COMENTARIO

 2 S 23,1-7 

Las «últimas palabras de David» son una reflexión lírica sobre la figura del rey (vv. 1-4) y sobre la dinastía (vv. 5-7). Aunque están presentadas como testamento religioso de David, difieren en la forma y en el contenido de las bendiciones de Jacob (cfr Gn 49,1-28) o de Moisés (cfr Dt 33,1-29). En cambio, son una bella síntesis de la doctrina mesiánica y un canto de esperanza para el futuro. Sin duda, este poema es un eco de la profecía de Natán (cfr cap. 7) que ahora se refiere al rey ideal. David se presenta en primera persona como «elevado a lo más alto», como «ungido» (v. 1) y como profeta inspirado por el Espíritu del Señor (v. 2). Las promesas sobre el monarca están puestas en labios del Señor (vv. 3-4). Su casa, es decir, su dinastía, está consolidada en virtud de la alianza (v. 5) que es fundamento de la salvación, mientras que los reinos que están basados en la maldad son frágiles y no prevalecerán (vv. 6-7).

Volver a 2 S 23,1-7