COMENTARIO

 1 S 25,1-44 

El encuentro y posterior matrimonio entre David y Abigaíl es uno de los más bellos relatos del libro de Samuel. David muestra sus mejores cualidades de honradez porque nunca se apoderó de lo ajeno, aunque en sus circunstancias de guerrero en el desierto habría sido comprensible (vv. 7.15); de prudencia al atender a una mujer y moderar su afán de venganza (vv. 33-34); de sencillez y lealtad al tomar por esposa a Abigaíl después de que su marido había fallecido (vv. 39-42). Abigaíl, por su parte, es presentada con las dotes femeninas más valoradas: es prudente y hermosa (v. 3), previsora al preparar los regalos que ablandarán a David (v. 18), y capaz de pronunciar un discurso lleno de recursos oratorios para conseguir su propósito (vv. 24-31). En contraste, Nabal, como indica la etimología popular de su nombre (v. 25; nabal significa «insensato, sinvergüenza»), es grosero (v. 3), borracho (v. 36) y de corazón insensible; su muerte refleja la condición endurecida de su personalidad así como su maldad (vv. 37-39).

La consecuencia de este episodio es que David, que ya había instituido el ejército y el sacerdocio, debe iniciar la formación de su familia, de la corte real. Saúl le había arrebatado a su primera esposa, Mical (v. 44). Ahora David, que se había casado con Ajinóam, de la que apenas habla el texto, toma por esposa a Abigaíl, una gran mujer de la que estaba prendado y que le aportará riquezas y beneficios políticos entre los calebitas. El Señor, por tanto, seguía protegiendo a David y confirmando su elección.

Volver a 1 S 25,1-44