COMENTARIO

 2 S 7,18-29 

En respuesta a la profecía, la oración de David es un canto de alabanza siguiendo los tres elementos principales que el profeta ha anunciado: la elección divina del propio David (vv. 18-21), la elección del pueblo como pueblo de Dios (vv. 22-24) y la consolidación de la dinastía davídica (vv. 25-29). En esta oración David se identifica con su descendencia, y por esto las bendiciones que ha recibido alcanzan a toda la casa de David (vv. 28-29). «David es, por excelencia, el rey “según el corazón de Dios”, el pastor que ruega por su pueblo y en su nombre, aquél cuya sumisión a la voluntad de Dios, cuya alabanza y arrepentimiento serán modelo de la oración del pueblo. Ungido de Dios, su oración es adhesión fiel a la promesa divina (cfr 2 S 7,18-29), confianza cordial y gozosa en aquél que es el único Rey y Señor» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2579).

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