COMENTARIO

 2 S 1,1-16 

«Después de la muerte de Saúl» (v. 1). Estas palabras semejantes a las de Jos 1,1 y Jc 1,1 pudieron ser motivo para dividir aquí los dos libros de Samuel, si es que alguna vez formaron una unidad. En cualquier caso, son una fórmula para indicar el comienzo de una nueva etapa.

David se enteró de la muerte de Saúl por un fugitivo perteneciente a un pueblo enemigo (vv. 1-10), un amalecita que dio una versión bien distinta de la recogida en el capítulo final del libro anterior (cfr 1 S 31,4-5): allí el propio rey se dejó caer sobre su espada, aquí es el amalecita quien lo remata. Quizá pensó que con la noticia y con las insignias reales que traía consigo (v. 10) conseguiría algún privilegio, pero se equivocó. David mantuvo siempre el respeto al «ungido del Señor» (v. 16), le lloró como merecía (vv. 11-12) y en ningún momento buscó en provecho propio la caída del rey elegido por Dios.

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