COMENTARIO
Saúl trama varias estratagemas para quitar de en medio a David. De nuevo la mezquindad de Saúl contrasta con los valores del joven aspirante: la promesa de darle la hija mayor, que por otra parte ya debería haberle entregado (17,25; v. 17), rezuma hipocresía y mala intención, pues Saúl sólo busca que los filisteos acaben con David (v. 25). De hecho no la cumple. La siguiente promesa de entregar a Mical, la hija menor, es igualmente falaz, pero en este caso se pone más de relieve el amor entre Mical y David (v. 28) frente al desapego de Saúl por su hija.
El desenlace resalta la actitud contradictoria del rey: Saúl reconoce, una vez más, que «el Señor está con David» (v. 28) puesto que tiene éxito en todo lo que emprende y, sin embargo, le declara abiertamente su enemistad (v. 29). Saúl es paradigma del pecador que, ante la evidencia de la protección divina, se obstina en su delito.