COMENTARIO
La sabiduría que Dios concede a Salomón, cumpliendo su anterior promesa (cfr 3,12) sobrepasa la que tienen los demás hombres: la tradicional de Egipto y la de los sabios famosos en Israel. El hagiógrafo hace un balance de la actividad sapiencial de Salomón; actividad que puede estar ciertamente en la base de las colecciones salomónicas de los proverbios en Pr 10,1-22,16; 25,1-29,27, e incluso de algunos salmos (cfr Sal 72; 127). Como sucedía en Mesopotamia y Egipto, la «sabiduría» incluía también conocimientos de botánica y zoología; era un saber enciclopédico. Salomón queda así, en la tradición bíblica, como el primer impulsor de la sabiduría en la corte, y como el más sabio de los hombres. Sólo en el Nuevo Testamento se recordará que Jesús afirmó ser superior a Salomón (cfr Lc 11,31). Por eso el camino del cristiano para alcanzar la verdadera sabiduría es el camino de la fe: «No todos pueden percibir la sabiduría en toda su perfección, como Salomón o Daniel; a todos, sin embargo, se les infunde, según su capacidad, el espíritu de sabiduría, con tal de que tengan fe. Si crees, posees el espíritu de sabiduría» (S. Ambrosio, Explanatio Psalmorum 36,65).