COMENTARIO

 1 S 27,1-12 

El éxito de David entre los filisteos cierra la sección que había comenzado en el capítulo 21 y justifica su vuelta al país sólo después de la muerte de Saúl. David no pretendió nunca derrocar a su predecesor; más aún, como otros grandes personajes bíblicos, tiene que refugiarse entre sus propios enemigos: así lo hizo Abrahán huyendo a Egipto (Gn 12,10), y más tarde todos los descendientes de Jacob (Gn 46); así lo hizo Moisés escondiéndose entre los madianitas para más tarde volver a liberar a su pueblo (Ex 2,15; 3,7ss.). David, del mismo modo, se ve obligado a refugiarse entre los filisteos para escapar de Saúl (v. 1). Pero muestra su sagacidad y astucia militar pues no acude como individuo particular, sino como jefe de un pequeño ejército. Ya en el relato del cap. 21 había engañado a Aquis y a los suyos haciéndose pasar por loco; ahora les vuelve a engañar haciéndoles creer que sale a pelear contra Judá, cuando en realidad está destrozando a los aliados de los filisteos (vv. 7-12). El relato es irónico y realza la personalidad de David que sale airoso de todas las peripecias: Dios sigue protegiéndole. De hecho consigue ridiculizar a los filisteos, hacer estragos entre las tribus enemigas de Judá, guesuritas, guezeritas y amalecitas (v. 8), y atraerse a los que más tarde serán sus súbditos (cfr 30,26-31).

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