COMENTARIO
El Arca ha de quedarse en Jerusalén, capital religiosa, como símbolo de que el Señor seguirá protegiendo a sus habitantes y al legítimo rey, sea quien sea. David espera volver junto al Arca si todavía goza del favor del Señor.
A pesar de que David sabe que la marcha de Jerusalén es un castigo de Dios (v. 26), continúa ejerciendo sus funciones de rey y envía a Jerusalén personas de su confianza para que, como espías, le tengan al corriente de lo que suceda (v. 28). Una vez fuera de la ciudad, David ha de soportar la traición de los que le abandonan, como Ajitófel (v. 31), pero es reconfortado con la adhesión de los más leales (vv. 32-37).