COMENTARIO

 1 R 1,11-31 

El protagonismo que en el relato adquiere la figura de Natán está indicando que comienza a cumplirse el oráculo que él mismo había pronunciado (cfr 2 S 7,14-16). De esta forma el texto bíblico deja entrever que las cosas suceden, no según las pretensiones humanas, sino según la predisposición divina, y que Dios cuenta con la actuación de los hombres.

La colaboración de Betsabé, madre de Salomón, es también clave para el desarrollo de los acontecimientos. Primero por haber arrancado anteriormente a David la promesa, con juramentos, de que reinaría Salomón (cfr v. 13); y, segundo, por su pronta obediencia a la indicación del profeta. La actuación de esta madre tiene un rasgo común con lo que hicieron Sara, esposa de Abrahán (cfr Gn 18,9-14), y Rebeca, esposa de Isaac (cfr Gn 27,1-36). La colaboración de estas mujeres con los planes de Dios, conduciendo la historia de la salvación por caminos humanamente imprevistos, prepara e ilumina la colaboración en la salvación de la Virgen María, de la que Dios hizo nacer al Mesías, el hijo de David, por encima de las leyes de la generación humana.

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