30Los príncipes de los filisteos salían en son de guerra y siempre que salía David obtenía más éxito que los servidores de Saúl. Así su nombre se hizo célebre.

Fuga de David

191 S1Saúl habló a Jonatán, su hijo, y a todos sus servidores sobre la intención de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, tenía mucho afecto a David 2y le previno:

—Saúl, mi padre, te busca para matarte; por tanto, mañana ten cuidado. Retírate y escóndete. 3Yo saldré y permaneceré junto a mi padre en la zona en que tú estás. Le hablaré de ti y todo lo que vea te lo comunicaré.

4Contó, pues, Jonatán muchas cosas buenas de David a su padre Saúl, diciéndole:

—No haga daño el rey a su siervo David, que él nada malo ha hecho; al contrario, sus obras te han sido favorables. 5Ha puesto su vida en peligro, ha matado al filisteo y el Señor ha concedido una gran victoria a todo Israel. Tú mismo te alegraste al verlo, ¿por qué ahora vas a hacerte reo de sangre inocente, matando a David que no tiene la culpa?

6Saúl atendió las palabras de Jonatán y juró:

—¡Por vida del Señor, no morirá!

7Llamó enseguida Jonatán a David y le comunicó todas estas palabras; luego lo llevó ante Saúl y David siguió a su servicio como antes.

8Se reanudó otra vez la guerra y David salió a luchar contra los filisteos. Les causó una gran derrota y huyeron ante él. 9Pero el mal espíritu, que venía del Señor, se apoderó otra vez de Saúl que estaba sentado en su casa con la lanza en la mano mientras David tocaba. 10Saúl intentó clavar a David en la pared con su lanza, pero David la esquivó, la lanza se clavó en la pared, y él salió huyendo y se puso a salvo aquella noche.

Mical ayuda a David

11Saúl envió a unos hombres a casa de David para vigilarlo y matarlo a la mañana siguiente. Mical, su mujer, se lo advirtió:

—Si no te pones a salvo esta noche, mañana morirás.

12Mical pudo bajar a David por la ventana y así él salió huyendo y se puso a salvo. 13Luego Mical tomó uno de los terafim, lo puso sobre la cama, puso una piel de cabra a la cabecera y cubrió todo con ropas. 14Cuando envió Saúl a los mensajeros para apoderarse de David, Mical les dijo:

—Está enfermo.

15Saúl envió de nuevo hombres para buscar a David, diciéndoles:

—Tráiganmelo en la cama, que lo mataremos.

16Llegaron los enviados y encontraron uno de los terafim sobre la cama y la piel de cabra a la cabecera.

17Dijo entonces Saúl a Mical:

—¿Por qué me has engañado así y has dejado irse a mi enemigo?

Mical le respondió:

—Él me dijo: «Déjame marchar; si no, te mataré».

David es protegido por el Señor

18David, pues, huyó y se puso a salvo. Llegó a Ramá, donde estaba Samuel, y le contó todo lo que Saúl le había hecho. Después Samuel y él se fueron a habitar en Nayot. 19Pero algunos le comunicaron a Saúl:

—David está en Nayot, en Ramá.

20Saúl envió a unos hombres para apoderarse de David, pero cuando vieron a la comunidad de profetas en trance y entre ellos a Samuel, el espíritu de Dios invadió a los emisarios y también ellos comenzaron a profetizar. 21Se lo comunicaron a Saúl, y éste envió a otros que también comenzaron a profetizar. Volvió a enviar emisarios por tercera vez y también éstos se pusieron a profetizar. 22Entonces él mismo se fue a Ramá y al llegar a la cisterna mayor que hay en Secú preguntó:

—¿Dónde están Samuel y David?

Le dijeron:

—Están en Nayot, en Ramá.

23Se dirigió a Nayot, en Ramá, pero también a él le invadió el espíritu de Dios y fue profetizando hasta llegar a Nayot en Ramá. 24Allí se despojó de sus vestiduras y estuvo profetizando en presencia de Samuel; luego cayó a tierra desnudo y pasó así todo aquel día y toda la noche. Por eso se dice: «¿También Saúl anda entre los profetas?».

David y Jonatán

201 S1David huyó de Nayot, en Ramá, y fue a decir a Jonatán:

—¿Qué he hecho? ¿Cuál es mi delito o qué pecado he cometido contra tu padre para que intente matarme?

2Jonatán le dijo:

—De ninguna manera. No morirás. Mi padre no hace nada, ni grande ni pequeño, sin comunicármelo. ¿Por qué habría de ocultarme esto? No puede ser.

3Pero de nuevo afirmó David:

—Tu padre sabe bien que soy grato a tus ojos y se habrá dicho: «Que no se entere de esto Jonatán para que no se entristezca». Te aseguro, por Dios y por tu vida, que entre la muerte y yo sólo hay un paso.

4Entonces Jonatán dijo a David:

—Dime qué puedo hacer por ti.

5Y respondió David:

—Mañana es la fiesta del novilunio y yo debo sentarme junto al rey para comer. Deja que me oculte en el campo hasta la tarde de pasado mañana. 6Si tu padre me busca con preocupación, dirás: «David me ha pedido hacer una visita rápida a Belén, su ciudad, porque celebran el sacrificio anual con toda su familia». 7Si dice: «Está bien», estaré a salvo; pero si se enfurece, ten la seguridad de que ha decidido lo peor para mí. 8Muestra tu lealtad con este siervo tuyo, puesto que quisiste que yo, tu siervo, estableciera contigo el pacto del Señor. Y si alguna culpa hay en mí, mátame tú mismo; ¿para qué llevarme a tu padre?

9Jonatán respondió:

—De ninguna manera. Si me entero de que mi padre está pensando algo contra ti, ¿no voy a comunicártelo?

10Respondió David:

—¿Quién me avisará en caso de que tu padre te responda con aspereza?

11Jonatán dijo entonces a David:

—Ven, salgamos al campo.

Y salieron ambos al campo. 12Allí dijo Jonatán:

—Que el Señor, Dios de Israel, sea testigo. Mañana o pasado mañana a estas horas habré sondeado a mi padre. Si todo va bien para David y no envío a alguien a comunicártelo enseguida, 13que el Señor le haga esto y aquello le añada a Jonatán. Y si mi padre ha planeado algo malo contra ti, te lo comunicaré en secreto para que puedas marcharte en paz. ¡Que el Señor esté contigo como estuvo con mi padre! 14Si para entonces sigo vivo, muestra conmigo la benevolencia del Señor; y si hubiera muerto, 15no apartes jamás tu benevolencia de mi casa cuando el Señor haya arrancado a los enemigos de David de la faz de la tierra.

16Hizo un pacto Jonatán con la casa de David, diciendo:

—Que el Señor tome cuentas a todos los enemigos de David.

17De nuevo Jonatán prestó juramento a David por el amor que le profesaba, pues le tenía tanto afecto como a sí mismo. 18Le dijo Jonatán:

—Mañana es la fiesta del novilunio y se te echará de menos porque tu asiento estará vacío. 19Pasado mañana se notará más tu ausencia, pero tú has de bajar al lugar donde te escondiste el día del suceso aquel y te sentarás junto a aquella piedra. 20Yo lanzaré tres flechas hacia allí, como para tirar al blanco, 21y ordenaré también a mi criado: «Vete y tráeme las flechas». Si le digo: «Las flechas están más acá, recógelas», puedes acercarte, porque te va bien y no hay nada en contra, ¡vive el Señor! 22Pero si le digo: «Las flechas están más allá», vete, que el Señor te obliga a huir. 23En cuanto a la promesa que nos hemos dado tú y yo, que el Señor esté entre los dos para siempre.

24Así que cuando llegó la fiesta de la luna nueva y el rey se sentó a la mesa para comer, David se escondió en el campo. 25El rey estaba sentado, como de costumbre, en su puesto junto a la pared. Frente a él se sentó Jonatán y al lado del rey, Abner. El asiento de David estaba vacío. 26Saúl no dijo nada aquel día, pues pensó: «Algo le habrá ocurrido o estará impuro por no haberse purificado». 27Al día siguiente de la luna nueva, estaba también vacío el asiento de David. Entonces dijo Saúl a su hijo Jonatán:

—¿Por qué no ha venido a comer ni ayer ni hoy el hijo de Jesé?

28Respondió Jonatán:

—David me pidió con insistencia ir a Belén. 29«Déjame ir —me dijo—, porque celebramos un sacrificio familiar en la ciudad y mi hermano me ha invitado. Si te parece bien, haré una salida rápida para visitar a mis hermanos». Por esta razón, no ha venido a la mesa del rey.

30Se enfureció Saúl contra Jonatán y le dijo:

—Hijo de mala madre. ¿No sé yo que prefieres al hijo de Jesé, para vergüenza tuya y de tu madre? 31Pues bien, mientras siga vivo sobre la tierra el hijo de Jesé, no estarás seguro ni tú ni tu trono. De modo que házmelo traer aquí porque es reo de muerte.

32Respondió Jonatán a Saúl, su padre:

—¿Por qué ha de morir? ¿Qué ha hecho?

33Saúl entonces blandió la lanza contra él para herirlo, y comprendió Jonatán que por parte de su padre estaba decidida la muerte de David. Así pues, 34Jonatán se levantó de la mesa, enfurecido, y no probó bocado el segundo día de la luna nueva pues estaba triste por David, porque su padre le había injuriado. 35A la mañana siguiente Jonatán salió temprano al campo según lo acordado con David; le acompañaba un joven criado. 36Le dijo a su criado:

—Corre y tráeme las flechas, que voy a tirar.

Cuando el criado echó a correr, él lanzó la flecha más allá del muchacho. 37Llegó, pues, al lugar donde Jonatán había lanzado la flecha y éste le gritó:

—La flecha está más allá.

38Y volvió a gritarle al muchacho:

—Date prisa, no te detengas.

Tomó el criado de Jonatán la flecha y la entregó a su señor. 39El muchacho no se enteró de nada, sólo Jonatán y David conocían el asunto. 40Luego Jonatán entregó sus armas al criado y le dijo:

—Vete, llévalas a la ciudad.

41Cuando se marchó el muchacho, David se levantó de entre las piedras y cayendo en tierra se postró tres veces. Se abrazaron los dos y lloraron juntos, pero David mucho más. 42Dijo luego Jonatán a David:

—Vete en paz. Los dos hemos jurado en el nombre del Señor con estas palabras: «Que el Señor esté entre nosotros dos; entre tu descendencia y la mía para siempre».

211 S1Se levantó David y se marchó, y Jonatán regresó a la ciudad.

David en Nob y Gat

2Llegó David a Nob, al sacerdote Ajimélec. Asustado Ajimélec porque David venía solo, salió a su encuentro y le dijo:

—¿Por qué vienes solo y no hay nadie contigo?

3David dijo al sacerdote Ajimélec:

—El rey me ha encargado un asunto y me ha dicho: «Que nadie se entere de lo que te mando y de lo que te ordeno». A mis hombres los he citado en un lugar concreto. 4Y ahora, si tienes a mano cinco panes, o lo que encuentres, dámelos.

5El sacerdote respondió a David:

—No tengo a mano pan ordinario. Solamente pan consagrado; podrán tomarlo con tal de que tus hombres se hayan abstenido de trato con mujeres.

6Le dijo David al sacerdote:

—Por supuesto; si se trata de mujeres, nos están vedadas como siempre que salimos a campaña. Si los cuerpos de mis hombres se mantienen puros hasta en expediciones profanas, ¡cuánto más hoy estarán sus cuerpos puros!

7Entonces el sacerdote le dio pan sagrado porque no había allí sino los panes de la proposición que habían sido retirados de delante del Señor para reemplazarlos por otros recientes.

8Precisamente aquel día se encontraba allí, retenido en el templo del Señor, uno de los servidores de Saúl que se llamaba Doeg, edomita, poderoso entre los pastores de Saúl. 9David dijo a Ajimélec:

—¿Tienes aquí a mano una lanza o una espada? No he podido traer conmigo mi espada ni mis armas, porque el asunto del rey era urgente.

10Respondió el sacerdote:

—Aquí está la espada de Goliat, el filisteo, al que tú mataste en el valle del Terebinto; está envuelta en un paño detrás del efod. Si la quieres, llévatela, pues aquí no hay otra.

Y dijo David:

—No hay otra mejor. Dámela.

11Se levantó David y huyó aquel día de la presencia de Saúl y llegó donde estaba Aquis, rey de Gat. 12Los servidores de Aquis dijeron:

—¿No es éste David, el rey del país? ¿No es a éste a quien cantaban a coro: «Saúl ha matado a mil y David a diez mil»?

13David meditó estas palabras en su corazón, pero tuvo mucho miedo a Aquis, rey de Gat. 14Entonces simuló ante ellos haber perdido el juicio, haciendo gestos con sus manos, dando golpes en las jambas de las puertas y dejándose caer saliva por la barba.

15Aquis dijo a sus servidores:

—Miren, ese hombre está loco. ¿Para qué me lo han traído? 16¿Acaso me faltan locos, para que me traigan a éste a hacer necedades ante mí? ¿Va a entrar éste en mi casa?