COMENTARIO
El Templo no sólo era lugar de encuentro con Dios mediante la oración, como ha quedado patente en lo que precede, sino también un lugar para establecer la unión con Dios mediante sacrificios de comunión. Es esa adhesión a Dios lo que les hace volver a sus casas llenos de gozo. Es la alegría que experimenta quien se sabe comprometido con el Señor: «Con Dios, pensaba, cada día me parece más atractivo. Voy viviendo a “cachitos”. Un día considero magnífico un detalle; otro, descubro un panorama que antes no había advertido… A este paso, no sé lo que ocurrirá con el tiempo.
»Luego, he notado que Él me aseguraba: pues cada día será mayor tu contento, porque ahondarás más y más en la aventura divina, en el “lío” tan grande en que te he metido. Y comprobarás que Yo no te dejo» (S. Josemaría Escrivá, Surco, n. 86).
Al final del v. 65 el texto hebreo añade que celebraron siete días más de fiesta, es decir, catorce días. Parece que es una glosa debida a algún copista para explicar que celebraron siete días de fiesta por la dedicación del Templo y otros siete por la fiesta de las Tiendas (Tabernáculos). Pero en rigor puede suponerse, como se deduce del v. 66, que la Dedicación tuvo lugar durante la fiesta de las Tiendas cuya fecha no estaba aún exactamente determinada, sino que coincidía con el final de la recolección.