COMENTARIO
De nuevo el texto sagrado presenta con rasgos hiperbólicos las riquezas y la sabiduría de Salomón, dejando claro que son don de Dios (v. 24). Aunque se ha pensado que la «flota de Tarsis» era llamada así porque llegaba hasta Tartessos, colonia fenicia en la costa suroeste de España, en Andalucía (cfr Jon 1,3), no hay ninguna evidencia sobre ello. Se resalta la actividad comercial de Salomón por todo el mundo conocido, y sobre todo su mediación y control en el comercio de carros y caballos. Entre las «ciudades de los carros» (v. 26), sin duda lugares para albergar caballos y carros, se conoce Meguido, pero podían existir otras.
Respecto al trono de Salomón (vv. 18-20) es evidente que su forma y ornamentación con leones simbolizaba la fuerza y majestad del rey. Antiguos comentaristas cristianos vieron simbolizado, en Salomón y su trono, a Jesucristo, a quien Dios Padre le otorgó el poder de juzgar; las seis gradas del trono significarían todas las criaturas visibles e invisibles creadas por Dios en los seis días de la creación y sometidas a Cristo; los doce leones representarían a los doce Apóstoles a los que dijo el Señor que se sentarían en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (cfr Mt 19,28). San Pedro Damiano, en cambio, y otros comentaristas, ven representada en aquel trono a la Santísima Virgen, de la que el verdadero Salomón, Cristo, sabiduría eterna de Dios, tomó carne, y en la que, como en un trono más puro que el marfil, más fuerte que el león y más refulgente por su caridad que el oro, residió durante nueve meses (cfr S. Pedro Damiano, Sermones 44).