COMENTARIO
El himno de David coincide, con pequeñas variantes, con el Salmo 18, y en parte también con el Salmo 144. Es un canto de alabanza y de agradecimiento que se supone muy antiguo tanto por su estilo (mayor frecuencia de verbos que de sustantivos y adjetivos) como por el uso simbólico del término «universo».
La primera parte (vv. 1-29) canta las acciones de Dios a favor del rey: tras la enumeración de los atributos divinos (vv. 2-4), se describen las amenazas y peligros del monarca (vv. 5-6); a continuación se agradece la respuesta de Dios que se manifiesta en los fenómenos naturales (vv. 7-16) y que libera al propio rey del poder de sus angustias (vv. 17-20); finalmente se reconoce el favor divino que hace justicia al orante que se comporta con rectitud (vv. 21-29).
La segunda parte (vv. 30-51) canta las acciones llevadas a cabo por el rey con la ayuda del Señor. Tiene un esquema quiástico: en primer lugar se ensalza a Dios de quien provienen el valor y la fortaleza (vv. 30-33); en la parte central se reconoce que Dios protege al rey en todas sus acciones (vv. 34-37), sobre todo en las emprendidas contra sus enemigos (vv. 38-46); la parte final vuelve a recoger el canto de alabanza que entona primero el propio rey (vv. 47-49) y luego el salmista (vv. 50-51).
La idea central es la salvación que Dios otorga a los que ama (los términos relacionados con «salvación» aparecen hasta siete veces, y los relacionados con «liberación», tres), pero además resume en tono poético y cultual los elementos esenciales de la doctrina deuteronomista: alabanza a Dios, reconocimiento de su protección, compromiso de justicia. Si el autor sagrado lo ha colocado al final del libro es porque también resume la historia de David.