COMENTARIO
Concluye la historia del rey Salomón, y el autor sagrado remite a una obra que existía en su tiempo y le había servido de fuente pero de la que no tenemos más información. El rey Salomón tiene especial relieve en la historia de los reyes de Israel porque fue quien edificó el Templo de Jerusalén y el que gobernó, durante todo el tiempo de su reinado, a todas las tribus unidas. Los profetas recordarán esa unión como un ideal y la anunciarán para los tiempos futuros cuando Dios suscite un nuevo David, es decir, el Mesías (cfr Ez 37,15-28).
El reinado de Salomón tiene un fuerte carácter ejemplar para el lector de la historia del pueblo elegido. La debilidad de este rey frente a la idolatría y las consecuencias que se derivan de ello son una advertencia para el Israel de épocas posteriores y para cada hombre que quiere tener su corazón puesto en el Señor. «Nosotros que somos especialmente de Dios, instrumentos suyos a pesar de nuestra propia miseria personal, seremos eficaces si no perdemos el conocimiento de nuestra flaqueza. Las tentaciones nos dan la dimensión de nuestra propia debilidad» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 160).