COMENTARIO

 2 S 1,1-8,18 

El segundo libro de Samuel contiene la actividad de David antes de subir al trono y durante su reinado. En la primera parte se narran las vicisitudes hasta consolidarse como rey en la Ciudad Santa de Jerusalén (caps. 1-8), y en la segunda, las intrigas de sus hijos en la sucesión al trono (caps. 9-24). El capítulo primero sirve de eslabón entre el ciclo de Saúl, cuya muerte se relata de nuevo, y el ciclo de David. A partir del capítulo segundo el protagonista fundamental es David y sus múltiples dificultades hasta ser aceptado por todos: primero es elegido solamente rey de Judá en Hebrón (2,1-4); en segundo lugar tendrá que desbaratar con sabiduría y astucia las tentativas de los descendientes de Saúl que todavía aspiraban al trono (2,5-4,12); y por último será reconocido rey de todo Israel, también en Hebrón (5,1-5). Una vez alcanzada la aceptación general, habrá de consolidar su trono en Jerusalén (5,6-8,18).

Como en el primer libro, también aquí lo importante es la interpretación religiosa de los hechos: el rey David es instrumento en manos de Dios que es quien en el fondo gobierna a su pueblo librándole de todos sus enemigos. En este sentido ocupa un lugar destacado en la historia de la salvación y es figura de Jesucristo, puesto que con él se inicia la tradición del mesianismo real (cfr 7,1-17).

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