COMENTARIO
De modo magistral se contraponen los proyectos presentados a Absalón: por una parte el de Ajitófel, su consejero, y por otra, el de Jusay, el amigo de David. Se muestra así cuál de los dos es más sabio y, por tanto, cuál de los dos ha sido inspirado por Dios. Ajitófel, cuyos consejos eran como un oráculo del Señor (cfr 16,23), propone un plan humanamente correcto que consistía en salir inmediatamente contra David. Jusay, en cambio, aconseja calma; con habilidad desautoriza del todo a Ajitófel (v. 7) y astutamente provoca la vanidad de Absalón al sugerir que sea él quien vaya al frente de las tropas (v. 11). Al final es Jusay quien logra convencer a Absalón y a los suyos. De esta forma consigue ganar tiempo y salvar la vida de David. El autor sagrado no alaba la sabiduría de Jusay (v. 14), pero señala que todo discurre según el designio divino: Dios ha escuchado la plegaria de David que pedía el fracaso de los planes de Ajitófel (cfr 15,31). El consejo dado a David (v. 16) es prudente, pero sobre todo es necesario para que llegue a cumplirse el designio divino de preservar la vida del rey.
La expresión «como retorna una esposa a su marido» (v. 3) está tomada del texto griego; el hebreo resulta difícil de entender: «Como el retorno de todos es el de este hombre»; la imagen esponsal es muy gráfica para expresar el afecto de los súbditos por su rey.