COMENTARIO
La muerte de los sacerdotes de Nob es uno de los episodios más negativos de la vida de Saúl pues deja al descubierto sus defectos más graves: recelo ante sus más allegados (v. 8) y odio contra David a quien denomina despectivamente «el hijo de Jesé» (vv. 7.13); condena a Ajimélec sin apenas escucharle (v. 16) y decide matar a todos los sacerdotes de Nob (v. 17). Es una orden tan absurda que sus servidores se niegan a cumplirla, y tiene que ser un forastero, un edomita, quien dé muerte a los sacerdotes.
También tras este desgraciado episodio se deja ver la mano del Señor, pues permitió que Abiatar huyera a las filas de David (v. 20), seguramente con los utensilios sacerdotales, o al menos con el efod para consultar al Señor (cfr 23,6). De esta forma David, que tenía ya un ejército propio, incorpora a su gobierno otra institución imprescindible en los reinos de entonces, la del sacerdocio.