COMENTARIO
Conociendo los efectos causados por los matrimonios de Salomón con mujeres extranjeras, el autor sagrado le aplica retrospectivamente una ley (v. 2) que en realidad se establecería más tarde (cfr Dt 7,3-4; 17,17).
La verdadera causa del pecado de Salomón fue que «sus mujeres le pervirtieron el corazón» (v. 3) haciendo no sólo que permitiese sino que él mismo aceptase el culto a los ídolos a los que ellas adoraban. De este modo Salomón dejó de adorar al Dios de Israel con todo su corazón, compartiendo al mismo tiempo el culto a otros dioses y cayendo en un sincretismo religioso. «La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. “No podéis servir a Dios y al dinero”, dice Jesús (Mt 6,24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a “la Bestia” (cfr Ap 13-14), negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina (cfr Ga 5,20; Ef 5,5)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2113).