COMENTARIO
La muerte de Saúl es narrada sin enjuiciarla, pero en un contexto de tristeza y de abatimiento que prepara el camino para la llegada de David, el rey liberador. La primera escena, la derrota de los israelitas (v. 1), es premonitora de lo que va a ocurrir. La segunda escena (vv. 2-7) es la muerte de Saúl precedida por la de sus hijos; es una muerte en soledad pues ni siquiera es consecuencia de la pelea. La siguiente escena (vv. 8-10) describe la suerte de los despojos de Saúl y de sus hijos que vienen a ser para los filisteos los trofeos más preciados de victoria, como en otro tiempo había sido el Arca (caps. 5-6). Incluso su cabeza es llevada al templo de Astarté. La última escena (vv. 11-13) refleja la piedad de los galaaditas (cfr 11,1-11) que recogieron los restos, los enterraron e hicieron el duelo correspondiente.
El primer libro de Samuel termina con la mención sobria de las honras fúnebres de Saúl, aunque falta el gesto de duelo más importante, el de David; pero esto quedará reseñado en el libro siguiente (2 S 1,1-27). El final de Saúl es también el fin de una monarquía balbuciente, que sirve de prólogo y preparación a la nueva etapa de la monarquía que ha de protagonizar David.