COMENTARIO

 1 R 12,1-15 

La reunión en Siquem, en vez de Jerusalén, indica que las tribus del norte pretendían dar a la proclamación real un carácter más acorde con la antigua costumbre (cfr Jos 24). La narración se desarrolla a dos niveles. Por una parte se reseñan los acontecimientos socio–políticos que desembocan en la división del reino y, por otra, se deja constancia de que las cosas suceden así para que se cumpla lo dispuesto por el Señor, (v. 15), sin que parezca que los protagonistas sean conscientes de ello. «La historia no está sometida a fuerzas ciegas ni es el resultado del acaso, sino que es la manifestación de las misericordias de Dios Padre. Los pensamientos de Dios están por encima de nuestros pensamientos, dice la Escritura (cfr Is 55,8; Rm 1,33); por eso, confiar en el Señor quiere decir tener fe a pesar de los pesares, yendo más allá de las apariencias. La caridad de Dios —que nos ama eternamente— está detrás de cada acontecimiento, aunque de manera a veces oculta para nosotros. Cuando el cristiano vive de fe —con una fe que no sea mera palabra, sino realidad de oración personal—, la seguridad del amor divino se manifiesta en alegría, en libertad interior» (S. Josemaría Escrivá, Las riquezas de la fe).

Volver a 1 R 12,1-15