COMENTARIO

 1 R 3,1-11,43 

El reinado de Salomón quedó idealizado en la memoria de Israel. A él dedica el autor sagrado de los libros de los Reyes una extensión mucho mayor que a ningún otro de los reyes. Primero presenta su sabiduría (3,1-5,14) que habría de llegar a ser proverbial y hará que se le atribuyan libros sapienciales como Proverbios, Eclesiastés y Sabiduría, y poéticos como el Cantar de los Cantares y una colección de Salmos. Después se ocupa de las construcciones de este rey (5,15-9,9), especialmente de la edificación del Templo y de su dedicación, ya que ese Templo llegará a ser el centro de la vida religiosa del pueblo. Éstos son los dos motivos que hacen famoso a Salomón, dentro y fuera de Israel, como se expondrá en 9,10-10,29. Finalmente, con un realismo poco común en los historiadores de la época, el hagiógrafo pone en evidencia los pecados del rey y la debilidad al final de su reinado (11,1-40).

El reinado de Salomón es presentado en estos capítulos en todo su esplendor y, al mismo tiempo, en toda su debilidad. El esplendor es fruto de la sabiduría que Dios concede al rey (3,1-5,14) y aparece en las construcciones salomónicas —especialmente la del Templo (5,15-7,51)—, en la oración del rey al dedicar a Dios su santuario (8,1-9,9) y en la actividad comercial que dan a Salomón prestigio y enormes riquezas (9,10-10,29). La debilidad está en la falta de fidelidad a Dios por parte del rey en cuanto que, a causa de las mujeres extranjeras, introduce en el país el culto a otros dioses. Tal fragilidad se manifiesta en el ámbito político: la unidad del reino se resquebraja y surgen enemigos exteriores e interiores (11,1-40).

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