COMENTARIO
La muerte de Samuel es reseñada con tres pinceladas escuetas —muerte, duelo y entierro—, que se repiten más adelante (28,3). Frente a las solemnes ceremonias funerarias de Egipto (cfr Gn 50,1-11), en Israel la muerte de los grandes personajes como Aarón (Nm 20,29) o Moisés (Dt 34,5-8) o la de los reyes, se considera normal y se narra con toda sencillez. En la historia de la salvación que la Biblia recoge, las personas son instrumentos imprescindibles, pero el protagonista que orienta los hechos y permanece siempre es el Señor «que, como Padre omnipotente y sabio está presente y actúa en el mundo, en la historia de cada una de sus criaturas, para que cada criatura, y específicamente el hombre, su imagen, pueda realizar su vida como un camino guiado por la verdad y el amor hacia la meta de la vida eterna en Él» (S. Juan Pablo II, Alocución 30.IV.86).