E. DEBILIDAD DEL REINADO DE SALOMÓN

Pecados del rey

111 R1El rey Salomón amó a muchas mujeres extranjeras: además de la hija de Faraón, a mujeres moabitas, amonitas, idumeas, sidonias e hititas, 2procedentes de los pueblos sobre los que el Señor había dicho a los israelitas: «No se unan con ellas, y que ellas no se unan con ustedes porque inclinarán el corazón de ustedes tras sus dioses». Pero Salomón se inclinó a ellas por amor. 3Tuvo setecientas esposas con rango de reinas y trescientas concubinas. Sus mujeres le pervirtieron el corazón. 4Cuando Salomón llegó a la ancianidad, ellas inclinaron su corazón tras dioses extraños y su corazón no fue por entero para el Señor, su Dios, como había sido el corazón de su padre David. 5Salomón siguió a Astarté, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo de los amonitas. 6Salomón hizo el mal a los ojos del Señor y no se entregó completamente al Señor como su padre David. 7Entonces edificó Salomón un lugar alto a Camós, ídolo de Moab, en la montaña que hay frente a Jerusalén, y a Milcom, ídolo de los amonitas. 8Hizo otro tanto para sus mujeres extranjeras, que quemaban perfumes e inmolaban víctimas a sus dioses.

9El Señor se irritó contra Salomón porque había apartado su corazón del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces 10y le había ordenado precisamente esto: no ir de ningún modo tras dioses extraños. Pero él no guardó lo que le mandó el Señor.

Anuncio de la división del reino

11Entonces dijo el Señor a Salomón:

—Por lo que has consentido, sin guardar mi alianza ni los preceptos que te ordené, te retiraré el reinado y se lo daré a un siervo tuyo. 12Pero, en atención a tu padre David, no lo haré en tus días sino que lo retiraré de manos de tu hijo. 13Sin embargo, no le retiraré todo el reino; dejaré una tribu a tu hijo en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí.

Enemigos exteriores

14El Señor suscitó un adversario a Salomón: Adad, el idumeo, que era de la estirpe real de Edom. 15Cuando David conquistó Idumea, Joab, jefe del ejército, al subir a enterrar a los caídos, exterminó a todos los varones de Edom 16—y Joab permaneció allí seis meses con todo Israel hasta matar a todos los varones de Edom—. 17Pero Adad, con algunos idumeos siervos de su padre, huyó a Egipto. Adad era entonces un muchacho. 18Partieron de Madián y llegaron a Parán, donde reclutaron algunos hombres. Después entraron en Egipto y se presentaron ante Faraón, rey de Egipto, que le proporcionó casa, le facilitó alimento y le adjudicó tierra. 19Adad encontró gracia a los ojos de Faraón, que le dio por esposa a su cuñada, la hermana de la reina Tajpenés. 20La hermana de Tajpenés le dio un hijo, Guenubat, y Tajpenés lo crió en el palacio de Faraón; Guenubat vivió con Faraón, entre los hijos de Faraón. 21Cuando Adad se enteró en Egipto de que David había descansado con sus padres y de que Joab, jefe del ejército, había muerto, dijo a Faraón:

—Déjame que vaya a mi tierra.

22Faraón le preguntó:

—¿Qué te falta conmigo, que intentas volver a tu tierra?

Respondió:

—Nada, pero, por favor, déjame ir.

23El Señor le suscitó además otro adversario, Rezón, hijo de Eliadá, que había huido de su señor Hadad–Ézer, rey de Sobá. 24Reunió en torno a sí a algunos hombres y se hizo jefe de una banda. Como David los perseguía, huyeron a Damasco, se establecieron allí y dominaron Damasco. 25Fue enemigo de Israel durante todo el tiempo de Salomón, lo mismo que aquel malvado de Adad que odió a Israel y reinó en Siria.

Elección de Jeroboam como rey de Israel

26Jeroboam, hijo de Nebat, efraimita de Seredá, cuya madre era viuda y se llamaba Seruá, siendo siervo de Salomón se rebeló contra el rey. 27El motivo de rebelarse contra el rey fue el siguiente: Salomón estaba construyendo el Miló y rellenando el desnivel de la ciudad de su padre David. 28Jeroboam era fuerte y vigoroso. Salomón, viendo que el joven era trabajador, lo nombró inspector de toda la prestación de la casa de José.

29Por aquel entonces Jeroboam salió de Jerusalén y el profeta Ajías de Siló se lo encontró por el camino. Éste vestía un manto nuevo, y los dos estaban solos en el campo. 30Ajías se quitó el manto nuevo que llevaba y lo rasgó en doce trozos. 31Entonces dijo a Jeroboam:

—Toma diez trozos, pues así dice el Señor, Dios de Israel: «Voy a desgarrar el reino de la mano de Salomón y te daré a ti diez tribus. 32Él conservará una tribu en atención a mi siervo David y a Jerusalén, la ciudad que elegí entre todas las tribus de Israel. 33Porque ellas me abandonaron y adoraron a Astarté, diosa de los sidonios, a Camós, dios de Moab, y a Milcom, dios de los amonitas, y no siguieron mis caminos practicando lo que es justo a mis ojos, ni mis leyes, ni mis normas, como su padre David. 34Pero no quitaré de sus manos todo el reino, sino que a él lo mantendré como príncipe todos los días de su vida en atención a mi siervo David, al que elegí, que guardó mis mandatos y preceptos. 35Quitaré el reinado de manos de su hijo y te lo daré a ti sobre diez tribus. 36A su hijo le dejaré una tribu, para que mi siervo David tenga siempre ante mí una lámpara en Jerusalén, la ciudad que escogí para poner allí mi nombre. 37Te aceptaré a ti y reinarás en todo lo que desees; serás rey sobre Israel. 38Si obedeces todo lo que te ordene, caminas en mis sendas y practicas lo que es justo a mis ojos guardando mis leyes y mis mandamientos como lo hizo mi siervo David, Yo estaré contigo, estableceré firmemente tu casa, como establecí la de David, y te entregaré Israel. 39De esta forma humillaré a la descendencia de David; aunque no para siempre».

40Salomón intentó matar a Jeroboam, pero Jeroboam se dio a la fuga y huyó a Egipto, junto a Sisac, rey de Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Salomón.

Fin del reinado de Salomón

41El resto de las hazañas de Salomón, todo lo que hizo y su sabiduría, ¿no está escrito en el libro de los hechos de Salomón? 42El tiempo que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fue de cuarenta años. 43Después, Salomón descansó con sus padres y fue enterrado en la ciudad de su padre David. Tras él reinó su hijo Roboam.

SEGUNDA PARTE:
REYES DE ISRAEL Y DE JUDÁ

III. REYES HASTA EL TIEMPO DEL PROFETA ELÍAS

A. LA DIVISIÓN DEL REINO: ROBOAM EN JUDÁ
Y JEROBOAM EN ISRAEL

Intransigencia de Roboam

121 R1Roboam fue a Siquem porque todo Israel se había reunido en Siquem para proclamarlo rey. 2Cuando se enteró Jeroboam, hijo de Nebat, —que todavía estaba en Egipto adonde había huido del rey Salomón— volvió de Egipto. 3Se le mandó llamar, y Jeroboam vino con toda la asamblea de Israel y habló a Roboam diciendo:

4—Tu padre nos impuso un duro yugo. Tú, ahora, aligera la dura servidumbre de tu padre y el pesado yugo que nos impuso, y te serviremos.

5Él les contestó:

—Márchense durante tres días y luego vuelvan a mí.

El pueblo se marchó. 6El rey Roboam consultó a los ancianos que habían aconsejado a su padre Salomón mientras vivía, diciendo:

—¿Qué respuesta me aconsejan que dé a este pueblo?

7Le contestaron:

—Si hoy te pones a disposición de este pueblo y le sirves, le respondes y le hablas con buenas palabras, estará siempre a tu servicio.

8Pero él rechazó el consejo que le habían dado los ancianos y consultó a los jóvenes que se habían educado con él y que le aconsejaban. 9Les preguntó:

—¿Qué respuesta me aconsejan que dé a este pueblo?, porque me han hablado diciendo: «Aligera el yugo que puso tu padre sobre nosotros».

10Los jóvenes que se habían educado junto a él le contestaron:

—Así dirás a este pueblo que te habló diciendo: «Tu padre hizo pesado nuestro yugo, tú alívianoslo»; así les responderás: «Mi dedo meñique es más recio que la cintura de mi padre. 11Si mi padre les impuso un yugo pesado, yo se los aumentaré. Mi padre los castigaba con látigos pero yo los castigaré con escorpiones».

12A los tres días Jeroboam volvió con todo el pueblo ante Roboam, tal como el rey les había dicho: «Vuelvan a mí el tercer día». 13El rey respondió al pueblo con dureza, rechazando el consejo que le habían dado los ancianos. 14Les habló según el consejo de los jóvenes diciendo:

— Mi padre hizo pesado su yugo,

y yo se los aumentaré:

mi padre los castigaba con látigos

y yo los castigaré con escorpiones.

15El rey no escuchó al pueblo: porque así estaba dispuesto por el Señor para que se cumpliera la palabra que había pronunciado el Señor, por medio de Ajías de Siló, acerca de Jeroboam, hijo de Nebat.

Escisión de las diez tribus

16Cuando todo Israel vio que el rey no les hacía caso, el pueblo respondió al rey diciendo:

— ¿Qué tenemos en común con David,

qué heredamos con el hijo de Jesé?

¡A tus tiendas, Israel!

¡Preocúpate ahora de tu casa, David!

E Israel se fue a sus tiendas.

17Roboam reinó sobre los israelitas que habitaban en las regiones de Judá. 18El rey Roboam envió a Adoniram, que estaba al frente del reclutamiento, pero todo Israel le tiró piedras y murió. Entonces el rey Roboam tuvo que darse prisa en subir a su carro y huir a Jerusalén. 19Israel se separó de la casa de David hasta el día de hoy.

Jeroboam, rey de Israel (928–907)

20Cuando todo Israel se enteró de que había vuelto Jeroboam, enviaron a llamarle ante la asamblea y lo proclamaron rey sobre todo Israel. Nadie siguió a la casa de David excepto la tribu de Judá, ella sola.

21Roboam llegó a Jerusalén y reunió a toda la tribu de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil guerreros escogidos, para luchar contra la casa de Israel y restaurar la realeza de Roboam, hijo de Salomón. 22Pero entonces la palabra del Señor llegó a Semaías, un hombre de Dios, diciéndole:

23—Di a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá y Benjamín y al resto del pueblo: 24«Así dice el Señor: “No suban ni peleen con sus hermanos israelitas; que cada uno vuelva a su casa, pues esto ha sucedido por disposición mía”».

Ellos obedecieron la palabra del Señor, y se volvieron según la palabra del Señor.

Pecado de Jeroboam

25Jeroboam fortificó Siquem en la montaña de Efraím y residió allí. Después salió de Siquem y fortificó Penuel. 26Jeroboam se decía para sus adentros: «Ahora el reinado podría volver a la casa de David. 27Si este pueblo sube a ofrecer sacrificios al Templo del Señor en Jerusalén y su corazón se vuelve hacia su señor Roboam, rey de Judá, me matarán y se volverán con Roboam, rey de Judá». 28Entonces decidió fabricar dos becerros de oro, y dijo al pueblo:

—Ya han subido bastante a Jerusalén. Israel, aquí están tus dioses que te sacaron del país de Egipto.

29Colocó a uno en Betel y al otro lo llevó a Dan. 30Y esto fue causa de pecado, pues el pueblo iba ante el uno y ante el otro, hasta Dan. 31Después construyó un santuario en los lugares altos y designó sacerdotes de entre cualquiera del pueblo, sin que fuesen de la tribu de Leví. 32Jeroboam instituyó una fiesta el día quince del mes octavo, como la que se celebraba en Judá, y subió al altar. Así lo hizo en Betel para ofrecer víctimas a los becerros que había fabricado; y en Betel también designó sacerdotes en los lugares altos que había erigido. 33El día quince del mes octavo, mes que había elegido a su capricho, subió al altar que había construido en Betel y celebró una fiesta con Israel. Subió al altar y quemó incienso.

Anuncio del castigo divino

131 R1Un hombre de Dios vino de Judá a Betel por orden del Señor, cuando Jeroboam estaba de pie ante el altar quemando incienso, 2y por orden del Señor gritó ante el altar:

—¡Altar, altar! Así dice el Señor: «Mira, nacerá un hijo de la casa de David de nombre Josías, que sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman incienso en ti; y sobre ti serán quemados huesos humanos».

3Y aquel día realizó una señal y dijo:

—Ésta será la señal de la que habló el Señor diciendo: «Miren, el altar se partirá y se esparcirá la ceniza que hay en él».

4Al oír la palabra que el hombre de Dios pronunció contra el altar de Betel, el rey Jeroboam extendió la mano desde el altar diciendo:

—¡Aprésenlo!

Entonces se le paralizó la mano que había extendido y no podía volverla hacia sí. 5El altar se partió y la ceniza se esparció desde el altar según la señal que había anunciado el hombre de Dios por orden del Señor. 6El rey dijo entonces al hombre de Dios:

—Aplaca, por favor, el rostro del Señor, tu Dios. Ruega por mí para que me quede restablecida la mano.

El hombre de Dios aplacó el rostro del Señor, y al rey se le restableció la mano tal como la tenía al principio. 7El rey dijo al hombre de Dios:

—Ven conmigo a casa a comer y te haré un regalo.

8Respondió al rey el hombre de Dios:

—Aunque me des la mitad de tu casa no iré contigo, ni comeré pan, ni beberé agua en este lugar; 9porque así se me ha mandado por orden del Señor: «No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino por el que viniste».

10Y se marchó por otro camino, sin volver por el mismo camino por el que vino a Betel.

El hombre de Dios y el profeta de Betel

11Residía en Betel un profeta anciano y sus hijos le contaron todo lo que ese día le había sucedido al hombre de Dios en Betel. Le repitieron a su padre las palabras que había dirigido al rey 12y su padre les preguntó:

¿Qué camino ha tomado?

Sus hijos le mostraron el camino que había tomado el hombre de Dios venido de Judá. 13Él les dijo a sus hijos:

—Aparéjenme el asno.

Le aparejaron el asno y montó sobre él. 14Fue tras el hombre de Dios que había venido de Judá y lo encontró sentado debajo de un terebinto. Y le preguntó:

—¿Eres tú el hombre de Dios que ha venido de Judá?

Éste respondió:

—Yo soy.

15Le dijo entonces:

—Ven conmigo a casa a comer pan.

16Aquél contestó:

—No puedo volver contigo, ni acompañarte, ni comer pan, ni beber agua contigo en este lugar. 17Porque se me ha dicho por orden del Señor: «Allí no comerás pan, ni beberás agua, ni volverás por el camino por el que viniste».

18Entonces le dijo:

—También yo soy un profeta como tú. Un ángel me ha hablado por orden del Señor diciendo: «Hazlo volver contigo a tu casa y que coma pan y beba agua».

Lo engañó. 19Y aquél volvió con él y comió pan y bebió agua en su casa. 20Cuando estaban sentados a la mesa le llegó la palabra del Señor al profeta que le había hecho volver, 21y éste dijo al hombre de Dios que había venido de Judá:

—Así dice el Señor: «Porque te has rebelado contra la orden del Señor, y no has guardado el mandato que te dio el Señor, tu Dios, 22ya que te has vuelto y has comido pan y bebido agua en el lugar en el que se te dijo que no comieras pan ni bebieras agua, tu cadáver no bajará al sepulcro de tus padres».

23Después de comer pan y de beber, el profeta que le había hecho volver le aparejó el asno. 24Él se marchó, y entonces un león le salió al encuentro en el camino y lo mató. Su cadáver quedó tendido en el camino, mientras el asno permanecía junto a él y el león junto al cadáver. 25Entonces algunos hombres que pasaban vieron el cadáver tendido en el camino y al león que estaba junto al cadáver. Fueron y lo contaron en la ciudad en la que vivía el anciano profeta. 26Lo oyó el profeta que le había hecho volverse del camino y dijo:

—Era un hombre de Dios que se rebeló contra la orden del Señor, y el Señor lo ha entregado al león que lo ha atacado y le ha dado muerte, según la palabra que el Señor le había hablado.

27Les dijo a sus hijos:

—Aparéjenme el asno.

Se lo aparejaron. 28Fue y encontró el cadáver tendido en el camino, y también al asno y al león que permanecían junto al cadáver. El león no había devorado el cadáver ni despedazado al asno.

29El profeta recogió el cuerpo del hombre de Dios, lo puso sobre el asno y volvió con él. El anciano profeta entró en la ciudad para hacerle duelo y enterrarlo. 30Puso el cadáver en su propio sepulcro e hizo duelo por él diciendo:

—¡Ay, hermano mío!

31Después dijo a sus hijos:

—A mi muerte me enterrarán en el sepulcro en el que está enterrado el hombre de Dios. Junto a sus huesos colocarán mis huesos, 32porque tiene que cumplirse la palabra que él pronunció por orden del Señor contra el altar de Betel y contra todos los lugares altos que hay en las ciudades de Samaría.

Sacerdotes ilegítimos

33Después de esto Jeroboam no se apartó de su mal camino, sino que volvió a designar sacerdotes de los lugares altos a cualesquiera del pueblo: a quien lo deseaba, él se lo concedía, y se convertía en sacerdote de los lugares altos. 34En esto consistió el pecado de la casa de Jeroboam; por esto fue destruida y barrida de la faz de la tierra.

Muerte del hijo de Jeroboam

141 R1Por aquel tiempo cayó enfermo Abías, hijo de Jeroboam. 2Entonces Jeroboam dijo a su mujer:

—Levántate, cámbiate de ropa para que no conozcan que eres la esposa de Jeroboam y vete a Siló. Allí está el profeta Ajías, el que predijo que yo sería rey sobre este pueblo. 3Llévate contigo diez panes, tortas y un tarro de miel, y preséntate a él. Él te revelará qué va a ser del niño.

4Así lo hizo la mujer de Jeroboam: se levantó, fue a Siló y entró en casa de Ajías. Ajías no podía ver porque se le habían quedado inmóviles los ojos a causa de su vejez.

5Pero el Señor dijo a Ajías:

—Mira, la mujer de Jeroboam viene a pedirte un oráculo sobre su hijo que está enfermo. Esto y aquello has de decirle. Está a punto de entrar y viene disfrazada.

6Cuando Ajías sintió el ruido de sus pasos que entraban por la puerta, dijo:

—Pasa, esposa de Jeroboam. ¿A qué viene esto de disfrazarte? Tengo para ti un duro mensaje. 7Vete y dile a Jeroboam: «Esto ha dicho el Señor, Dios de Israel: “Porque te elevé de en medio del pueblo y te constituí príncipe sobre mi pueblo Israel, 8desgarrando el reinado de la casa de David y dándotelo a ti, y no fuiste como mi siervo David que cumplió mis mandatos y me siguió con todo su corazón haciendo únicamente lo agradable a mis ojos, 9sino que has hecho el mal más que todos los que te precedieron, y te has ido y te has fabricado otros dioses e imágenes de metal fundido para provocarme, y a mí me has vuelto la espalda; 10por eso yo traigo el mal a la casa de Israel. Le destruiré a Jeroboam todo varón en Israel, esclavo o libre; y como se quita el estiércol quitaré de en medio a la casa de Jeroboam hasta su desaparición. 11A los de Jeroboam que mueran en la ciudad se los comerán los perros, y a los que mueran en el campo los devorarán las aves del cielo”. Así ha hablado el Señor». 12Tú levántate y vete a tu casa. Cuando tus pies pisen la ciudad, el niño morirá. 13Le hará duelo todo Israel, y lo enterrarán pues éste será el único de los de Jeroboam que vaya a un sepulcro, ya que en él se ha encontrado algo bueno para el Señor, Dios de Israel, en la casa de Jeroboam. 14El Señor establecerá un rey sobre Israel que destruirá la casa de Jeroboam, puede que hoy o mañana, o quizá ahora mismo. 15El Señor golpeará a Israel del mismo modo que una caña es zarandeada por las aguas, y expulsará a Israel de esta tierra buena que dio a sus padres; lo dispersará por el otro lado del río, porque fabricaron aserás irritando al Señor. 16El Señor abandonará a Israel a causa de los pecados de Jeroboam, los que él mismo cometió y los que hizo cometer a Israel.

17La mujer de Jeroboam se levantó, se marchó y llegó a Tirsá. Al pisar ella el umbral de la casa, murió el niño. 18Lo enterraron y todo Israel lo lloró según la palabra que el Señor había pronunciado por medio de su siervo, el profeta Ajías.

Muerte de Jeroboam

19El resto de los hechos de Jeroboam, sus guerras y su reinado, está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel. 20El tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años. Después descansó con sus padres y en su lugar reinó su hijo Nadab.

Reinado de Roboam en Judá (928–911)

21Roboam, hijo de Salomón, reinó en Judá. Tenía Roboam cuarenta y un años cuando empezó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el Señor había elegido entre todas las tribus de Israel para establecer allí su nombre. Su madre se llamaba Naamá, la amonita. 22Judá hizo el mal a los ojos del Señor, y con los pecados que cometieron le irritaron más que cuanto lo habían hecho sus padres. 23También ellos se edificaron santuarios, estelas y aserás en todas las colinas altas y bajo los árboles frondosos; 24y hubo incluso hieródulos en el país. Actuaron siguiendo todas las abominaciones de los pueblos que el Señor había arrojado ante la presencia de los hijos de Israel.

25El año quinto del reinado de Roboam, Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén. 26Se llevó los tesoros del Templo del Señor y los tesoros del palacio del rey; se llevó todo. También se llevó todos los escudos de oro que había hecho Salomón. 27En vez de éstos el rey Roboam hizo escudos de bronce y los puso en manos de los jefes de las guardias que custodiaban la puerta del palacio real. 28Cuando el rey iba al Templo del Señor, los guardias se los llevaban y luego los traían de nuevo.

29El resto de los hechos de Roboam, todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? 30Entre Roboam y Jeroboam hubo guerra continuamente. 31Roboam descansó con sus padres y fue enterrado con ellos en la ciudad de David. Su madre se llamaba Naamá, la amonita. En su lugar reinó su hijo Abiam.

B. ABIAM Y ASÁ, REYES DE JUDÁ.
NADAB, ELÁ, ZIMRÍ, REYES DE ISRAEL

Reinado de Abiam en Judá (911–908)

151 R1El año decimoctavo del reinado de Jeroboam, hijo de Nebat, Abiam reinó sobre Judá. 2Reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Maacá, hija de Abisalom. 3Abiam continuó con todos los pecados que su padre había cometido antes que él y su corazón no fue obediente al Señor, su Dios, como el corazón de su padre David. 4Pero, en atención a David, el Señor, su Dios, le otorgó una lámpara en Jerusalén, estableciendo a su hijo después de él y manteniendo en pie a Jerusalén, 5por cuanto David había hecho lo agradable a los ojos del Señor y no se había apartado de nada de lo que se le ordenó en todos los días de su vida, excepto en lo de Urías, el hitita. (6)

7El resto de los hechos de Abiam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? También hubo guerra entre Abiam y Jeroboam. 8Abiam descansó con sus padres y lo enterraron en la ciudad de David. En su lugar reinó Asá.

Reinado de Asá en Judá (908–867)

9Asá, rey de Judá, comenzó a reinar el año vigésimo de Jeroboam, rey de Israel. 10Reinó cuarenta y un años en Jerusalén, y su abuela se llamaba Maacá, hija de Abisalom.

11Asá, como su padre David, hizo lo agradable a los ojos del Señor. 12Hizo desaparecer los hieródulos del país y quitó todos los ídolos que habían fabricado sus padres. 13Incluso retiró a su abuela Maacá del puesto de reina madre porque había hecho una imagen abominable de Aserá. Asá rompió aquella imagen y la quemó en el torrente Cedrón. 14No destruyó los santuarios. Sin embargo, el corazón de Asá fue obediente al Señor durante toda su vida. 15Los objetos sagrados de su padre, y los suyos propios, los llevó al Templo del Señor: plata, oro y copas.

16Entre Asá y Basá, rey de Israel, hubo guerra continuamente. 17Basá, rey de Israel, subió contra Judá y reedificó Ramá para que nadie pudiese entrar donde Asá, rey de Judá, ni salir de allí. 18Entonces Asá tomó toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros del Templo del Señor, junto con los tesoros del palacio real, y, entregándoselos a sus siervos, el rey Asá los envió a Ben–Hadad, hijo de Tabrimón, hijo de Jezión, rey de Siria, que residía en Damasco, diciéndole:

19—Que haya alianza entre tú y yo, entre tu padre y mi padre. Aquí te envío un regalo de plata y oro. Anda, rompe tu alianza con Basá, rey de Israel, y que se aparte de mí.

20Ben–Hadad escuchó al rey Asá y envió a los jefes de sus ejércitos contra las ciudades de Israel. Atacó Iyón, Dan, Abel-Bet-Maacá y toda la región de Genesaret, además de toda la tierra de Neftalí. 21Cuando se enteró Basá, dejó de reedificar Ramá y se volvió a Tirsá. 22Entonces el rey Asá convocó a todo Judá sin que faltara nadie. Transportaron las piedras y maderas de Ramá, con las que Basá construía, y con ellas el rey Asá reedificó Gueba de Benjamín y Mispá.

23El resto de todos los hechos de Asá, todo su poder y todo lo que llevó a cabo y las ciudades que reconstruyó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Pero en su vejez enfermó de los pies. 24Asá descansó con sus padres y fue enterrado con ellos en la ciudad de su padre David. En su lugar reinó su hijo Josafat.

Reinado de Nadab en Israel (907–906)

25Nadab, hijo de Jeroboam, comenzó a reinar sobre Israel el año segundo de Asá, rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años. 26Hizo el mal a los ojos del Señor; siguió los caminos de su padre y los pecados con los que éste hizo pecar a Israel. 27Contra él se conjuró Basá, hijo de Ajías, de la casa de Isacar, y lo asesinó en Guibetón, ciudad de los filisteos, cuando Nadab y todo Israel estaban asediando Guibetón. 28Basá lo mató el año tercero de Asá, rey de Judá, y reinó en su lugar. 29Cuando comenzó a reinar dio muerte a toda la casa de Jeroboam hasta eliminarla, según la palabra que el Señor había pronunciado por medio de su siervo Ajías, el silonita, 30a causa de los pecados que cometió Jeroboam y de los que hizo cometer a Israel, así como de la ira con que había irritado al Señor, Dios de Israel.

31El resto de los hechos de Nadab, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 32Entre Asá y Basá, rey de Israel, hubo guerra continuamente.

Reinado de Basá en Israel (906–883)

33El año tercero de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar sobre todo Israel, en Tirsá, Basá, hijo de Ajías. Basá reinó veinticuatro años. 34Hizo el mal a los ojos del Señor y siguió los caminos de Jeroboam y los pecados con los que éste hizo pecar a Israel.

161 R1La palabra del Señor llegó a Jehú, hijo de Jananí, en contra de Basá, 2diciendo:

—Porque Yo te levanté desde el polvo y te constituí príncipe sobre mi pueblo Israel, y tú has seguido los caminos de Jeroboam y has hecho pecar a mi pueblo Israel irritándome con sus pecados, 3Yo sentencio contra Basá y contra su casa: dejaré tu casa como la casa de Jeroboam, hijo de Nebat. 4A aquél de Basá que muera en la ciudad se lo comerán los perros, y al que muera en el campo se lo comerán las aves del cielo.

5El resto de los hechos de Basá, lo que hizo y su poder, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 6Basá descansó con sus padres y fue enterrado en Tirsá. En su lugar reinó su hijo Elá.

7Por medio del profeta Jehú, hijo de Jananí, la palabra del Señor vino contra Basá y contra su casa para que le ocurriera como a la casa de Jeroboam, a causa de todo el mal que había hecho a los ojos del Señor irritándole con las obras de sus manos, por haber matado a Nadab.

Reinado de Elá en Israel (883–882)

8El año vigésimo sexto de Asá, rey de Judá, Elá, hijo de Basá, comenzó a reinar sobre Israel en Tirsá. Reinó dos años. 9Se conjuró contra él su siervo Zimrí, jefe de la mitad de los carros. Cuando aquél estaba en Tirsá bebiendo y emborrachándose en casa de Arsá, mayordomo del palacio de Tirsá, 10entró Zimrí, lo hirió y lo mató. Era el año vigésimo séptimo de Asá, rey de Judá, cuando reinó en su lugar. 11Al comenzar a reinar y sentarse en su trono, exterminó a toda la casa de Basá sin dejar ningún varón, ni pariente, ni amigo. 12Zimrí eliminó a toda la casa de Basá, según la palabra que pronunció el Señor contra Basá por medio del profeta Jehú, 13a causa de todos los pecados de Basá y los pecados de su hijo Elá, los que cometieron ellos y los que hicieron cometer a Israel, irritando al Señor, Dios de Israel, con sus falsos ídolos.

14El resto de los hechos de Elá, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

Reinado de Zimrí en Israel (882)

15El año vigésimo séptimo de Asá, rey de Judá, Zimrí reinó siete días en Tirsá, mientras el ejército ponía asedio a Guibetón, ciudad de los filisteos. 16Cuando los sitiadores oyeron decir que Zimrí se había rebelado y que incluso había matado al rey, aquel día en el campamento, todo Israel proclamó rey a Omrí, jefe del ejército de Israel. 17Subió Omrí y con él todo Israel desde Guibetón y pusieron cerco a Tirsá. 18Al ver Zimrí que la ciudad iba a ser tomada, entró en la fortaleza del palacio real, prendió fuego al palacio estando él dentro, y murió 19a causa de los pecados que había cometido por hacer el mal a los ojos del Señor al seguir los caminos de Jeroboam, y por los pecados que hizo cometer a Israel.

20El resto de los hechos de Zimrí, y la rebelión que tramó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?

21Entonces el pueblo de Israel se dividió en dos partes. La mitad del pueblo siguió a Tibní, hijo de Guinat, para proclamarlo rey; la otra mitad a Omrí. 22La parte del pueblo que seguía a Omrí venció a la parte que seguía a Tibní, hijo de Guinat. Tibní murió y Omrí se convirtió en rey.

C. COMIENZO DE LA DINASTÍA DE OMRÍ EN ISRAEL

Reinado de Omrí en Israel (882–871)

23El año trigésimo primero de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar Omrí sobre Israel. Reinó doce años, seis de ellos en Tirsá. 24Compró el monte de Samaría a Sémer por dos talentos de plata. Edificó en el monte una ciudad, a la que puso el nombre de Samaría, por el nombre de Sémer, dueño del monte. 25Omrí hizo el mal a los ojos del Señor y se portó peor que todos sus predecesores. 26Siguió todos los caminos de Jeroboam, hijo de Nebat, y los pecados que hizo cometer a Israel, irritando al Señor, Dios de Israel, con sus falsos ídolos.

27El resto de los hechos de Omrí, lo que hizo y el poder que tuvo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? 28Omrí descansó con sus padres y fue enterrado en Samaría. En su lugar reinó su hijo Ajab.