COMENTARIO

 1 R 13,33-34 

A pesar de ver cumplido el oráculo del hombre de Dios llegado de Judá (cfr 13,5-7), y de que un profeta de Betel ratificase las palabras que aquél había pronunciado (cfr 13,32), el rey Jeroboam siguió pertinaz en su conducta. La tremenda conclusión del pasaje (v. 34) hace pensar en las graves consecuencias de la pertinacia en el pecado, porque, como recuerda tantas veces la Escritura, y expresa con claridad San Juan Crisóstomo, «más que el pecado mismo, lo que irrita y ofende a Dios es que los pecadores no sientan dolor alguno de sus pecados» (Homiliae in Matthaeum 14,4).

Volver a 1 R 13,33-34