COMENTARIO

 1 S 28,8-14 

El rito de la evocación del espectro queda interrumpido cuando Samuel se hace presente antes de que la mujer nigromante diga o haga algo (v. 12). De esta forma se deja patente que aquellas ceremonias evocadoras de espíritus no son eficaces, sino que es Samuel quien toma la iniciativa y se presenta como espíritu sobrenatural («espíritu de Elohim», según el texto hebreo, v. 13), para hablar no como un particular, sino en nombre de Dios (vv. 16-19). Con este recurso literario, la nigromancia pasa a segundo plano y resplandece la manifestación de lo que el Señor ha decidido sobre Saúl.

La nigromancia estaba prohibida en Israel (cfr Dt 18,10-12), pues implica querer arrogarse un conocimiento que sólo corresponde a Dios. La Iglesia denuncia también toda práctica adivinatoria que pueda poner en duda la providencia amorosa de Dios sobre cada persona: «Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cfr Dt 18,10; Jr 29,8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2116).

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