11 R1El rey David era viejo y tenía muchos años, y por más ropa que le ponían no entraba en calor. 2Entonces sus siervos le dijeron:
—Que busquen para nuestro señor, el rey, una muchacha virgen que le atienda y le cuide; ella se acostará en su regazo y dará calor a nuestro señor, el rey.
3Buscaron, pues, una muchacha hermosa por todo el territorio de Israel. Encontraron a Abisag, la sunamita, y la llevaron al rey. 4La muchacha era muy hermosa, cuidaba del rey y le servía. No obstante, el rey no la conoció.
5Adonías, hijo de Jaguit, se enaltecía diciendo: «Yo reinaré». Se procuró un carro, jinetes y cincuenta hombres que marchaban ante él. 6Su padre nunca le había reprendido diciéndole: «¿Por qué obras así?». Además él era muy bien parecido y seguía en edad a Absalón. 7Se puso de acuerdo con Joab, hijo de Seruyá, y con el sacerdote Abiatar, que apoyaban el partido de Adonías. 8Sin embargo, el sacerdote Sadoc, Benaías, hijo de Yehoyadá, el profeta Natán, Semeí, Reí y los hombres fuertes que rodeaban a David no estaban a favor de Adonías.
9Entonces Adonías hizo un sacrificio de ovejas, bueyes y animales cebados junto a la piedra de Zojélet, que está al lado de la fuente de Roguel, e invitó a todos sus hermanos, hijos del rey, y a todos los hombres de Judá que servían al rey. 10Pero no invitó ni al profeta Natán, ni a Benaías, ni a los nobles, ni a su hermano Salomón.
11Entonces Natán dijo a Betsabé:
—¿No has oído que Adonías, hijo de Jaguit, reina sin que lo sepa nuestro señor David? 12Ahora atiende: voy a darte un consejo para que salves tu vida y la de tu hijo Salomón. 13Anda, preséntate al rey David y dile: «¿Acaso no juraste tú, mi señor, el rey, a tu esclava diciendo: “Tu hijo Salomón reinará en mi lugar y se sentará en mi trono?” ¿Por qué, pues, reina Adonías?». 14Y, mientras tú estés hablando allí con el rey, yo entraré después de ti y confirmaré tus palabras.
15Betsabé se presentó en la habitación del rey. Éste era muy anciano, y Abisag, la sunamita, lo cuidaba. 16Betsabé se inclinó y se postró ante el rey. El rey le preguntó:
—¿Qué deseas?
17Ella le respondió:
—Mi señor, tú juraste a tu esclava, por el Señor, tu Dios: «Tu hijo Salomón reinará después de mí y él se sentará en mi trono»; 18pero en cambio reina Adonías sin que mi señor, el rey, lo sepa. 19Ha hecho un sacrificio de gran cantidad de toros, de animales cebados y de ovejas, y ha invitado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar y a Joab, capitán del ejército, pero no ha invitado a tu siervo Salomón. 20Los ojos de todo Israel están vueltos hacia ti, mi señor, el rey, para que les anuncies quién se sentará en el trono de mi señor, el rey, en su lugar. 21Sucederá que cuando mi señor, el rey, descanse con sus padres, mi hijo Salomón y yo seremos considerados culpables.
22Todavía estaba ella hablando con el rey, cuando llegó el profeta Natán. 23Se lo anunciaron al rey diciendo:
—Está aquí el profeta Natán.
Natán se presentó ante el rey, se postró rostro en tierra 24y dijo:
—Mi señor, el rey, ¿has dicho tú: «Adonías reinará después de mí y él se sentará sobre mi trono»? 25Porque hoy ha bajado y ha hecho un sacrificio de gran cantidad de toros, de animales cebados y de ovejas, y ha invitado a todos los hijos del rey, a los capitanes del ejército y al sacerdote Abiatar, los cuales, después de comer y beber en su presencia, han proclamado: «¡Viva el rey Adonías!». 26Sin embargo, no nos ha invitado ni a mí, tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaías, hijo de Yehoyadá, ni a tu siervo Salomón. 27Si se ha hecho tal cosa por orden de mi señor, el rey, ¿cómo no diste a conocer a tu siervo quién iba a sentarse en el trono de mi señor, el rey, después de él?
28Contestó el rey David:
—Llámenme a Betsabé.
Ella se presentó ante el rey y permaneció de pie en su presencia. 29Entonces el rey juró diciendo:
—Vive el Señor que me libró de todo peligro, 30que tal como te juré por el Señor, Dios de Israel, al decirte que tu hijo Salomón reinaría después de mí y que él se sentaría en mi trono, así lo haré hoy mismo.
31Betsabé cayó rostro en tierra y postrándose ante el rey dijo:
—¡Viva mi señor, el rey David, por siempre!
32El rey David ordenó:
—Llámenme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán y a Benaías, hijo de Yehoyadá.
Cuando ellos se presentaron ante el rey, 33éste dijo:
—Llévense con ustedes a los siervos de su señor; monten a mi hijo Salomón sobre mi propia mula y condúzcanlo a Guijón. 34Allí el sacerdote Sadoc y el profeta Natán le ungirán como rey sobre Israel. Ustedes harán sonar el cuerno y dirán: «¡Viva el rey Salomón!». 35Luego subirán detrás de él. Él vendrá, se sentará sobre mi trono y reinará en mi lugar. A él le constituiré jefe sobre Israel y sobre Judá.
36Benaías, hijo de Yehoyadá, respondió al rey:
—Que sea tal como lo dispone el Señor, Dios de mi señor, el rey. 37Como el Señor ha estado con mi señor, el rey, que esté así con Salomón y engrandezca su trono más aún que el de mi señor, el rey David.
38El sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaías, hijo de Yehoyadá, junto con los quereteos y peleteos, bajaron, montaron a Salomón sobre la mula del rey David y lo llevaron a Guijón. 39El sacerdote Sadoc tomó de la Tienda el cuerno con aceite y ungió a Salomón. Hicieron sonar el cuerno y todo el pueblo gritó: «¡Viva el rey Salomón!».
40Todo el pueblo subió detrás de él tocando flautas y regocijándose con una algazara tan grande que temblaba la tierra con sus voces.
41Justo al acabar de comer, Adonías y todos los invitados que le acompañaban lo oyeron. Joab, al escuchar el sonido del cuerno, dijo:
—¿A qué viene ese clamor de ciudad alborotada?
42Aún estaba él hablando cuando llegó Jonatán, hijo del sacerdote Abiatar. Entonces Adonías le dijo:
—Acércate, pues eres hombre valiente y traerás buenas noticias.
43Respondió Jonatán a Adonías:
—Al contrario. Nuestro señor, el rey David, ha nombrado rey a Salomón 44y ha enviado con él al sacerdote Sadoc, a Benaías, hijo de Yehoyadá, junto con los quereteos y peleteos, y le han montado en la mula del rey. 45Luego el sacerdote Sadoc y el profeta Natán le han ungido rey en Guijón. Desde allí han subido alborozados y la ciudad está conmocionada. Ése es el tumulto que han oído. 46Después Salomón se ha sentado en el trono real, 47e incluso los siervos del rey han ido a dar el parabién a nuestro señor, el rey David, diciendo: «Que Dios haga el nombre de Salomón más excelso que el tuyo, y su trono más grande que tu trono». Entonces el rey se ha inclinado en su lecho 48y ha hablado de esta forma: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que hoy ha dispuesto quién va a sentarse en mi trono cuando mis ojos aún lo pueden ver».
49Todos los invitados de Adonías se atemorizaron, se levantaron y se fueron cada uno por su lado. 50Adonías tuvo miedo de Salomón y, levantándose, fue y se agarró a los cuernos del altar.
51Le comunicaron a Salomón:
—Mira, Adonías, como tenía miedo del rey Salomón, se ha agarrado a los cuernos del altar y ha dicho: «Que hoy me jure el rey Salomón que no hará morir a espada a su siervo».
52Salomón respondió:
—Si es un hombre de bien, no caerá a tierra ni uno de sus cabellos; pero si se encuentra maldad en él, morirá.
53El rey Salomón envió gente para que lo bajaran del altar. Vino Adonías, se postró ante el rey Salomón, y éste le dijo:
—Vete a tu casa.
21 R1Cuando se acercaba el día de su muerte, David dio las siguientes instrucciones a su hijo Salomón:
2—Yo llego al término de todo lo perecedero. Tú, sé fuerte y pórtate como un hombre; 3guarda las disposiciones del Señor, tu Dios, caminando por sus sendas, cumpliendo sus leyes y sus mandamientos, sus normas y sus juicios, tal como están escritos en la Ley de Moisés, para que tengas éxito en todo lo que hagas y en cualquier parte a donde te dirijas; 4y para que el Señor cumpla la promesa que hizo acerca de mí: «Si tus hijos guardan sus caminos andando en mi presencia con sinceridad, con todo su corazón y con toda su alma, entonces no te faltará descendiente en el trono de Israel».
5»Ya te enteraste de qué es lo que me hizo Joab, hijo de Seruyá, y de lo que les hizo a los dos jefes del ejército de Israel, a Abner, hijo de Ner, y a Amasá, hijo de Yéter; de cómo los asesinó derramando sangre de guerra en tiempo de paz, manchando con sangre de guerra la faja que llevaba a la cintura y las sandalias que calzaba. 6Actúa según tu sabiduría y no permitas que sus canas bajen en paz al sheol.
7»En cambio, ten misericordia de los hijos de Barzilay, el galaadita: que sean tus comensales, porque también ellos me ayudaron cuando yo huía de tu hermano Absalón. 8Junto a ti está Semeí, hijo de Guerá, benjaminita de Bajurim, que me maldijo con la peor de las maldiciones el día que yo iba a Majanaim; luego bajó a mi encuentro al Jordán, y le juré por el Señor: «No te mataré a espada». 9Ahora no lo dejes impune. Tú eres inteligente y sabrás qué has de hacerle para enviar sus canas ensangrentadas al sheol.
10David fue a descansar con sus padres y fue sepultado en la Ciudad de David. 11El tiempo que reinó David sobre Israel fue cuarenta años: en Hebrón reinó siete años y en Jerusalén treinta y tres. 12Después Salomón se sentó sobre el trono de su padre David y reafirmó con fuerza su reino.
13Adonías, hijo de Jaguit, se presentó ante Betsabé, madre de Salomón. Ella le dijo:
—¿Vienes en son de paz?
Él respondió:
—En son de paz.
14Y añadió:
Ella contestó:
—Habla.
15Él dijo:
—Tú sabes que el reinado me pertenecía, y que todo Israel se había fijado en mí para que reinara; pero el reinado ha cambiado de destino y ha sido para mi hermano, porque el Señor lo había reservado para él. 16Ahora yo sólo te pido una cosa, no me la niegues.
Ella dijo:
—Habla.
17Él prosiguió:
—Pídele, por favor, al rey Salomón que me dé como esposa a Abisag, la sunamita, pues a ti no te lo negará.
18Contestó Betsabé:
—Está bien. Yo hablaré al rey en tu favor.
19Betsabé se presentó al rey Salomón para hablarle en favor de Adonías. Al verla, el rey se levantó, se inclinó ante ella y se sentó sobre su trono. Hizo poner otro trono para la madre del rey, y ésta se sentó a su derecha. 20Ella le dijo:
—Voy a pedirte sólo algo pequeño, no me lo niegues.
Le contestó el rey:
—Pide, madre mía, que no te lo negaré.
21Ella dijo:
—Que Abisag, la sunamita, sea dada como esposa a tu hermano Adonías.
22Respondió el rey Salomón a su madre:
—¿Por qué pides tú a Abisag, la sunamita, para Adonías? ¡Pide ya para él el reinado, pues él es mi hermano mayor y tiene de su parte al sacerdote Abiatar y a Joab, hijo de Seruyá!
23Entonces el rey Salomón juró por el Señor diciendo:
—Que Dios me haga esto y aquello me añada, pues Adonías ha pronunciado tales palabras contra su vida. 24Ahora, vive el Señor que me ha confirmado, me ha hecho sentar sobre el trono de mi padre David y me ha edificado una casa como había prometido, que hoy morirá Adonías.
25Y el rey Salomón mandó a Benaías, hijo de Yehoyadá, que lo matase; y murió.
26Luego, el rey dijo al sacerdote Abiatar:
—Vete a Anatot, a tus campos, pues eres reo de muerte. No te voy a matar hoy, porque llevaste el arca del Señor Dios delante de mi padre David y porque colaboraste en todo lo que mi padre emprendió.
27Salomón privó a Abiatar del sacerdocio del Señor, cumpliendo así las palabras del Señor pronunciadas sobre la casa de Elí en Siló.
28Las noticias llegaron a Joab, que había seguido el partido de Adonías, aunque no había seguido el de Absalón. Joab huyó a la tienda del Señor y se agarró a los cuernos del altar. 29Le comunicaron al rey Salomón que Joab había huido a la tienda del Señor y estaba junto al altar. Entonces Salomón envió a Benaías, hijo de Yehoyadá, diciéndole:
—Vete a matarlo.
30Benaías entró en la tienda del Señor y dijo a Joab:
—Lo ordena el rey: sal.
Él respondió:
—No saldré. Moriré aquí mismo.
Benaías volvió con el asunto al rey refiriéndole lo que Joab había dicho y lo que le había contestado. 31El rey le respondió:
—Haz tal como él ha dicho. Mátalo y entiérralo. Así quitarás de mí y de la casa de mi padre el peso de la sangre inocente que derramó Joab. 32El Señor hará recaer sobre su cabeza la sangre de dos hombres más justos y mejores que él, la de Abner, hijo de Ner, jefe del ejército de Israel, y la de Amasá, hijo de Yéter, jefe del ejército de Judá; sangre que él derramó matándolos a espada sin que lo supiera mi padre David. 33Que la sangre de éstos recaiga para siempre sobre la cabeza de Joab y sobre la cabeza de sus descendientes; y que haya paz eternamente para David, su descendencia, su casa y su trono de parte del Señor.
34Benaías, hijo de Yehoyadá, subió y le hirió de muerte. Le enterraron en su casa en el desierto. 35El rey puso en su lugar, al frente del ejército, a Benaías, hijo de Yehoyadá; y al sacerdote Sadoc lo puso en lugar de Abiatar.
36El rey mandó llamar a Semeí y le dijo:
—Constrúyete una casa en Jerusalén y establécete ahí, pero no salgas a ninguna parte 37porque el día que salgas y cruces el torrente Cedrón, ten por seguro que morirás; tu sangre recaerá sobre tu cabeza.
38Respondió Semeí al rey:
—Está bien: tal como ha ordenado mi señor, el rey, así hará tu siervo.
Semeí habitó mucho tiempo en Jerusalén.
39Pero después de tres años sucedió que dos siervos de Semeí huyeron adonde estaba Aquis, hijo de Maacá, rey de Gat, y se lo comunicaron a Semeí:
—Mira, tus siervos están en Gat.
40Semeí se levantó, aparejó su asno y marchó a Gat, donde estaba Aquis, para buscar a sus siervos. Semeí fue y trajo a sus siervos de Gat.
41Cuando le comunicaron a Salomón que Semeí había ido de Jerusalén a Gat y que había vuelto, 42el rey mandó llamar a Semeí y le dijo:
—¿No te juré por el Señor y te advertí: «El día que salgas y vayas a alguna parte, ten por seguro que vas a morir»? ¿Y tú no me contestaste: «Está bien, he entendido»? 43¿Por qué, entonces, no has guardado el juramento ante el Señor y el mandato que te impuse?
44Y siguió diciendo el rey a Semeí:
—Tú sabías todo el mal que hacías a mi padre David, pues tu corazón era consciente. Ahora el Señor hace recaer tu maldad sobre tu cabeza 45mientras que el rey Salomón es bendecido y el trono de David permanecerá firme ante el Señor por los siglos.
46El rey dio órdenes a Benaías, hijo de Yehoyadá, que salió, y le hirió de muerte. Y la realeza quedó reafirmada en manos de Salomón.
31 R1Salomón emparentó con Faraón, rey de Egipto. Tomó a la hija de Faraón y la condujo a la ciudad de David hasta que terminó de construir su palacio, el Templo del Señor y la muralla en torno a Jerusalén.
2El pueblo todavía ofrecía sacrificios en los lugares altos porque no estaba construido el Templo al nombre del Señor. 3Salomón amaba al Señor y caminaba en los preceptos de su padre David, pero aún ofrecía sacrificios y quemaba incienso en los lugares altos. 4El rey fue a Gabaón a ofrecer allí sacrificios porque era el lugar alto más importante. Salomón ofreció mil holocaustos sobre aquel altar.
5En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en sueños durante la noche. Y Dios le dijo:
—Pide qué quieres que te dé.
6Salomón respondió:
—Tú obraste con gran misericordia hacia tu siervo, mi padre David, y él caminó en tu presencia con fidelidad, justicia y rectitud de corazón. Mantuviste con él gran misericordia y le concediste un hijo que se sentara sobre su trono tal como sucede hoy. 7Ahora, Señor, Dios mío, Tú has hecho reinar a tu siervo en lugar de mi padre David. Yo soy un niño pequeño que no sé conducirme; 8tu siervo está en medio del pueblo que Tú te elegiste, un pueblo numeroso que no puede ser contado ni censado debido a su multitud. 9Concede a tu siervo un corazón dócil para juzgar a tu pueblo y para saber discernir entre el bien y el mal. Pues, ¿quién podrá juzgar a tu pueblo siendo éste tan grande?
10Fue grato a los ojos del Señor que Salomón hubiera pedido tal cosa. 11Y Dios le respondió:
—Porque has hecho esta petición y no has pedido para ti ni muchos años, ni riquezas, ni la vida de tus enemigos, sino que pediste para ti discernimiento para escuchar juicios, 12mira que yo he obrado según tus palabras: te he dado un corazón sabio e inteligente; hasta el punto que no ha habido antes otro como tú, ni existirá después. 13Además te he concedido lo que no has pedido para ti: riquezas y gloria tales, que ningún rey te igualará en todos tus años. 14Y si sigues mis caminos guardando mis leyes y mis mandamientos como los siguió tu padre David, yo prolongaré tus años.
15Se despertó Salomón y resultó que había sido un sueño. Entró en Jerusalén y se detuvo ante el arca de la alianza del Señor; ofreció holocaustos, sacrificó víctimas pacíficas y dio un banquete a todos sus servidores.
16Entonces llegaron hasta el rey dos prostitutas y se presentaron ante él. 17Una de ellas le dijo:
—Perdón, mi señor, esta mujer y yo vivíamos en la misma casa y, estando con ella allí, yo di a luz. 18Al tercer día de haber dado yo a luz, también ella dio a luz. Vivíamos juntas sin que hubiera ningún extraño con nosotras en casa; sólo estábamos en casa nosotras dos. 19Una noche murió el hijo de esta mujer porque ella se recostó sobre él. 20Entonces se levantó durante la noche, se llevó de mi lado a mi hijo mientras tu sierva dormía y lo acostó en su regazo; y a su hijo muerto lo acostó en el mío. 21Cuando me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, estaba muerto; pero me fijé bien en él a la luz de la mañana y resultó que no era el hijo que yo había dado a luz.
22Respondió la otra mujer:
—No, mi hijo es el que está vivo, y el tuyo es el muerto.
Pero la primera decía:
—No, tu hijo es el muerto, y el mío, el que está vivo.
Así discutían delante del rey.
23Entonces dijo el rey:
—La una dice: «Mi hijo es éste, el que está vivo; el tuyo es el muerto». La otra dice: «No, tu hijo es el muerto; el mío, el que está vivo».
24Y el rey añadió:
—Tráiganme una espada.
Enseguida presentaron la espada al rey, 25y el rey ordenó:
—Partan en dos al niño vivo. Den una mitad a ésta, y otra mitad a la otra.
26La mujer de la que era el hijo vivo, al conmovérsele las entrañas por su hijo, suplicó al rey:
—Por favor, mi señor, denle a ella el niño que está vivo. No lo maten.
Pero la otra decía:
—Que no sea ni para mí ni para ti. Que lo partan.
27Entonces habló el rey y dijo:
—Denle a la primera mujer el niño que está vivo, y no lo maten. Ella es su madre.
28Todo Israel se enteró de la sentencia que había dictado el rey, y sintieron temor ante él porque veían que la sabiduría de Dios estaba con él para administrar justicia.
41 R1El rey Salomón reinaba sobre todo Israel. 2Éstos eran sus ministros: Azarías, hijo de Sadoc, era sacerdote; 3Elijóref y Ajías, hijos de Sisá, eran secretarios; Josafat, hijo de Ajilud, era canciller; 4Benaías, hijo de Yehoyadá, estaba al frente del ejército; Sadoc y Abiatar, eran sacerdotes; 5Azarías, hijo de Natán, estaba al frente de los gobernadores; Zabud, hijo de Natán, era sacerdote privado del rey; 6Ajisar era mayordomo, y Adoniram, hijo de Abdá, estaba al frente de la recaudación.
7Salomón tenía para todo Israel doce gobernadores que proveían al rey y a su palacio; a cada uno le tocaba proveer un mes al año. 8Éstos eran sus nombres: Ben–Jur, en la montaña de Efraím; 9Ben–Déquer, en Macás, Saalbim, Bet-Semes, Elón y Bet-Janán; 10Ben–Jésed, en Arubot, a quien le corresponde Socó y toda la región de Jéfer; 11Ben–Abinadab, en toda la zona de Dor; su esposa era Tafat, hija de Salomón; 12Baaná, hijo de Ajilud, en Tanac, Meguido y todo Bet–Seán que está junto a Saretón, debajo de Yizreel, desde Bet-Seán hasta Abel-Mejolá y hasta más allá de Yocmeam; 13Ben–Guéber, en Ramot-Galaad, al que pertenecían las aldeas de Yaír, hijo de Manasés, que están en Galaad; y también el monte de Argob que está en Basán, sesenta ciudades grandes amuralladas y con cerrojos de bronce. 14Ajinadab, hijo de Idó, en Majanaim; 15Ajimaas —que también se había casado con una hija de Salomón, Basemat—, en Neftalí; 16Baaná, hijo de Jusay, en Aser y Bealot; 17Josafat, hijo de Parúaj, en Isacar; 18Semeí, hijo de Elá, en Benjamín; 19Guéber, hijo de Urí, en las regiones de Galaad, en la de Sijón, rey de los amorreos, y en la de Og, rey de Basán. Había un único gobernador de la región.
20Judá e Israel eran tan numerosos como las arenas de la orilla del mar. Comían, bebían y eran felices.
51 R1Salomón gobernaba en todos los reinos comprendidos desde el Río hasta el país de los filisteos y la frontera de Egipto. Éstos le pagaron tributo y fueron vasallos de Salomón mientras vivió. 2El aprovisionamiento diario de Salomón incluía treinta cargas de flor de harina, sesenta cargas de harina corriente, 3diez bueyes cebados, veinte toros de pasto y cien ovejas; aparte de gacelas, gansos y aves de corral. 4Él, en efecto, dominaba en todo el otro lado del Río, desde Tifsaj hasta Gaza, y sobre todos los reyes del otro lado del Río. Gozó de paz con todos los territorios de alrededor. 5Judá e Israel vivieron tranquilos, cada hombre bajo su parra y su higuera, desde Dan hasta Berseba, durante todos los días de Salomón. 6Salomón poseía cuatro mil caballos de tiro y doce mil de montar. 7Cada uno de los gobernadores, el mes que le tocaba, proveía al rey Salomón y a cuantos se acercaban a su mesa sin que permitiesen que faltara nada. 8Cada uno, según su turno, traía cebada y paja para los caballos y corceles al lugar en el que el rey se encontraba.
9Dios también concedió a Salomón una sabiduría y una inteligencia muy notables y un corazón tan grande como la arena de las orillas del mar. 10La sabiduría de Salomón sobrepasaba la sabiduría de todos los hijos de oriente y toda la sabiduría de Egipto. 11Fue el más sabio de todos los hombres, más que Etán, el ezrajita, y más que Hemán, Calcol y Dardá, hijos de Majol. Su fama se extendió por todas las naciones de alrededor. 12Pronunció tres mil proverbios, y sus canciones fueron cinco mil. 13Habló acerca de las plantas, desde el cedro que está en el Líbano, hasta el hisopo que brota en las paredes. Disertó sobre animales de carga, aves, reptiles y peces. 14De todos los pueblos venían a escuchar la sabiduría de Salomón gentes enviadas por todos los reyes de la tierra que habían oído hablar de su sabiduría.
15Jiram, rey de Tiro, envió a sus siervos a Salomón porque se enteró de que le habían ungido rey en lugar de su padre, y Jiram había sido desde siempre amigo de David. 16Salomón mandó decir a Jiram:
17—Tú conociste a mi padre David, y sabes que él no pudo construir un Templo en honor del nombre del Señor, su Dios, a causa de las guerras que le envolvieron hasta que el Señor puso a sus enemigos bajo las plantas de sus pies. 18Ahora, el Señor, mi Dios, me ha concedido tranquilidad por todas partes; no tengo adversarios ni guerras. 19Por tanto, he decidido construir un Templo en honor del nombre del Señor, mi Dios, tal como el Señor habló a mi padre David diciendo: «Tu hijo, al que estableceré sobre tu trono después de ti, edificará el Templo en honor de mi nombre». 20Ahora, pues, ordena que corten cedros del Líbano para mí. Mis siervos acompañarán a los tuyos, y yo te pagaré el jornal de tus siervos tal como lo establezcas, porque tú sabes que no hay entre nosotros quien entienda de cortar árboles como los sidonios.
21Cuando Jiram oyó las palabras de Salomón, se alegró mucho y exclamó:
—Bendito sea hoy el Señor, pues ha concedido a David un hijo sabio para ese pueblo numeroso.
22Y Jiram mandó decir a Salomón:
—He escuchado el mensaje que me enviaste. Cumpliré todos tus deseos sobre las maderas de cedro y de abeto. 23Mis siervos las bajarán desde el Líbano hasta el mar. Yo las transportaré en balsas por mar hasta el lugar que me indiques. Las descargaré allí y tú te las llevarás. Por tu parte, cumplirás mi deseo suministrándome alimentos para mi casa.
24Jiram proporcionaba a Salomón toda la madera de cedro y de abeto que éste quería. 25Y Salomón le entregaba a Jiram veinte mil cargas de trigo para el alimento de su casa y veinte cargas de aceite de oliva prensada. Todo esto entregaba Salomón a Jiram año tras año. 26El Señor otorgó sabiduría a Salomón, tal como le había prometido. Hubo paz entre Jiram y Salomón, y ambos sellaron una alianza.
27El rey Salomón reclutó gente de todo Israel, y el reclutamiento llegó a treinta mil hombres. 28Enviaba alternativamente al Líbano diez mil al mes: un mes estaban en el Líbano y dos meses en sus casas. Al frente del reclutamiento estaba Adoniram. 29Salomón tenía además setenta mil hombres para el transporte y ochenta mil canteros en la montaña, 30sin contar a los encargados por él para estar al frente del trabajo: tres mil trescientos que dirigían a la gente que realizaba la obra. 31El rey ordenó que se extrajeran piedras grandes, piedras costosas para cimentar el Templo con piedras sillares. 32Luego las labraban los canteros de Salomón, los de Jiram y los guiblitas, y preparaban las maderas y las piedras para edificar el Templo.
61 R1El año cuatrocientos ochenta de la salida de los israelitas del país de Egipto, el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de Ziv, es decir, el segundo mes, se comenzó a construir el Templo del Señor. 2El Templo que el rey Salomón construyó al Señor tenía sesenta codos de largo, veinte de ancho y treinta de alto. 3El vestíbulo delante del Santuario del Templo medía veinte codos conforme al ancho del Templo, y diez codos desde el frontal del Templo. 4Puso en el Templo ventanas con marcos y celosías. 5Edificó, adosada al mismo Templo, una galería que rodeaba los muros del Templo, el Santuario y el Santo de los Santos; y construyó habitaciones laterales todo alrededor. 6A lo ancho, la galería de abajo tenía cinco codos, la del medio seis y la tercera siete, porque puso salientes por fuera alrededor del Templo para que las vigas no entrasen en los muros del Templo.
7La construcción del Templo se realizó con piedra tallada en la cantera, de modo que durante la construcción no se oía ni el martillo, ni el cincel, ni ningún instrumento de hierro. 8La entrada a la galería de abajo estaba al lado derecho del Templo; por una escalera de caracol se subía a la galería de en medio, y de ésta a la tercera. 9Cuando terminó de edificar el Templo, lo cubrió con artesonados y paneles de cedro. 10Construyó la galería de cinco codos de altura por todo el Templo y la adosó al Templo con vigas de cedro.
11Entonces la palabra del Señor llegó a Salomón diciendo:
12—Éste es el Templo que tú estás construyendo, y si caminas según mis leyes, cumples mis normas y guardas todos mis mandamientos caminando según ellos, Yo mantendré contigo mi promesa que hice a tu padre David. 13Habitaré en medio de los israelitas y no abandonaré a mi pueblo Israel.
14Salomón terminó de edificar el Templo. 15Recubrió el interior de las paredes del Templo con maderas de cedro; revistió el interior de madera, desde el suelo del Templo hasta la parte que toca el techo. También cubrió el suelo del Templo con madera de abeto. 16En la parte posterior del Templo recubrió veinte codos con madera de cedro, desde el suelo hasta lo alto de las paredes; y los destinó a camarín o Santo de los Santos. 17El Templo, es decir, el Santuario de delante, medía cuarenta codos. 18El cedro en el interior del Templo tenía bajorrelieves de frutas y guirnaldas de flores. Era todo cedro sin que se viese la piedra.
19Dispuso el Santo de los Santos en el interior, al fondo del Templo, para colocar allí el arca de la alianza del Señor. 20El Santo de los Santos era de veinte codos de largo, veinte de ancho y veinte de alto, y lo recubrió de oro puro. El altar, en cambio, lo hizo de cedro. 21Salomón también recubrió el interior del Templo de oro puro. Colocó unas cadenas doradas delante del Santo de los Santos y las recubrió de oro. 22Recubrió de oro todo el Templo, absolutamente todo, y el altar para el Santo de los Santos también lo revistió de oro.
23Puso en el Santo de los Santos dos querubines de madera de olivo de diez codos de altura. 24Un ala del querubín medía cinco codos, y otros cinco la otra, de forma que tenía diez codos de un extremo al otro de las alas. 25El otro querubín también medía diez codos; los dos querubines tenían la misma medida y la misma forma. 26La altura de un querubín era de diez codos, y lo mismo la del otro. 27Situó los querubines en medio de la parte interior del Templo, y éstos extendían sus alas de forma que el ala de un querubín tocaba una pared y el ala del otro querubín tocaba la pared de enfrente. Sus otras dos alas se tocaban, ala con ala, en el centro del Templo. 28También revistió de oro los querubines. 29Labró todas las paredes alrededor del Templo con bajorrelieves de querubines, palmas y guirnaldas de flores por dentro y por fuera. 30También recubrió con oro el suelo del Templo, tanto el interior como el exterior.
31Para la entrada del Santo de los Santos hizo puertas de madera de olivo con jambas de cinco molduras. 32Las dos hojas de la puerta eran de madera de olivo y sobre ellas labró bajorrelieves de querubines, palmas y guirnaldas de flores que revistió de oro aplicándolo sobre los querubines y las palmas. 33De igual modo, hizo para la entrada al Santuario jambas de madera de olivo con cuatro molduras 34y dos puertas de madera de abeto; los dos batientes de cada una de las puertas eran giratorios. 35Labró relieves de querubines, palmas y guirnaldas de flores, y los recubrió de oro.
36También construyó el atrio interior con tres hileras de piedras sillares y una de vigas de cedro.
37El año cuarto, en el mes de Ziv, se pusieron los cimientos del Templo del Señor; 38y el año undécimo del mes de Bul, que es el octavo mes, se terminó el Templo en todos los detalles según su proyecto. Lo construyó en siete años.
71 R1Salomón empleó trece años en construir su palacio, hasta que éste quedó totalmente acabado. 2Construyó el edificio llamado Bosque del Líbano, de cien codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto, sobre cuatro hileras de columnas de cedro, y vigas de cedro sobre las columnas. 3Una techumbre de cedro descansaba sobre el armazón que se había colocado encima de las cuarenta y cinco columnas, quince en cada hilera. 4Y había tres filas de ventanas con celosías, unas frente a otras en grupos de tres. 5Todas las puertas y ventanas tenían marco rectangular, y quedaban ventana frente a ventana en grupos de tres. 6Levantó también un pórtico con columnas de cincuenta codos de largo y treinta de ancho; y delante de éste, otro pórtico con columnas y un tejadillo por delante. 7También levantó el pórtico del trono donde administraba justicia, el llamado Pórtico de la Justicia, con un techo de cedro cubriendo todo el pavimento. 8La residencia en la que él habitaba, en otro atrio dentro del pórtico, tenía la misma estructura. Construyó también otra residencia con un pórtico semejante para la hija de Faraón, a la que Salomón había tomado como esposa.
9Todo esto, desde los cimientos hasta las cornisas, y desde los muros exteriores hasta el atrio principal, estaba construido de piedras costosas, labradas a escuadra y cortadas con la sierra por delante y por detrás. 10Los cimientos eran de piedras costosas, piedras grandes de diez y de ocho codos. 11La parte de arriba era también de piedras costosas, labradas a escuadra, y de madera de cedro. 12El atrio principal tenía alrededor tres hileras de piedras labradas y una de madera de cedro, igual que el atrio interior del Templo del Señor y que el pórtico del palacio.
13El rey Salomón mandó traer a Jiram desde Tiro. 14Éste era hijo de una viuda de la tribu de Neftalí y de padre tirio. Trabajaba el bronce y dominaba la técnica, la ciencia y el arte para realizar cualquier trabajo en bronce. Se presentó al rey Salomón y realizó todos sus encargos.
15Hizo dos columnas de bronce, cada una de dieciocho codos de altura y doce de circunferencia; su grosor era de cuatro dedos y estaban huecas por dentro. 16Luego fabricó dos capiteles de bronce fundido para ponerlos sobre las columnas: un capitel tenía cinco codos de altura, y cinco el otro. 17Tejió una especie de red con cadenillas para los capiteles que coronaban las columnas; siete para un capitel y siete para el otro. 18Labró dos hileras de granadas alrededor de las redecillas para adornar los capiteles que coronaban las columnas; así lo hizo en cada capitel. 19Los capiteles que coronaban las columnas del pórtico tenían forma de lirio y medían cuatro codos. 20Los capiteles que coronaban las dos columnas llevaban alrededor, en la parte superior que sobresalía de la redecilla, doscientas granadas en hilera; así en uno y otro capitel. 21Levantó las columnas delante del pórtico del Santuario: puso en pie la de la derecha, y la llamó Yaquín; luego puso en pie la de la izquierda, y la llamó Boaz. 22En lo alto de las columnas quedaba una especie de lirio. Así quedó acabada la obra de las columnas.
23Luego fabricó un depósito de metal fundido, de diez codos de diámetro, perfectamente redondo, y de cinco codos de alto; su circunferencia era de treinta codos. 24Por debajo del borde lo rodeaban bajorrelieves de frutos; dos hileras de bajorrelieves fundidos al mismo tiempo que el depósito. 25Descansaba sobre doce toros: tres miraban al norte, tres al oeste, tres al sur y tres al este. El depósito se asentaba sobre ellos, y éstos tenían sus partes traseras hacia dentro. 26El grosor del depósito era de un palmo, y su borde parecía el borde del cáliz de una flor de lirio. Tenía una capacidad de dos mil medidas.
27Hizo también diez lavabos de bronce; cada uno de cuatro codos de largo, cuatro de ancho y tres de alto. 28Estaban hechos de la siguiente forma. Tenían unos paneles que iban insertados entre molduras. 29En los paneles que iban entre las molduras había leones, bueyes y querubines; y lo mismo sobre las molduras. Por encima y debajo de los leones y bueyes, había guirnaldas de flores, que habían sido repujadas. 30Cada lavabo tenía cuatro ruedas de bronce, con ejes también de bronce, y cuatro pies con unos soportes fundidos debajo del aguamanil, cada uno en el lado opuesto a las guirnaldas. 31La embocadura del lavabo era redonda, de codo y medio, y sobre la embocadura había diversas entalladuras; los paneles de la embocadura eran cuadrados y no redondos. 32Las cuatro ruedas estaban debajo de los paneles, y los ejes de las ruedas unidos al lavabo; cada rueda tenía codo y medio de altura. 33Esas ruedas eran como suelen hacerse las ruedas de un carro, con sus ejes, llantas, radios y cubos, pero todo de fundición. 34Los cuatro soportes, en los cuatro ángulos del lavabo, habían sido fundidos al mismo tiempo que el lavabo y formaban un cuerpo con él. 35En la parte superior del lavabo había una especie de círculo de medio codo y, en este punto, los ejes y los paneles formaban un solo cuerpo con él. 36Sobre las planchas, los ejes y los paneles grabó querubines, leones y palmas, según el espacio de cada uno, y, alrededor, guirnaldas de flores. 37Así fabricó los diez lavabos, con el mismo molde, la misma medida y la misma forma. 38Hizo también diez aguamaniles de bronce: cada uno tenía una capacidad de cuarenta medidas y medía cuatro codos. Puso un aguamanil en cada uno de los diez lavabos. 39Después colocó los lavabos: cinco a la derecha del Templo y cinco a la izquierda. El depósito de bronce lo colocó al lado derecho del Templo, mirando al sur.
40Jiram fabricó también los calderos, los badiles y los aspersorios y concluyó todo el trabajo para el rey Salomón en el Templo del Señor: 41las dos columnas, las esferas de los capiteles que coronaban las dos columnas y las dos redecillas para adornar las dos esferas que coronaban las columnas; 42las cuatrocientas granadas para las dos redecillas, las dos series de granadas en cada redecilla para adornar las esferas de los capiteles que coronaban las columnas; 43los diez lavabos y los diez aguamaniles sobre los lavabos; 44el depósito y los doce bueyes debajo de él; 45los calderos, los badiles y los aspersorios.
Todos los utensilios que hizo Jiram para el rey Salomón en el Templo del Señor eran de bronce bruñido. 46El rey los mandó fundir en moldes de arcilla en la cuenca del Jordán, entre Sucot y Saretón. 47Salomón hizo fundir tal cantidad de utensilios que no podía calcularse el peso del bronce.
48Salomón hizo también todos los objetos que había en el Templo del Señor: el altar de oro, la mesa de oro sobre la que se ponían los panes de la proposición; 49los candelabros de oro puro colocados delante del Santo de los Santos, cinco a la derecha y cinco a la izquierda, con flores, lámparas y tenacillas de oro; 50las copas, los cuchillos, los aspersorios, los incensarios y los ceniceros de oro puro; los goznes de las puertas de la cámara interior del Santo de los Santos y de las puertas del edificio del Templo, también de oro.
51Quedó completada la obra que realizó el rey Salomón para el Templo del Señor. Después Salomón llevó los objetos consagrados por su padre David, la plata, el oro y los utensilios, y los depositó en el tesoro del Templo del Señor.
81 R1Entonces Salomón congregó en Jerusalén ante él a todos los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus y a los cabezas de familia de los israelitas, para trasladar el arca de la alianza del Señor desde la ciudad de David, esto es, desde Sión. 2Todos los israelitas se reunieron en torno al rey Salomón en el mes de Etanim, es decir, el mes séptimo, con motivo de la fiesta. 3Llegaron todos los ancianos de Israel. Los sacerdotes cargaron con el arca 4y subieron el arca del Señor, junto con la Tienda de la Reunión y todos los objetos sagrados que había en la Tienda. Los subieron los sacerdotes y los levitas. 5El rey Salomón y toda la comunidad de Israel que se le había unido sacrificaron con él, ante el arca, un número incalculable de ovejas y de bueyes. 6A continuación los sacerdotes introdujeron el arca de la alianza del Señor en su lugar reservado, el camarín del Templo, el Santo de los Santos, debajo de las alas de los querubines. 7De esta forma, los querubines con las alas extendidas sobre el lugar del arca protegían desde arriba el arca y sus varales. 8Como los varales eran muy largos, sus extremos se veían desde el Santo delante del camarín, pero no se veían desde fuera. Allí están hasta el día de hoy. 9Dentro del arca no había nada más que las dos tablas de piedra que había puesto allí Moisés en el Horeb, cuando el Señor pactó la alianza con los israelitas al salir éstos del país de Egipto.
10Y cuando los sacerdotes salían del Santuario, la nube llenó el Templo del Señor. 11Y los sacerdotes no pudieron permanecer allí ni realizar su sacrificio a causa de la nube, porque la gloria del Señor había llenado el Templo del Señor. 12Entonces exclamó Salomón:
— El Señor ha dicho que habita en la nube oscura.
13Y yo he construido un Templo, morada para ti,
un lugar para que habites siempre.
14Luego el rey volvió su rostro y bendijo a toda la asamblea de Israel, mientras toda la asamblea de Israel permanecía en pie. 15Y dijo:
—Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que habló por su boca a mi padre David y cumplió con su mano lo que dijo: 16«Desde el día que saqué a mi pueblo Israel de Egipto, no he escogido de entre todas las tribus de Israel ninguna ciudad para edificar en ella un Templo donde estuviese mi nombre. Elegí a David para ponerlo al frente de mi pueblo Israel». 17Mi padre David se propuso edificar un Templo en honor del nombre del Señor, Dios de Israel; 18pero el Señor le dijo a mi padre David: «Has proyectado edificar un Templo en honor de mi nombre, y has hecho bien en tener ese proyecto; 19pero tú no edificarás el Templo, sino que será tu hijo, salido de tus entrañas, el que edificará el Templo en honor de mi nombre». 20Y el Señor ha mantenido la palabra que pronunció. Yo he sucedido a mi padre David, me he sentado en el trono de Israel, tal como me lo prometió el Señor, y he edificado el Templo en honor del nombre del Señor, Dios de Israel. 21Allí he dispuesto un lugar para el arca que contiene la alianza que el Señor estableció con nuestros padres cuando los sacó del país de Egipto.
22Luego Salomón se colocó delante del altar del Señor, a la vista de toda la asamblea de Israel, y levantando las manos hacia el cielo 23dijo:
—Señor, Dios de Israel, no hay Dios como Tú, ni arriba en el cielo, ni abajo en la tierra: Tú guardas la alianza y la fidelidad con tus siervos que caminan en tu presencia con todo su corazón. 24Tú mantuviste a tu siervo David, mi padre, lo que le habías prometido; hablaste por tu boca y cumpliste con tu mano, como se ve en el día de hoy. 25Ahora, Señor, Dios de Israel, cumple a tu siervo David, mi padre, lo que le prometiste al decirle: «No te faltará ante mí un descendiente que se siente en el trono de Israel; pero sólo si tus hijos guardan sus sendas, caminando en mi presencia como tú has caminado ante mí». 26Ahora, Señor, Dios de Israel, que se confirmen tus palabras, las que Tú dijiste a tu siervo David, mi padre. 27Pero, ¿acaso puede Dios habitar realmente en la tierra? Si el cielo y los cielos de los cielos no pueden contenerte, ¡cuánto menos este Templo que yo he edificado! 28Atiende la oración de tu siervo y su súplica, Señor, Dios mío, escuchando el clamor y la oración que tu siervo pone hoy ante ti. 29Ten los ojos día y noche atentos a este Templo, al lugar del que dijiste: «Allí estará mi nombre», y escucha la oración que tu siervo te dirige en este lugar. 30Escucha el clamor que tu siervo y que tu pueblo Israel te presenten en este lugar. Tú lo escucharás en el lugar de tu morada, en el cielo; lo escucharás y les perdonarás.
31»Cuando alguno peque contra su prójimo y pese sobre él un juramento imprecatorio, si el juramento es presentado ante tu altar en este Templo, 32Tú escucharás en el cielo: actuarás y harás justicia a tus siervos condenando al malvado, haciendo recaer su palabra sobre su cabeza, y declarando justo al justo retribuyéndole según su justicia.
33»Cuando tu pueblo Israel caiga ante sus enemigos por haber pecado contra ti, si se vuelve hacia ti, confiesa tu nombre, te suplica y eleva su clamor en este Templo, 34Tú escucharás en el cielo: perdonarás el pecado de tu pueblo Israel y lo harás volver a la tierra que diste a sus padres.
35»Cuando se cierre el cielo y no haya lluvia porque hubiesen pecado contra ti, si rezan en este lugar y confiesan tu nombre, y se convierten de sus pecados al ser castigados, 36Tú escucharás en el cielo: perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, les mostrarás el buen camino por el que han de ir, y concederás la lluvia sobre la tierra que diste en herencia a tu pueblo.
37»Cuando en el país haya hambre, peste, tizón, añublo, langosta o pulgón; cuando le cerque su enemigo en alguna de las ciudades; cuando haya cualquier plaga o enfermedad, 38toda oración y toda súplica que haga cualquiera perteneciente a tu pueblo Israel, al reconocer la plaga de su corazón y extender sus manos hacia este Templo, 39Tú escucharás en el cielo, lugar de tu morada: perdonarás y actuarás; retribuirás a cada uno según su conducta, pues conoces su corazón, ya que sólo Tú conoces el corazón de todos los hombres. 40Así te temerán todos mientras vivan sobre la tierra que diste a nuestros padres.
41»Incluso el extranjero que no pertenece a tu pueblo Israel, cuando venga de un país lejano por causa de tu nombre 42—pues se oirá hablar de tu gran nombre, de tu mano poderosa y de tu brazo extendido—, cuando venga y rece en este Templo, 43Tú escucharás en el cielo, lugar de tu morada, y obrarás según todo aquello por lo que clame a ti el extranjero, para que todos los pueblos de la tierra reconozcan tu nombre, te teman lo mismo que tu pueblo Israel, y sepan que tu nombre es invocado en este Templo que yo te he edificado.
44»Cuando tu pueblo salga a la guerra contra sus enemigos por el camino que Tú lo envíes, si te imploran vueltos hacia la ciudad que has elegido y al Templo que he edificado en honor de tu nombre, 45Tú escucharás en el cielo su súplica y su clamor, y les harás justicia.
46»Cuando pequen contra ti —pues no hay hombre que no peque—, y te irrites contra ellos y les entregues en manos del enemigo que los lleve cautivos a su país, lejos o cerca, 47si estando en la tierra a la que han sido conducidos, recapacitan en su corazón y se convierten, y claman a ti en su cautividad diciendo: «Hemos pecado, hemos obrado mal, somos culpables»; 48si se convierten a ti con todo su corazón y toda su alma en el país de sus enemigos al que fueron conducidos, y te suplican vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, a la ciudad que te has elegido y al Templo que yo he edificado en honor de tu nombre, 49Tú escucharás su súplica y su clamor en el cielo, lugar de tu morada, y les harás justicia: 50perdonarás a tu pueblo lo que pecó contra ti, y todas las rebeldías con las que se rebelaron contra ti, y les concederás misericordia por parte de quienes los llevaron cautivos, que se apiadarán de ellos. 51Porque son tu pueblo y tu heredad, a los que Tú sacaste de Egipto, de en medio de un horno de hierro. 52Tus ojos estarán atentos al clamor de tu siervo y al clamor de tu pueblo Israel; les escucharás en todo lo que te pidan. 53Tú los separaste para ti como heredad de entre todos los pueblos de la tierra, tal y como hablaste por medio de Moisés, tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, Señor, Dios mío.
54Cuando Salomón terminó de elevar al Señor todas estas oraciones y súplicas, se levantó de delante del altar del Señor, donde había estado de rodillas con las manos extendidas hacia el cielo. 55Puesto de pie, bendijo a toda la asamblea de Israel con fuerte voz diciendo:
56—Bendito sea el Señor que ha concedido tranquilidad a su pueblo Israel tal como había prometido; no ha fallado ni una sola de cuantas cosas buenas prometió por medio de su siervo Moisés. 57Que el Señor, Dios nuestro, esté con nosotros, como estuvo con nuestros padres; que no nos abandone ni se aleje de nosotros. 58Que atraiga hacia Él nuestros corazones para que caminemos en todas sus sendas y guardemos sus mandamientos, leyes y normas que dio a nuestros padres. 59Que estas palabras mías con las que he clamado al Señor lleguen, de día y de noche, al Señor, Dios nuestro, para que haga justicia a su siervo y a su pueblo Israel en todo tiempo, 60de forma que todos los pueblos de la tierra conozcan que el Señor es Dios y no hay otro. 61Que el corazón de ustedes sea íntegro para el Señor, Dios nuestro, que caminen según sus preceptos y que guarden sus mandatos como el día de hoy.
62El rey, y todo Israel con él, ofrecía sacrificios ante el Señor. 63Salomón ofreció sacrificios pacíficos inmolándolos al Señor: veintidós mil de ganado mayor y ciento veinte mil de ganado menor. Y el rey y todos los israelitas dedicaron el Templo al Señor. 64Aquel día el rey consagró el centro del atrio que está delante del Templo del Señor, pues allí hizo el holocausto, la oblación y la ofrenda de las grasas de los sacrificios pacíficos, ya que el altar de bronce que había delante del Señor era demasiado pequeño para contener el holocausto, la oblación y la ofrenda de las grasas de los sacrificios pacíficos. 65En aquella ocasión, Salomón y con él todo Israel, una enorme asamblea reunida desde la frontera de Jamat y desde el río de Egipto, celebraron fiesta ante el Señor, Dios nuestro, durante siete días. 66Al octavo día despidió al pueblo; ellos bendijeron al rey y, alegres, marcharon a sus tiendas con el corazón lleno de gozo por todos los bienes que el Señor había concedido a su siervo David y a su pueblo Israel.
91 R1Cuando Salomón terminó de edificar el Templo del Señor, el palacio real y todos los proyectos que Salomón se había propuesto realizar, 2el Señor se apareció a Salomón por segunda vez como se le había aparecido en Gabaón. 3Le dijo el Señor:
—He escuchado tu oración y la súplica que has elevado ante mí. He santificado este Templo que tú has construido para que permanezca mi nombre en él eternamente, y mis ojos y mi corazón estarán siempre ahí. 4Si tú caminas en mi presencia como caminó tu padre David, con sencillez de corazón y rectitud, cumpliendo todo lo que te he mandado y guardando mis leyes y mis normas, 5Yo consolidaré para siempre el trono de tu realeza sobre Israel, tal como prometí a tu padre David: «No te faltará un descendiente sobre el trono de Israel». 6Pero si ustedes y sus hijos me abandonan y no guardan mis mandamientos y mis leyes tal como les he propuesto, sino que siguen a otros dioses, les dan culto y los adoran, 7Yo suprimiré a Israel de la tierra que les he dado, apartaré de mi vista la casa que he consagrado a mi nombre e Israel servirá de proverbio y de fábula entre todos los pueblos, 8y este Templo se convertirá en ruinas. Todos los que pasen ante él quedarán estupefactos, silbarán y preguntarán: «¿Por qué ha obrado así el Señor con este país y este Templo?». 9Y les responderán: «Porque abandonaron al Señor, su Dios, que había sacado a sus padres del país de Egipto y siguieron a otros dioses, les adoraron y les dieron culto; por eso el Señor ha traído sobre ellos toda esta desgracia».
10Pasados veinte años, después de que Salomón construyera los dos edificios, el Templo del Señor y el palacio real, 11y de que Jiram, rey de Tiro, hubiera proporcionado a Salomón madera de cedro y de abeto y todo el oro que necesitó, el rey Salomón entregó a Jiram veinte ciudades en la región de Galilea. 12Jiram salió de Tiro para ver las ciudades que le había dado Salomón pero no le gustaron. 13Entonces dijo:
—¿Qué ciudades son éstas que me has dado, hermano mío?
Y las llamó País de Cabul, hasta el día de hoy.
14Jiram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro.
15Éste fue el motivo del reclutamiento que hizo el rey Salomón: edificar el Templo del Señor, su propio palacio, el Miló y la muralla de Jerusalén, Jasor, Meguido y Guézer. 16Faraón, rey de Egipto, había subido y ocupado Guézer, y la había incendiado matando a los cananeos que habitaban en ella. Después la había dado como dote a su hija, esposa de Salomón. 17Salomón reconstruyó Guézer, Bet–Jorón de Abajo, 18Baalat y Tamar en la región del desierto, 19así como todas las ciudades granero que él poseía, las ciudades de los carros y de la caballería, y cuanto Salomón dispuso edificar en Jerusalén, en el Líbano y en todo el territorio de su dominio. 20A toda la población que había quedado de los amorreos, hititas, perezeos, jeveos y jebuseos, que no era israelita, 21a sus descendientes que quedaron en el país después de ellos y que los israelitas no pudieron exterminar, Salomón los empleó en trabajos forzados hasta el día de hoy. 22Sin embargo, de entre los israelitas Salomón no sometió a nadie a servidumbre, pues eran guerreros, servidores suyos, sus jefes y oficiales encargados de sus carros y de sus caballerías. 23Los jefes de los capataces que estaban al frente de las obras de Salomón eran quinientos cincuenta; éstos vigilaban a la gente que trabajaba en las obras.
24Cuando la hija de Faraón se trasladó a la ciudad de David, al palacio que Salomón le había construido, entonces construyó el Miló.
25Salomón ofrecía holocaustos y sacrificios pacíficos tres veces al año en el altar que había construido para el Señor, y quemaba perfumes delante del Señor; así completó el Templo.
26Además el rey Salomón construyó una flota en Esión–Guéber, situada junto a Elat, en la costa del Mar Rojo, en el país de Edom. 27Y Jiram envió a sus siervos en la flota, marineros expertos en el mar, con los siervos de Salomón. 28Cuando llegaron a Ofir, recogieron cuatrocientos veinte talentos de oro y se los llevaron al rey Salomón.
101 R1La reina de Sabá, al enterarse de la fama que Salomón tenía en nombre del Señor, vino para ponerlo a prueba con enigmas. 2Entró en Jerusalén con un espléndido séquito: camellos cargados de aromas, de gran cantidad de oro y de piedras preciosas. Se presentó a Salomón y le expuso todo lo que tenía pensado. 3Salomón respondió a todas sus preguntas; no hubo ninguna cuestión desconocida para el rey, ninguna que éste no resolviese. 4Cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, el edificio que había construido, 5los manjares de su mesa, las habitaciones de sus siervos, el porte de sus criados y sus indumentarias, así como sus bodegas y los holocaustos que ofrecía en el Templo, se quedó sin aliento 6y dijo al rey:
—Es verdad lo que he oído en mi tierra sobre ti y sobre tu sabiduría. 7No he dado crédito a esas noticias hasta que he venido y lo he visto con mis ojos, aunque ciertamente no estaba informada ni de la mitad. Sobrepasas en sabiduría y riquezas las noticias que había escuchado. 8Dichosas tus mujeres y dichosos tus siervos, que están siempre junto a ti y escuchan tu sabiduría. 9Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti sentándote en el trono de Israel, en virtud del amor del Señor hacia Israel para siempre, y te ha constituido rey para ejercer el derecho y la justicia.
10Ella regaló al rey ciento veinte talentos de oro y gran cantidad de aromas y piedras preciosas. Nunca llegó tal cantidad de aromas como la que la reina de Sabá regaló al rey Salomón.
11También la flota de Jiram, que transportaba el oro de Ofir, trajo de Ofir gran cantidad de madera de sándalo y piedras preciosas. 12Con la madera de sándalo, el rey hizo las gradas del Templo del Señor y del palacio real, así como cítaras y arpas para los cantores. Nunca más llegó madera de sándalo, ni se vio hasta el día de hoy.
13El rey Salomón regaló a la reina de Sabá todo lo que ella quiso y pidió al rey, además de lo que él le dio como regalo real personal. Después ella emprendió el regreso y volvió a su país acompañada de sus siervos.
14El peso del oro que cada año llegaba al rey Salomón era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro, 15sin contar el que procedía de los tributos de los recaudadores y del comercio de los mercaderes así como de todos los reyes de Arabia y de los gobernadores del país.
16El rey Salomón fabricó doscientos grandes escudos de oro puro empleando seiscientos siclos de oro en cada escudo, 17y también trescientos escudos normales de oro puro, para los que empleó treinta minas de oro en cada escudo. El rey los colocó en la casa llamada Bosque del Líbano.
18También fabricó el rey un gran trono de marfil y lo recubrió de oro finísimo. 19El trono tenía seis gradas y el respaldo era curvo en la parte superior; tenía brazos a un lado y a otro del asiento, y había dos leones erguidos junto a los brazos. 20Doce leones estaban de pie sobre las gradas, seis a cada lado. Nunca se había hecho algo igual en ningún reino.
21Todos los vasos en los que bebía el rey Salomón eran de oro, y toda la vajilla de la casa Bosque de Líbano también era de oro puro. No había plata, pues no era apreciada en los tiempos de Salomón. 22El rey tenía en el mar la flota de Tarsis con la flota de Jiram. Una vez cada tres años llegaba la flota de Tarsis trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
23El rey Salomón sobrepasó a todos los reyes de la tierra en riquezas y sabiduría. 24Todo el mundo trataba de ver al rey Salomón para oír la sabiduría que Dios había infundido en su corazón. 25Cada cual le traía un regalo: objetos de plata y de oro, ropas, armas, perfumes, caballos y mulas; esto todos los años.
26Salomón se hizo con carros y caballería. Tenía mil cuatrocientos carros y doce mil caballos, instalados en las ciudades de los carros y en Jerusalén junto a él. 27El rey consiguió que la plata en Jerusalén fuera tan abundante como las piedras, y los cedros como los sicómoros en la Sefelá. 28Los caballos de Salomón procedían de Egipto y de Quevé. Los mercaderes del rey los compraban en Quevé a precio concertado: 29una cuadriga importada de Egipto costaba seiscientos siclos de plata, y un caballo ciento cincuenta. De esta forma, se importaban también para todos los reyes hititas y para los de Siria por mediación de los mercaderes del rey.