COMENTARIO

 2 S 19,41-44 

Cuando parece que la trágica sublevación de Absalón ha terminado y que a David le esperan días de serenidad, resurgen las viejas rencillas entre las tribus del norte y del sur. El rey David, que está empeñado en unificar ambos territorios, no interviene directamente. Sin embargo, el texto muestra cómo tuvo que sufrir profundamente porque él, que fue capaz de vencer a los enemigos de fuera, nunca consiguió calmar del todo las intrigas de dentro. El sufrimiento acompaña a David, como a gran parte de los personajes elegidos por el Señor para misiones importantes, en los momentos de más gloria y alegría; así, es posible imaginar su dolor por las palabras duras de los de Judá nada proclives a la unidad con los de Israel.

Volver a 2 S 19,41-44