COMENTARIO
La construcción del Templo por el rey Salomón es uno de los acontecimientos más relevantes en la historia de Israel; de ahí que se describa con tantos detalles. De esa descripción minuciosa se deduce que era un templo de planta rectangular de treinta y tres metros de largo, once de ancho y dieciséis de alto; y que delante había un atrio descubierto de la misma anchura y de cinco metros de largo (vv. 2-3). Por tanto, según se accedía desde fuera, primero estaba el ulam o atrio exterior con dos grandes columnas de bronce ante las puertas del Templo (cfr 7,13-22); después el hekal o santuario cubierto, donde estaba la gran pila de bronce y los utensilios de culto (cfr 7,23-39); finalmente, al fondo, se encontraba el debir o Santo de los Santos donde estaba depositada el Arca de la Alianza, con dos querubines y un altar para quemar perfumes (vv. 19-20). Las dependencias adyacentes en forma escalonada hacia el exterior estaban destinadas a los servicios del Templo.