COMENTARIO

 1 S 18,1-5 

Entre las muestras de afecto que el rey y los cortesanos prestaron a David, destaca la actitud de Jonatán, príncipe heredero, que llegó a amarlo como a sí mismo (vv. 1.3). La amistad que aquí se inicia y que se expresa con términos tan intensos («se sintió unido», como lo estaba Jacob con Benjamín, cfr Gn 44,30-31), culmina en un pacto (v. 3) que en momentos difíciles se invocará como «pacto del Señor», es decir, pacto sagrado (cfr 20,8). La sincera amistad entre David y Jonatán, además de reflejar la magnanimidad de ambos, es fundamental para dejar claro que David nunca quiso arrebatarle el trono, sino que accedió a él por designio divino, sin violentar los acontecimientos.

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