COMENTARIO
La conspiración de Absalón contra su padre se va fraguando desde que elige para su guardia personal una gran escolta formada por carros, caballos y hombres aguerridos (v. 1); se consolida cuando Absalón se dedica a sembrar desconfianza y descontento entre los ciudadanos (vv. 2-6), y culmina cuando se establece en Hebrón (vv. 7-12) donde había nacido y donde el propio David había sido consagrado rey (cfr 2,1-7).
Aunque Absalón es el protagonista de la conspiración, es a David a quien se le denomina rey (vv. 2.3.7) y quien sufre en silencio la actitud injusta de su hijo, puesto que de hecho rehúsa enfrentarse directamente con él.
La rebelión se entiende como un castigo por sus pecados: «David experimentó la huida de su hijo porque él había abandonado la castidad; experimentó la huida de su hijo porque había violado un matrimonio limpio, había abandonado la ley de Dios que dice: “No matarás, no cometerás adulterio”(Ex 20,13-14)» (S. Juan Crisóstomo, Expositio in Psalmos 3,a).