COMENTARIO
El relato de las intrigas por la sucesión de David continuará en los primeros capítulos del primer libro de los Reyes (cfr 1 R 1,1-2,46); aquí queda interrumpido por seis unidades literarias orientadas a explicar el sentido de las acciones de David dentro de la historia de la salvación: las dos primeras (cap. 21) narran la desaparición de todos los descendientes de Saúl y la victoria sobre los filisteos; las dos siguientes (22,1-23,7) son dos poemas de alabanza a Dios porque ha establecido una monarquía y una dinastía; las dos que cierran el libro (23,8-24,25) relatan con anécdotas vivas que es Dios quien ha dispuesto a los guerreros más valientes y a las distintas categorías que forman el pueblo. Con todo ello se enseña que el dueño del pueblo no es el rey, sino Dios, que designa el puesto de cada uno de los dirigentes y sienta en el trono a David para que lleve adelante sus designios.