Noticia de la muerte de Saúl

12 S1Después de la muerte de Saúl, David, que había regresado de su victoria sobre los amalecitas, se había instalado en Siquelag desde hacía dos días. 2Al tercer día llegó del campamento de Saúl un hombre con las vestiduras rasgadas y polvo sobre la cabeza. Cuando estuvo junto a David, se postró ante él rostro en tierra 3y David le preguntó:

—¿De dónde vienes?

Él respondió:

—Vengo huyendo del campamento de Israel.

4David le dijo:

—¿Qué es lo que ha pasado? Cuéntamelo.

Él contestó:

—La gente ha huido de la batalla, y muchos han caído y han muerto; también han muerto Saúl y su hijo Jonatán.

5Dijo entonces David al joven que había traído la noticia:

—¿Cómo sabes que han muerto Saúl y su hijo Jonatán?

6El joven que traía la noticia dijo:

—Llegué por casualidad al monte Guilboá cuando Saúl estaba apoyado sobre su lanza y los carros y jinetes se le acercaban. 7Entonces se volvió y al verme me llamó. Yo le contesté: «Aquí estoy». 8Y me dijo: «Tú, ¿quién eres?». «Soy amalecita» —le contesté—. 9Entonces me dijo: «Ven hacia mí y remátame, porque me invade la angustia pero aún sigo vivo». 10Me fui hacia él y lo rematé porque comprendí que no viviría después de la derrota. Tomé luego la diadema de su cabeza y el brazalete de su brazo y aquí los he traído a mi señor.

11Tomó David sus vestiduras y las rasgó, y lo mismo hicieron los que estaban con él. 12Luego hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta la tarde por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, pues habían caído a espada. 13David dijo al joven que trajo la noticia:

—¿De dónde eres tú?

Le contestó:

—Soy hijo de un forastero amalecita.

14Le dijo David:

—¿Y cómo no te importó alzar la mano y matar al ungido del Señor?

15Llamó David a uno de sus asistentes y le dijo:

Acércate y mátalo.

Éste lo hirió y murió.

16Y le dijo David:

—Caiga tu sangre sobre tu cabeza. Tus propias palabras te han condenado al decir: «Yo he matado al ungido del Señor».

Elegía sobre Saúl y Jonatán

17David entonó esta elegía sobre Saúl y sobre su hijo Jonatán; 18y ordenó que se enseñara a los hijos de Judá. Es el Canto del Arco, tal como está escrito en el Libro del Justo:

19«¡La gala de Israel yace herida en tus colinas!

¡Cómo han caído los valientes!

20No lo cuenten en Gat.

No lo den a conocer por las calles de Ascalón;

que no se alegren las hijas de los filisteos

ni se alborocen las hijas de los incircuncisos.

21¡Montes de Guilboá, ni rocío ni lluvia caiga

sobre ustedes,

ni sean campos de primicias!

Que allí ha sido mancillado el escudo de los valientes:

el escudo de Saúl no untado con aceite,

22sino con sangre de vencidos y grasa de guerreros;

el arco de Jonatán, que nunca retrocedió,

la espada de Saúl, que jamás retornó en vano.

23Saúl y Jonatán, siempre amados, siempre queridos,

ni en vida ni en muerte se han separado.

¡Más rápidos que águilas,

más fuertes que leones!

24Hijas de Israel, lloren a Saúl,

que las vestía de púrpura y de lujo,

y las adornaba con oro los vestidos.

25¡Cómo han caído los fuertes en la pelea!

¡Jonatán, muerto sobre tus collados!

26Siento angustia por ti, Jonatán,

hermano mío, tan grato para mí.

Era tu amor para mí más preciado

que el amor de las mujeres.

27¡Cómo han caído los valientes,

cómo han perecido los guerreros!».

IV. DAVID, REY

Unción de David en Hebrón como rey de Judá

22 S1Después de esto David consultó al Señor:

—¿Debo subir a alguna ciudad de Judá?

El Señor le respondió:

—Sube.

David insistió:

—¿A cuál?

Y respondió el Señor:

—A Hebrón.

2Subió David con sus dos mujeres, Ajinóam de Yizreel y Abigaíl, la mujer de Nabal, el de Carmel. 3Hizo subir también a los hombres que estaban con él, cada uno con su familia, y se establecieron en los términos de Hebrón. 4Los hombres de Judá fueron y ungieron allí a David como rey de Judá. Luego le comunicaron que los de Yabés de Galaad habían sepultado a Saúl.

5Entonces David envió mensajeros a los hombres de Yabés de Galaad diciéndoles:

—Que el Señor los bendiga por haber hecho esta obra de piedad con Saúl, su señor, al darle sepultura. 6Que el Señor los trate con misericordia y lealtad. Yo también me mostraré bondadoso con ustedes por todos estos hechos. 7Ahora sean fuertes y tengan ánimo. Ha muerto Saúl, su señor, pero la casa de Judá me ha ungido a mí como rey suyo.

Isbaal nombrado rey de Israel

8Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Saúl, tomó a Isbaal y lo llevó a Majanaim; 9lo proclamó rey de Galaad, de Aser, de Yizreel, de Efraím, de Benjamín y de todo Israel. 10Cuarenta años tenía Isbaal, hijo de Saúl, cuando comenzó a reinar sobre Israel y reinó durante dos años. En ese tiempo sólo la casa de Judá seguía a David. 11David permaneció en Hebrón siete años y seis meses reinando sobre la casa de Judá.

Abner frente a Joab. Batalla de Gabaón

12Abner, hijo de Ner, y los servidores de Isbaal, hijo de Saúl, salieron de Majanaim hacia Gabaón. 13Por su parte, también Joab, hijo de Seruyá, y los súbditos de David salieron y se encontraron todos junto a la alberca de Gabaón. Se situaron unos a un lado de la alberca y otros al lado opuesto, 14y dijo entonces Abner a Joab:

—Que salgan unos jóvenes y peleen ante nosotros.

Joab contestó:

—Que salgan.

15Se levantaron, pues, y se adelantaron dos grupos iguales: doce benjaminitas, por parte de Isbaal, hijo de Saúl, y doce por parte de David. 16Cada uno agarró a su oponente por la cabeza y le clavó la espada en el costado, de modo que cayeron todos a la vez. Por eso se llamó aquel lugar Campo de los Costados, que está muy próximo a Gabaón. 17Aquel día se entabló una dura batalla. Abner y los hombres de Israel fueron derrotados por los de David.

18Estaban allí los tres hijos de Seruyá, Joab, Abisay y Asael. Asael era veloz como un gamo 19y persiguió a Abner sin desviarse ni a derecha ni a izquierda en su carrera tras él. 20Entonces Abner miró hacia atrás y dijo:

—¿Eres tú Asael?

Éste respondió:

—Yo soy.

21Y le dijo Abner:

—Dirígete a la derecha o a la izquierda, atrapa a uno de los jóvenes y llévate sus despojos.

Pero Asael no quiso apartarse y dejar de perseguirlo. 22De nuevo le habló Abner a Asael:

—Deja de perseguirme. Si me obligas a derribarte a tierra, ¿cómo voy a ir después con la cara levantada ante Joab, tu hermano?

23Pero Asael no quiso apartarse y entonces Abner le hirió en el vientre atravesándole con la lanza. Cayó allí mismo y murió en el acto. Todos los que llegaban al lugar donde Asael había muerto se detenían.

24Joab y Abisay persiguieron a Abner y al ponerse el sol llegaron a la colina de Amá, que está al este de Guiaj, en el camino del desierto de Gabaón. 25Los benjaminitas se agruparon en un solo bloque detrás de Abner y se situaron en lo alto de la colina. 26Abner gritó a Joab y le dijo:

—¿Va a estar siempre la espada haciendo estragos? ¿No sabes que al final todo será amargura? ¿Hasta cuándo vas a estar sin decir a tus tropas que dejen de perseguir a sus hermanos?

27Y dijo Joab:

—Vive Dios que si tú no hubieras hablado, mis tropas habrían estado persiguiendo cada uno a su hermano hasta el amanecer.

28Entonces Joab hizo sonar la trompeta y todos se detuvieron, dejaron de perseguir a Israel y no volvieron a luchar. 29Abner y sus hombres caminaron toda aquella noche por la Arabá, atravesaron el Jordán y, después de andar toda la mañana, llegaron a Majanaim. 30Joab dejó de perseguir a Abner, reunió a todas las tropas y comprobó que de los súbditos de David faltaban sólo diecinueve hombres además de Asael. 31En cambio, los de David habían causado trescientas sesenta bajas entre los benjaminitas y los hombres de Abner. 32A Asael lo llevaron y lo sepultaron en el sepulcro de su padre en Belén. Joab y sus hombres caminaron toda la noche y al despuntar el día llegaron a Hebrón.

32 S1La guerra entre la casa de Saúl y la casa de David fue larga, pero David se iba fortaleciendo mientras que la casa de Saúl se debilitaba día tras día.

Hijos de David en Hebrón

2A David le nacieron en Hebrón varios hijos: su primogénito Amnón, de Ajinóam, la de Yizreel; 3el segundo, Quilab, de Abigaíl, la que fue mujer de Nabal, el de Carmel; el tercero, Absalón, hijo de Maacá, hija de Talmay, rey de Guesur; 4el cuarto, Adonías, hijo de Jaguit; el quinto, Sefatías, hijo de Abital, 5y el sexto, Yitream, de Eglá, mujer de David. Éstos son los hijos que tuvo David en Hebrón.

Muerte de Abner

6Mientras se prolongaba la guerra entre la casa de Saúl y la casa de David, Abner, hijo de Ner, se fue afianzando al frente de la casa de Saúl. 7Saúl había tenido una concubina llamada Rispá, hija de Ayá. Entonces Isbaal dijo a Abner:

—¿Por qué te has llegado a la concubina de mi padre?

8A Abner le molestaron mucho las palabras de Isbaal y le dijo:

—¿Acaso soy yo una cabeza de perro? Hasta ahora me he mostrado leal con la casa de Saúl, tu padre, con sus hermanos y con sus vecinos, y no he dejado que cayeras en manos de David, y ¿ahora me recriminas una falta con una mujer? 9Que el Señor le haga esto y aquello le añada a Abner si no ayudo a que se cumpla lo que el Señor ha jurado a David: 10que arrebataría el reino a la casa de Saúl y establecería el trono de David sobre Israel y sobre Judá, desde Dan hasta Berseba.

11Pero Isbaal no pudo responderle una palabra a Abner, pues le tenía miedo.

12Entonces Abner envió mensajeros a David para que le dijeran en su nombre:

—¿De quién va a ser el país? Si haces un pacto conmigo, me pondré de tu parte para hacer volver a ti todo Israel.

13David respondió:

—Está bien. Haré un pacto contigo, pero una cosa te pido: no te presentes ante mí si cuando vengas a verme no traes a Mical, hija de Saúl.

14Por otra parte David envió mensajeros a Isbaal, hijo de Saúl, diciendo:

—Devuélveme a mi mujer Mical con quien me casé por una dote de cien prepucios de filisteos.

15E Isbaal envió a recogerla de casa de su marido, Paltí, hijo de Lais. 16Su marido la acompañó llorando hasta Bajurim. Allí le dijo Abner:

—Anda, vuélvete.

Y se volvió. 17Abner se dirigió a los ancianos de Israel con estas palabras:

—Hace mucho tiempo que están intentando que David reine sobre ustedes. 18Háganlo ahora, porque el Señor ha dicho a David: «Por medio de David, mi siervo, salvaré a mi pueblo Israel del poder de los filisteos y de todos sus enemigos».

19Abner habló también a los de Benjamín. Luego se dirigió a Hebrón para comunicarle a David todo lo que habían convenido los de Israel y los de Benjamín. 20Llegó, pues, a Hebrón junto a David con veinte hombres más y David preparó un banquete para ellos. 21Después Abner dijo a David:

—Voy a levantarme para reunir a todo Israel ante mi señor, el rey, para que hagan un pacto contigo y reines sobre ellos según tus deseos.

David despidió a Abner que se marchó en paz.

22Cuando los servidores de David y Joab llegaron de una incursión con un gran botín, Abner ya no estaba en Hebrón con David: éste lo había despedido y Abner se había ido en paz. 23Llegaron, pues, Joab y su ejército y les contaron todo: que Abner, hijo de Ner, había visitado al rey; que éste lo había despedido y que se había ido en paz. 24Entonces Joab se presentó ante el rey y le dijo:

—¿Qué has hecho? ¿Ha venido Abner hasta ti, y le has dejado marchar así? 25¿No conoces a Abner, hijo de Ner? Seguramente ha venido a engañarte, a conocer tus idas y venidas, a enterarse de todo lo que haces.

26Salió Joab de la presencia de David y envió a unos mensajeros en busca de Abner que consiguieron hacerle volver desde la cisterna de Sirá, sin que David se enterara. 27Cuando volvió Abner a Hebrón, Joab lo condujo aparte, a un lado de la puerta, como para hablarle en secreto. Pero allí mismo le hirió en el vientre y lo mató para vengar la sangre de su hermano Asael. 28En cuanto David se enteró de todo esto dijo:

—Inocente soy yo y mi reino, ante el Señor y para siempre, de la sangre de Abner, hijo de Ner. 29Caiga su sangre sobre la cabeza de Joab y sobre la casa de su padre. Que nunca falte en la casa de Joab quien sufra flujo de sangre o lepra, ni quien necesite bastón, ni quien muera a espada, ni quien muera de hambre.

30Joab y su hermano Abisay mataron a Abner porque éste había matado a su hermano Asael durante la batalla en Gabaón. 31David dijo a Joab y a todo el pueblo que le acompañaba:

—Rasguen sus vestiduras, cíñanse de cilicio y hagan duelo por Abner.

El rey David iba detrás del féretro; 32y cuando sepultaron a Abner en Hebrón, David alzó su voz y lloró sobre el sepulcro de Abner. Todo el pueblo lloró con él.

33El rey entonces entonó esta elegía sobre Abner:

— ¿Había de ser la muerte de Abner

como la muerte de un necio?

34Tus manos no estaban atadas

ni tus pies sujetos con cadenas.

¡Has caído como quien cae

ante delincuentes!

Y el pueblo entero siguió llorando por él. 35A continuación todos se acercaron a David rogándole que comiese, pues aún era de día. Pero David juró:

—Que el Señor me haga esto y aquello me añada si antes de ponerse el sol pruebo pan o cualquier otra cosa.

36Cuando el pueblo se enteró lo aprobó, pues todo lo que hacía el rey era del agrado del pueblo. 37Así, aquel día supieron todos, y lo supo todo Israel, que el rey no había intervenido en la muerte de Abner, hijo de Ner. 38Entonces el rey dijo a sus servidores:

—Bien saben que hoy ha caído un jefe, un gran hombre en Israel. 39Yo me he mostrado hoy tolerante, aunque esté ungido como rey. En cambio, estos hombres, los hijos de Seruyá, han sido más inflexibles que yo. Que el Señor pague al malhechor según su maldad.

Muerte de Isbaal

42 S1Cuando Isbaal, hijo de Saúl, se enteró de que Abner había muerto en Hebrón, sus manos desfallecieron, y todo Israel se conmovió. 2Isbaal, hijo de Saúl, tenía dos hombres, jefes de bandas: uno se llamaba Baaná y el otro Recab, hijos de Rimón de Beerot, benjaminitas, porque Beerot se consideraba de Benjamín. 3Los de Beerot habían huido a Guitaim y se quedaron allí como forasteros hasta hoy.

4Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo tullido de ambos pies. Tenía cinco años cuando, desde Yizreel, llegó la noticia sobre Saúl y Jonatán. Su nodriza lo había tomado y había huido, pero con las prisas se le cayó y se quedó cojo. Se llamaba Meribaal.

5Recab y Baaná, hijos de Rimón, se pusieron en camino y llegaron cuando más calor hacía a casa de Isbaal, que estaba durmiendo la siesta. 6La portera de la casa también se había quedado dormida mientras seleccionaba el grano de trigo. Recab y su hermano Baaná pudieron introducirse sin dificultad. 7Entraron en la casa cuando Isbaal estaba acostado en el lecho de su dormitorio, se lanzaron contra él y lo mataron. Luego le cortaron la cabeza y se la llevaron consigo caminando toda la noche por la ruta de la Arabá. 8Llevaron la cabeza de Isbaal a David a Hebrón, y dijeron al rey:

—Ésta es la cabeza de Isbaal, hijo de Saúl, tu enemigo, que intentaba matarte. Hoy el Señor ha concedido a mi señor, el rey, la venganza sobre Saúl y su descendencia.

9Pero David respondió a Recab y a su hermano Baaná, hijos de Rimón el de Beerot:

—¡Por la vida del Señor que me ha librado de todo peligro!, 10si al que pensaba traerme una buena noticia anunciándome: «Ha muerto Saúl», lo mandé apresar y darle muerte en Siquelag en lugar de recompensarle, 11¿cuánto más ahora que unos hombres malvados han asesinado en su casa y en su lecho a un hombre cabal, no les voy a pedir cuentas de su sangre y no voy a eliminarlos de la tierra?

12Y mandó David a sus asistentes que los mataran. Luego les cortaron las manos y los pies y los colgaron junto a la alberca de Hebrón. Después tomaron la cabeza de Isbaal y la enterraron en el sepulcro de Abner en Hebrón.

Unción de David en Hebrón como rey de Israel

52 S1Todas las tribus de Israel vinieron junto a David a Hebrón y le dijeron:

—Aquí nos tienes. Hueso tuyo y carne tuya somos. 2Ya desde hace tiempo, cuando Saúl era nuestro rey, tú guiabas las entradas y salidas de Israel, pues el Señor te había dicho: «Tú apacentarás a mi pueblo Israel, tú serás príncipe sobre Israel».

3Vinieron también todos los ancianos de Israel junto a David, a Hebrón; y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón ante el Señor. Luego ungieron a David como rey de Israel. 4David tenía treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años: 5en Hebrón reinó siete años y seis meses sobre Judá, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre Israel y Judá.

Conquista de Jerusalén

6El rey con todos sus hombres se encaminaron a Jerusalén contra los jebuseos que habitaban esa región. Pero éstos dijeron a David:

—No entrarás aquí, pues los ciegos y los cojos son suficientes para rechazarte.

Con estas palabras querían decir que David no entraría. 7Pero David conquistó la fortaleza de Sión que es la ciudad de David. 8Había dicho David aquel día:

—Todo el que quiera matar al jebuseo, que pase por el canal.

Los cojos y los ciegos son enemigos irreconciliables de David. Por eso está dicho: «Ni cojos ni ciegos entrarán en el Santuario».

9David se aposentó en la fortaleza y le puso el nombre de Ciudad de David. Construyó una muralla alrededor, desde el Miló hacia el interior. 10David iba creciendo en poder y el Señor, Dios de los ejércitos, estaba con él.

11Jiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David y le mandó también madera de cedro, carpinteros y constructores para edificar una casa para David. 12David reconoció que el Señor le había confirmado como rey sobre Israel y que había engrandecido su reino por razón de su pueblo Israel.

Hijos de David en Jerusalén

13David tomó más concubinas y esposas en Jerusalén después que llegó de Hebrón, y le nacieron más hijos e hijas. 14Éstos son los nombres de los hijos que le nacieron a David en Jerusalén: Samúa, Sobab, Natán y Salomón; 15Yibjar, Elisúa, Néfeg y Yafía; 16Elisamá, Eliadá y Elifélet.

Victorias sobre los filisteos

17Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David como rey sobre Israel, subieron todos a atacarlo. Al enterarse David bajó a la fortaleza. 18Los filisteos llegaron y se desplegaron por el valle de Refaím. 19David entonces consultó al Señor:

—¿Debo subir contra los filisteos? ¿Los vas a entregar en mis manos?

El Señor respondió a David:

—Sube, que he decidido entregar en tus manos a los filisteos.

20Llegó David a Baal–Perasim, los derrotó y dijo:

—El Señor ha dividido ante mí a mis enemigos como se dividen las aguas.

Por eso a ese lugar se le llama Baal–Perasim. 21Los filisteos abandonaron allí sus ídolos, y David y los suyos se los llevaron consigo.

22En otra ocasión los filisteos salieron y se desplegaron por el valle de Refidim. 23David consultó al Señor, que le dijo:

—No subas de frente. Mejor da un rodeo por detrás y cae sobre ellos desde las moreras. 24Cuando oigas rumor de pasos entre las copas de las moreras, ataca porque el Señor vendrá delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos.

25David hizo lo que le había mandado el Señor y derrotó a los filisteos desde Gabaón hasta la entrada de Guézer.

El Arca en Jerusalén

62 S1David reunió de nuevo a lo más selecto de Israel, treinta mil hombres. 2Se levantó y se dirigió con todo su ejército hacia Baalá de Judá para traer desde allí el arca de Dios, que llevaba sobre sí el nombre del Señor de los ejércitos que se sienta sobre los querubines. 3Cargaron el arca de Dios sobre una carreta nueva y la sacaron de la casa de Abinadab que está en la colina. Uzá y Ajió, hijos de Abinadab, conducían la carreta. 4Uzá caminaba al lado del arca y Ajió iba delante de ella. 5David y todo Israel iban bailando delante del Señor con todo su entusiasmo, cantando con cítaras y arpas, con panderos, sistros y címbalos.

6Al llegar a la era de Nacón, Uzá extendió su mano hacia el arca de Dios para sujetarla porque los bueyes parecían volcarla. 7Pero la ira del Señor se encendió contra Uzá: Dios le hirió por su atrevimiento y murió allí mismo junto al arca. 8David se entristeció porque el Señor había herido de muerte a Uzá, y así aquel lugar se llamó hasta hoy Peres–Uzá. 9Aquel día David temió al Señor y se dijo: «¿Cómo va a entrar en mi casa el arca del Señor?». 10Y no quiso llevar el arca del Señor a su casa, a la ciudad de David, sino que la hizo llevar a casa de Obededom de Gat. 11El arca del Señor permaneció en casa de Obededom de Gat durante tres meses y bendijo el Señor a Obededom y a toda su casa. 12Comunicaron al rey lo sucedido:

—El Señor ha bendecido a Obededom y todo lo suyo por causa del arca de Dios.

Fue entonces David y trasladó con alegría el arca de Dios desde la casa de Obededom hasta la ciudad de David. 13Cuando los que llevaban el arca del Señor avanzaban seis pasos, se ofrecía en sacrificio un buey y un carnero cebado. 14David iba ceñido con el efod de lino y danzaba con todas sus fuerzas ante el Señor. 15David y toda la casa de Israel trasladaban el arca del Señor entre gritos de júbilo y sonar de trompetas.

16Cuando el arca del Señor estaba entrando en la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, que estaba mirando por la ventana, vio al rey David saltando y danzando ante el Señor y lo despreció en su corazón. 17Introdujeron el arca del Señor y la colocaron en su sitio en medio de la tienda que David había mandado levantar. David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. 18Y cuando terminó la ofrenda del holocausto y de los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos. 19Después repartió a todo el pueblo, a toda la muchedumbre de Israel, hombres y mujeres, una torta de pan, un trozo de carne y un pan de pasas. Y se marcharon todos, cada uno a su casa.

20Cuando volvía David para bendecir su casa, salió a su encuentro Mical, la hija de Saúl, y le dijo:

—¡Qué honorable ha estado hoy el rey de Israel, desnudándose a la vista de las criadas de sus servidores, como se desnuda un cualquiera!

21Respondió David a Mical:

—He danzado delante del Señor que me ha elegido y me ha preferido a tu padre y a toda tu familia, constituyéndome príncipe sobre el pueblo del Señor, sobre Israel. Y delante del Señor seguiré danzando. 22Estoy dispuesto a rebajarme más y a resultar más vil todavía ante tus ojos, pero seré más honrado por las criadas a las que te refieres.

23Y Mical, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte.

Profecía dinástica de Natán

72 S1Cuando el rey se estableció en su casa y el Señor le concedió la paz con los enemigos de alrededor, 2dijo el rey al profeta Natán:

—Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras que el arca del Señor habita en una tienda de lona.

3Natán respondió al rey:

Vete y haz lo que te dicta el corazón, porque el Señor está contigo.

4Pero esa misma noche la palabra del Señor llegó sobre Natán en estos términos:

5—Vete y dile a mi siervo David: «Así dice el Señor: “¿Eres tú el que va a edificar una casa para que Yo habite en ella? 6Nunca he habitado en una casa desde el día en que hice subir a los hijos de Israel de Egipto hasta el día de hoy, sino que he caminado siempre en una tienda y en un tabernáculo. 7Y cuando he caminado por todas partes con el pueblo de Israel ¿me he quejado a alguno de los jueces a quienes encargué que apacentaran a mi pueblo Israel, de que no me edificaran una casa de cedro?”».

8»Y ahora así dirás a mi siervo David: «Así dice el Señor de los ejércitos: “Yo te he tomado del aprisco, de detrás del rebaño para que seas príncipe sobre mi pueblo Israel; 9he estado contigo en todas tus andanzas, he eliminado a todos tus enemigos ante ti y he hecho tu nombre grande entre los grandes de la tierra. 10Asignaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que habite allí y nadie le moleste; los malvados no volverán a oprimirlo como antes, 11cuando constituí jueces sobre mi pueblo Israel. Te concederé la paz con todos tus enemigos. El Señor te anuncia que Él te edificará una casa. 12Cuando hayas completado los días de tu vida y descanses con tus padres, suscitaré después de ti un linaje salido de tus entrañas y consolidaré su reino. 13Él edificará una casa en honor de mi nombre y yo mantendré el trono de su realeza para siempre. 14Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo; si algo hace mal le castigaré con vara de hombres y con golpes humanos. 15Pero no apartaré de él mi amor como lo aparté de Saúl a quien alejé de tu presencia; 16tu casa y tu reino permanecerán para siempre en mi presencia y tu trono será firme también para siempre”».

17Natán comunicó a David todas estas palabras y esta visión.

Oración de David

18Entonces el rey David fue y se presentó ante el Señor diciendo:

¿Quién soy yo, Señor Dios, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí? 19Y aún esto te ha parecido poco, Señor Dios, y has hablado de la casa de tu siervo para un futuro lejano. Es el designio de este hombre, Señor, Dios mío. 20¿Qué más podría añadir David a estas palabras, si Tú, Señor Dios, conoces a tu siervo? 21Por tu palabra y según tu corazón, has hecho todos estos prodigios y se los has dado a conocer a tu siervo. 22Por eso Tú eres grande, Señor Dios mío, y no hay nadie semejante a ti, ni hay otro Dios fuera de ti, como hemos escuchado con nuestros oídos. 23¿Y qué otra nación hay en la tierra como tu pueblo Israel a quien Dios mismo haya venido a redimir para hacerlo pueblo suyo, para darle un nombre y para hacer con él prodigios y grandes maravillas, alejando a las naciones y a sus dioses delante del pueblo que redimiste para ti en Egipto? 24Tú has consolidado a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre; y Tú, Señor, te has constituido como su Dios. 25Ahora, pues, Señor Dios, mantén firme para siempre la palabra que has pronunciado sobre tu siervo y sobre su casa, y cumple lo que has dicho. 26Que tu nombre sea engrandecido para siempre y que se diga: «El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel». Y que la casa de tu siervo David permanezca firme en tu presencia, 27porque Tú, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, has revelado esto a tu siervo: «Te edificaré una casa». Por eso, tu siervo ha encontrado valor para dirigirte esta oración. 28Ahora, pues, Señor Dios, Tú eres Dios y tus palabras son verdad; Tú has prometido estos bienes a tu siervo. 29Dígnate, pues, bendecir la casa de tu siervo para que permanezca en tu presencia para siempre, porque Tú, Señor Dios, has hablado y con tu bendición será bendita para siempre la casa de tu siervo.

Otras victorias sobre los filisteos

82 S1Después de esto David abatió a los filisteos, los humilló y les arrebató Gat y sus zonas de apoyo. 2Abatió también a los moabitas y, haciéndoles echarse en tierra, los midió con un cordel; luego mandó dar muerte a dos de los grupos que había medido, y dejó con vida al tercer grupo. Así los moabitas quedaron como vasallos de David, obligados a pagar tributo. 3También abatió David a Hadad–Ézer, hijo de Rejob, rey de Sobá, cuando salía para imponer su dominio hasta el río Éufrates. 4De entre sus hombres, David apresó mil setecientos de caballería y veinte mil de infantería, y desbarató todos sus carros, dejando solo cien. 5Los arameos de Damasco vinieron para ayudar a Hadad–Ézer, rey de Sobá, y David abatió a veintidós mil arameos 6y estableció gobernadores en Aram de Damasco. Los arameos quedaron como vasallos de David, obligados a pagar tributo. Así el Señor protegía a David en todo lo que emprendía.

7David tomó los escudos de oro que tenían los servidores de Hadad–Ézer y los llevó a Jerusalén. 8De Tebaj y de Berotay, ciudades de Hadad–Ézer, el rey David se apoderó de gran cantidad de bronce. 9También Tou, rey de Jamat, oyó que David había desbaratado todas las fuerzas de Hadad–Ézer, 10y envió a su hijo Aduram al rey David para saludarle y bendecirle por haber peleado contra Hadad–Ézer y haberle vencido, pues Tou estaba en guerra con Hadad-Ézer. Aduram llevaba objetos de plata, de oro y de bronce. 11El rey David los consagró también al Señor, junto con la plata y el oro que había consagrado procedente de todas las naciones que había sometido: 12de los arameos, moabitas, amonitas, filisteos, amalecitas y del botín de Hadad–Ézer, hijo de Rejob, rey de Sobá.

13La fama de David se extendió más cuando volvió de vencer a los edomitas, unos dieciocho mil en el Valle de la Sal. 14Estableció guarniciones en Edom quedando los edomitas como vasallos de David. El Señor protegía a David en todo lo que emprendía.

Funcionarios de David

15David reinó sobre todo Israel, administrando el derecho y la justicia sobre el pueblo entero. 16Joab, hijo de Seruyá, estaba al frente del ejército; Josafat, hijo de Ajilud, era canciller; 17Sadoc, hijo de Ajitub, y Ajimélec, hijo de Abiatar, eran sacerdotes; Seraías era escriba 18y Benaías, hijo de Yehoyadá, estaba al frente de los quereteos y de los peleteos. Los hijos de David eran también sacerdotes.

V. SUCESIÓN DE DAVID

Meribaal, hijo de Jonatán, en la corte de David

92 S1Dijo David:

—¿Queda todavía alguien de la casa de Saúl? Tendré misericordia con él por causa de Jonatán.

2Quedaba, en efecto, un sirviente de la casa de Saúl llamado Sibá. El rey le hizo llamar y le dijo:

—¿Eres tú Sibá?

Él contestó:

—Yo soy tu siervo.

3El rey insistió:

—¿Queda alguien aún de la casa de Saúl? Me portaré con él con misericordia divina.

Sibá respondió al rey:

—Queda un hijo de Jonatán, tullido de ambos pies.

4—¿Dónde está? —preguntó el rey.

Sibá respondió:

—Está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lo–Debar.

5El rey David mandó que se lo trajesen de casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lo–Debar.

6Cuando Meribaal, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, llegó ante David, se postró rostro en tierra ante él. Y David le dijo:

—¡Meribaal!

Él respondió:

—Aquí está tu siervo.

7David le dijo:

—No temas, pues voy a tratarte con misericordia por causa de tu padre Jonatán. Te devolveré todos los campos de tu abuelo Saúl y comerás siempre en mi mesa.

8Él se postró y dijo:

—¿Quién es tu siervo para que te fijes en mí que soy como un perro muerto?

9El rey llamó entonces a Sibá, servidor de Saúl, y le dijo:

—Todo lo que pertenecía a Saúl y a su casa se lo doy al hijo de tu señor. 10Cultivarás para él la tierra, tú, tus hijos y tus siervos. Después entregarás la cosecha a la familia de tu señor para que puedan comer. Meribaal, hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa.

Sibá, que tenía quince hijos y veinte esclavos, 11dijo al rey:

—Tu siervo cumplirá todo lo que mi señor, el rey, le ha ordenado.

Meribaal comía a la mesa del rey como uno de sus hijos. 12Tenía Meribaal un hijo pequeño llamado Micá. Todos los que vivían en la casa de Sibá eran siervos de Meribaal; 13pero Meribaal vivía en Jerusalén porque siempre comía a la mesa del rey. Era tullido de ambos pies.

Victoria sobre los amonitas

102 S1Después de esto murió el rey de los amonitas y en su lugar reinó Janún, su hijo. 2David dijo:

—Tendré misericordia con Janún, hijo de Najás, como él la tuvo conmigo.

Y envió a sus servidores para que le consolaran por la muerte de su padre. Cuando los servidores de David llegaron a la tierra de los amonitas, 3los jefes de los amonitas dijeron a Janún, su señor:

—¿Piensas que David quiere honrar a tu padre y que por eso ha enviado a éstos para que te consuelen? ¿No será que ha enviado a sus servidores para explorar la ciudad, recorrerla y después destruirla?

4Entonces Janún apresó a los servidores de David, les rasuró la mitad de la barba, les cortó las vestiduras por la mitad hasta los muslos y los devolvió. 5Cuando se lo comunicaron a David, éste mandó que salieran a su encuentro, ya que aquellos hombres se sentían humillados. Y les dijo:

—Quédense en Jericó hasta que les crezca la barba. Después, vengan.

6Los amonitas vieron que con eso se habían enemistado con David y enviaron a reclutar mercenarios: veinte mil de infantería de los arameos de Bet–Rejob y de Sobá; mil del rey de Maacá y doce mil del rey de Istob. 7Cuando David se enteró, envió contra ellos a Joab y a todo su ejército, a los más valientes. 8Los amonitas salieron y formaron en orden de batalla a la entrada de la puerta. Los arameos de Sobá y de Rejob, y los hombres de Istob y de Maacá estaban en posiciones apartadas en el campo. 9Al ver Joab que tenía un frente de batalla por delante y otro por detrás, eligió a los más valientes de Israel y los puso en formación frente a los arameos. 10El resto del ejército se lo encomendó a Abisay, su hermano, que los puso en formación frente a los amonitas. 11Y dijo Joab a su hermano:

—Si los arameos resultan más fuertes que yo, ven a socorrerme; y si los amonitas te superan, te socorreré yo. 12Tú sé valiente. Luchemos con coraje por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios, y que el Señor haga lo que considere mejor.

13Joab y los que estaban con él entablaron combate con los arameos, que huyeron de su presencia. 14Y los amonitas, al ver que los arameos se daban a la fuga, huyeron también ellos ante Abisay y entraron en la ciudad. Joab, por su parte, regresó de la batalla contra los arameos y entró en Jerusalén.

15Al verse los arameos derrotados por Israel, se reagruparon todos. 16Hadad–Ézer mandó buscar a los arameos que estaban al otro lado del río, y vinieron a Jelam. Al frente de ellos iba Sobac, jefe del ejército de Hadad-Ézer. 17Cuando David fue informado de esto, reunió a todo Israel, atravesó el Jordán y llegó a Jelam. Los arameos formaron en orden de batalla frente a David y combatieron contra él. 18Pero los arameos tuvieron que huir ante Israel. David mató de entre los arameos a setecientos de caballería y cuarenta mil de infantería. Hirió también a Sobac, jefe de su ejército, que murió allí mismo. 19Todos los reyes vasallos de Hadad–Ézer, cuando vieron cómo había vencido Israel, hicieron la paz con él y le quedaron sometidos. Los arameos no se atrevieron a prestar ayuda a los amonitas nunca más.

El pecado de David

112 S1Al cabo de un año, en la época en que los reyes suelen salir a campaña, David envió a Joab con sus más leales y con todo Israel. Hicieron estragos entre los amonitas y sitiaron Rabá. David mientras tanto permaneció en Jerusalén.

2Sucedió una tarde que David, al levantarse de la cama se puso a pasear por la terraza del palacio real y vio desde allí a una mujer que se estaba bañando. Era muy bella. 3David mandó a preguntar por la mujer y le dijeron:

—Es Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías, el hitita.

4David envió a unos para que se la trajesen, y cuando llegó, durmió con ella, que acababa de purificarse de la regla. Después, ella se volvió a casa. 5La mujer quedó embarazada y mandó recado a David para comunicárselo:

—Estoy encinta.

6David entonces le mandó decir a Joab:

—Envíame a Urías, el hitita.

7Cuando llegó Urías, David le preguntó por las tropas y por la marcha de la guerra. 8Luego le dijo a Urías:

—Baja a tu casa y lávate los pies.

Salió Urías de casa del rey y le hicieron llegar un obsequio de la mesa real. 9Urías durmió a la puerta de la casa del rey junto a otros servidores de su señor, y no bajó a su casa. 10Se lo comunicaron a David:

—Urías no ha bajado a su casa.

Entonces David dijo a Urías:

—¿No has hecho un largo camino? ¿Por qué no has bajado a tu casa?

11Urías respondió:

—El arca, el pueblo de Israel y el de Judá habitan en tiendas. Joab, mi señor, y los soldados de mi señor acampan en el suelo, ¿voy a ir yo a mi casa a comer y a beber y a dormir con mi mujer? Por tu vida y por tu persona que no haré tal cosa.

12David dijo a Urías:

—Quédate un día más y mañana te despediré.

Permaneció Urías en Jerusalén aquel día. Al día siguiente 13David le invitó a comer y beber con él y lo emborrachó. Por la tarde salió para acostarse en su puesto con los servidores de su señor, y tampoco bajó a su casa. 14Al amanecer David escribió un recado para Joab y se lo envió por medio de Urías. 15En ese recado escribió: «Pongan a Urías en primera línea, donde más recio sea el combate, y déjenlo solo para que sea alcanzado y muera». 16Así pues, cuando Joab estaba sitiando la ciudad, puso a Urías en el puesto donde sabía que se encontraban los más aguerridos. 17Los hombres de la ciudad salieron y atacaron a Joab. Cayeron bastantes de su ejército y de los hombres de David, y también murió Urías, el hitita. 18Joab mandó comunicar a David todas las noticias de la guerra, 19y le advirtió al mensajero:

—Cuando termines de comunicarle al rey todas estas noticias de la guerra, 20si notas que se llena de ira y te dice: «¿Por qué se han acercado tanto a la ciudad en la batalla? ¿No sabían que se lanzarían dardos desde la muralla? 21¿Quién abatió a Abimélec, hijo de Yerubaal? ¿No fue una mujer la que lanzó una piedra de molino desde la muralla, y lo mató en Tebés?», entonces tú le dirás: «También ha muerto tu siervo Urías, el hitita».

22Marchó, pues, el mensajero y llegó a comunicarle a David todo lo que le había mandado Joab. 23Dijo el mensajero a David:

—Aquellos hombres se hicieron fuertes frente a nosotros e hicieron una salida a campo abierto contra nosotros. Los rechazamos hasta la entrada de la ciudad, 24pero los arqueros dispararon contra tus siervos desde la muralla y muchos servidores del rey han muerto. También ha muerto tu siervo Urías, el hitita.

25David dijo entonces al mensajero:

—Esto has de decir a Joab: «No te apenes por esto, porque la espada unas veces devora a unos y otras a otros. Redobla tu ataque contra la ciudad hasta destruirla». Y dale ánimos.

26La mujer de Urías se enteró de que Urías, su marido, había muerto e hizo duelo por él. 27Pasado el tiempo del luto, David mandó traerla a su casa y la hizo su esposa. Ella le dio a luz un hijo. Pero todo esto que David había hecho desagradó al Señor.

Penitencia de David

122 S1El Señor envió a Natán ante David y cuando llegó a su presencia le dijo:

—Había dos hombres en una ciudad, uno rico y otro pobre. 2El rico tenía ovejas y bueyes en abundancia. 3El pobre no tenía más que una corderilla que había comprado y criado; crecía junto a él y con sus hijos, comiendo de su mismo pan, bebiendo de su mismo vaso y durmiendo en su regazo. Era para él como una hija. 4Vino una vez un huésped a casa del rico y le dio pena tomar una de sus ovejas o de sus vacas para honrar al recién llegado; así que robó la corderilla al hombre pobre y se la preparó al viajero.

5Se encendió la ira de David contra aquel hombre y dijo a Natán:

—Vive el Señor, que el que haya hecho tal cosa es reo de muerte; 6y por haber actuado de esa manera, sin tener compasión, habrá de pagar cuatro veces por la corderilla.

7Dijo entonces Natán a David:

—Tú eres ese hombre. Así dice el Señor, Dios de Israel: «Yo te he ungido como rey de Israel; Yo te he librado de la mano de Saúl; 8te he entregado la casa de tu señor y he puesto en tu regazo las mujeres de tu señor; te he dado la casa de Israel y de Judá; y, por si fuera poco, voy a añadirte muchas cosas más. 9¿Por qué has despreciado al Señor, haciendo lo que más le desagrada? Has matado a espada a Urías, el hitita; has tomado su mujer como esposa tuya y lo has matado con la espada de los amonitas. 10Por todo esto, por haberme despreciado y haber tomado como esposa la mujer de Urías, el hitita, la espada no se apartará nunca de tu casa». 11Así dice el Señor: «Suscitaré el mal en tu casa; ante tus ojos te quitaré tus mujeres y se las daré a otro que dormirá con ellas a la luz del sol que vemos. 12Tú lo has hecho en secreto. Yo lo haré a la vista de todo Israel y a la luz del sol».

13David dijo a Natán:

—He pecado contra el Señor.

Natán le respondió:

—El Señor ya ha perdonado tu pecado. No morirás. 14Pero, por haber ofendido al Señor con esta acción, el hijo que te ha nacido morirá.

15Y Natán se volvió a su casa.

El Señor hirió al niño que la mujer de Urías le había dado a David, y cayó gravemente enfermo. 16David rogó al Señor por el niño, ayunó y se encerró pasando las noches acostado en el suelo. 17Los ancianos de su casa le insistían para que se levantara del suelo, pero él no quiso y no probó bocado con ellos. 18Al séptimo día murió el niño. Los servidores de David tenían miedo de comunicarle que el niño había muerto, porque se decían: «Si cuando el niño vivía le hablábamos y no nos escuchaba, ¿cómo le vamos a decir que el niño ha muerto? Será peor». 19Pero vio David que sus servidores hablaban entre ellos en voz baja y comprendió que el niño había muerto. Y les preguntó:

—¿Ha muerto el niño?

—Así es. Ha muerto —respondieron ellos.

Nacimiento de Salomón

20David se levantó del suelo, se lavó, se perfumó y se cambió de ropa. Se dirigió a la casa del Señor y se postró en adoración. Volvió luego a su casa, pidió comida y comió. 21Los servidores le dijeron:

—¿Qué manera es ésta de obrar? Por el niño, cuando estaba todavía vivo, ayunabas y llorabas; ahora que ha muerto, te animas y comes.

22Él respondió:

—Cuando el niño estaba todavía vivo ayunaba y lloraba porque me decía: «¿Quién sabe si el Señor tendrá misericordia de mí y dejará al niño con vida?». 23Pero ahora que ha muerto, ¿para qué ayunar? ¿Puedo hacer que vuelva? Yo sí iré donde está él, pero él no volverá donde estoy yo.

24David consoló también a Betsabé, su mujer, y durmió con ella. Betsabé le dio un hijo y él le puso por nombre Salomón. El Señor lo amó 25y envió al profeta Natán para que le pusiera como sobrenombre Yedidías por lo que había dicho el Señor.

Conquista de Rabá

26Mientras tanto, Joab atacó Rabá, la de los amonitas, y se apoderó de la ciudad del rey. 27Entonces envió mensajeros a David diciéndole:

—He atacado Rabá y me he apoderado de la zona que la abastece de agua. 28Ahora, pues, reúne el resto del ejército, acampa frente a la ciudad y conquístala tú, para que no sea yo quien la conquiste y tenga que llevar mi nombre.

29Reunió, pues, David a todo el ejército, se dirigió contra Rabá, la atacó y la conquistó. 30Quitó de la cabeza de Milcom la corona que pesaba un talento de oro —ésta tenía una piedra preciosa que David puso sobre su cabeza— y se llevó de la ciudad un enorme botín. 31Sacó a la gente de esa ciudad y la hizo trabajar con sierras, con trillos de hierro y hachas de hierro, y la utilizó en hornos de ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades amonitas. Luego David y todo su ejército regresaron a Jerusalén.

Amnón y Tamar

132 S1Al cabo del tiempo, sucedió que Absalón, hijo de David, tenía una hermana muy hermosa llamada Tamar. Amnón, hijo de David, se enamoró de ella 2y se llenó de pasión hasta el punto de enfermar por su hermana Tamar, porque era virgen y le parecía difícil conseguir algo de ella. 3Tenía Amnón un amigo de nombre Yonadab, hijo de Samá, hermano de David. Yonadab era un hombre muy hábil 4y le dijo:

—¿Por qué, hijo de rey, cada día estás más débil? ¿No me lo vas a contar?

Amnón le respondió:

—Me he enamorado de Tamar, hermana de mi hermano Absalón.

5Yonadab le dijo:

—Acuéstate en tu lecho y fíngete enfermo. Cuando tu padre venga a verte, dile: «Que venga, por favor, Tamar, mi hermana, a darme de comer. Que prepare algo de comer ante mí para que yo lo vea y lo reciba de su mano».

6Amnón se acostó y se fingió enfermo. El rey vino a visitarlo y le dijo Amnón:

—Que venga, por favor, Tamar, mi hermana, que prepare ante mi vista dos tortas para que pueda tomarlas de su mano.

7David mandó recado a Tamar a su casa:

—Vete, por favor, a casa de tu hermano Amnón y prepárale la comida.

8Fue Tamar a casa de su hermano Amnón que estaba acostado. Ella tomó harina, la amasó, preparó las tortas delante de él y las puso a freír. 9Luego tomó la sartén y se la puso delante, pero él no quiso comer diciendo:

—Que salgan todos.

Y cuando habían salido todos de allí, 10dijo Amnón a Tamar:

—Acércame la comida a la habitación para poder comerla de tu mano.

Tamar tomó las tortas que había preparado y se las llevó a su hermano a la habitación. 11En el momento de acercarle la comida, él la sujetó y le dijo:

—Ven, entra en mi lecho, hermana mía.

12Ella le contestó:

—No, hermano mío, no me fuerces que esto no se hace en Israel: no cometas esta infamia. 13¿Adónde podré ir yo con mi deshonra? Y tú serás un infame en Israel. Es mejor que le hables al rey: él no se negará a entregarme a ti.

14Pero Amnón no quiso atender a estas razones, sino que, como era más fuerte, la violentó y durmió con ella. 15Pero después sintió hacia ella un odio grande, mucho más intenso que el amor que antes le había tenido. Y Amnón le dijo:

—Levántate y vete.

16Ella le suplicaba:

—No, hermano mío, que si me expulsas, esta maldad será peor que la primera que cometiste conmigo.

Pero no quiso escucharla, 17sino que llamó a su sirviente personal y le dijo:

—Echa fuera a ésta y cierra la puerta tras ella.

18Tamar vestía una túnica de dos mangas porque así vestían las hijas del rey que todavía eran vírgenes. El servidor personal de Amnón la echó fuera y cerró la puerta tras ella. 19Tamar se echó polvo sobre su cabeza, rasgó la túnica de dos mangas que vestía y puso las manos sobre la cabeza, caminando y dando gritos de un lado para otro. 20Su hermano Absalón le dijo:

—¿Ha estado contigo tu hermano Amnón? Bien, hermana mía, tú por ahora calla; es tu hermano. No se atormente tu corazón por esto.

Tamar, muy desolada, se quedó en casa de su hermano Absalón. 21Cuando el rey oyó todo esto se enfureció pero no quiso enemistarse con su hijo Amnón; le quería mucho por ser su primogénito. 22Absalón no volvió a dirigir la palabra a Amnón, ni para bien ni para mal; pero le odiaba por haber humillado a su hermana Tamar.

Muerte de Amnón. Huida de Absalón

23Dos años después, Absalón estaba de esquileo en Baal–Jasor, cerca de Efraím, e invitó a todos los hijos del rey. 24Se presentó también ante el rey y le dijo:

—Tu siervo está de esquileo. Que el rey y sus siervos se acerquen, por favor, a mi casa.

25El rey respondió a Absalón:

—No, hijo mío, no podemos ir todos y resultarte gravosos.

Absalón insistió, pero el rey rehusó y le bendijo. 26Entonces Absalón le dijo:

—Si tú no vienes, permite al menos que venga mi hermano Amnón.

El rey respondió:

—¿Por qué quieres que vaya?

27Pero Absalón insistió y David dejó que fueran con él Amnón y todos los hijos del rey. Preparó Absalón un banquete regio 28y dio estas instrucciones a sus servidores:

—Esten atentos y, cuando Amnón esté alegre por el vino y yo les diga: «Hieran a Amnón», mátenlo. No tengan miedo; soy yo quien se los manda. Tengan valor y sean valientes.

29Los servidores de Absalón actuaron contra Amnón como les había mandado. Todos los hijos del rey se levantaron, montaron cada uno en su cabalgadura y huyeron. 30Estaban todavía en camino cuando le llegó a David esta noticia:

—Absalón ha matado a todos los hijos del rey; no ha quedado uno solo vivo.

31Se levantó el rey, se rasgó las vestiduras y se postró en tierra. Todos los servidores que le atendían también se rasgaron las vestiduras. 32Sin embargo, Yonadab, hijo de Samá, el hermano de David, dijo:

—No piense mi señor que han matado a todos los hijos del rey; sólo Amnón ha muerto porque Absalón así lo tenía decidido desde el día en que humilló a su hermana Tamar. 33Así que no haga caso mi señor, el rey, de eso que dicen, que todos los hijos del rey han sido asesinados, porque sólo Amnón ha muerto.

34Absalón ya había huido. El centinela alzó los ojos y vio un gran tropel que venía por el camino de Joronaim, en la ladera del monte. Se acercó al rey y le anunció:

—Veo a unos hombres por el camino de Joronaim.

35Entonces Yonadab dijo al rey:

—Son los hijos del rey que llegan; ha ocurrido como tu siervo había dicho.

36Apenas había terminado de hablar, cuando los hijos del rey entraron llorando a gritos. También el rey y todos sus servidores lloraron desconsoladamente.

37Absalón huyó, se refugió junto a Talmay, hijo de Amihud, rey de Guesur. En cambio, el rey lloraba día tras día por su hijo. 38Absalón en su huida llegó a Guesur y estuvo allí durante tres años. 39El rey David cesó en su actitud contra Absalón a medida que iba consolándose de la muerte de Amnón.