COMENTARIO

 1 S 17,32-37 

En el diálogo entre Saúl y David sobre el reto de Goliat se contrapone el desánimo del primero y la audacia generosa de David. No es locura juvenil, sino entrega decidida para acometer una empresa difícil, confiado en la protección del Señor tantas veces experimentada en su oficio de pastor (vv. 34-37). Los Santos Padres aplican la experiencia de David a Jesucristo: «David, esto es, Cristo, estranguló al león y al oso cuando, descendiendo a los infiernos, liberó a todos de sus fauces (…). Y puesto que el oso tiene la fuerza en sus garras y el león en su boca, estas dos fieras prefiguran al diablo. Por tanto, todo esto se ha dicho de Cristo, que habría de arrancar a su única Iglesia de las fauces, es decir, del poder del diablo» (S. Cesáreo de Arlés, Sermones 121,4).

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