COMENTARIO
Con la reclusión de Semeí en Jerusalén, Salomón pudo querer cortar los contactos de aquél con la casa de Saúl a la que pertenecía (cfr 2 S 16,5) y, en consecuencia, el que alentase posibles revueltas como aquella de Seba (cfr 2 S 20,1-22). Tal como se cuenta la historia, el mismo Semeí aparece como el responsable de su propia muerte por no guardar el «juramento ante el Señor» (v. 43).
Con la muerte de Semeí queda totalmente anulada la maldición que éste había pronunciado contra David y sus descendientes, pues según la mentalidad de la época, las maldiciones tenían fuerza mientras vivía la persona que las había pronunciado. De esta forma cesan las maldiciones y aparecen las bendiciones (cfr vv. 44-45).
La forma en que Salomón se libera de sus adversarios esperando los momentos oportunos y aduciendo motivos que justifican sus acciones, aparece en el conjunto de su historia como una muestra de la sabiduría y prudencia de este rey. Nuestro juicio sobre estos actos ha de tener en cuenta la mentalidad de la época y la forma en que actuaban los reyes. Por otra parte, la narración de estos hechos es de algún modo una muestra del absolutismo de Salomón que será denunciado más adelante (cfr 12,4).