COMENTARIO
La despedida vuelve a repetir el pacto entre David y Jonatán con una fórmula carente de juramentos. Sólo Dios es garante de los compromisos adquiridos que alcanzarán a la descendencia de ambos. Aquí, como más tarde en el desierto de Zif (cfr 23,15-18), Jonatán es quien habla, mostrando que su dignidad de heredero es superior a la de David.