COMENTARIO

 1 R 14,21-31 

El hagiógrafo gusta presentar el reinado de cada uno de los reyes siguiendo un esquema más o menos fijo y señalando los datos más importantes. Entre los datos constantes que incluye en su esquema figuran el tiempo del reinado de cada rey y su conducta moral y religiosa. En el caso de los reyes de Judá figura siempre también el nombre de la madre del rey. Esta mención constante de la madre del rey no sólo sirve para la identificación de éste, sino que deja constancia de la importancia y del honor de la madre en la continuidad de la sucesión dinástica de la casa de David de la que nacerá el Mesías (cfr 2 S 7,14-15). De esta forma el Antiguo Testamento prepara al lector para comprender la relevancia que había de tener la Virgen María, madre del Mesías, Hijo de David.

Del reinado de Roboam sobresale su mala conducta, hasta el punto de introducir la prostitución sagrada (hieródulos), similar a la que se ejercía en santuarios paganos, para conseguir fecundidad. El panorama es desolador pues no sólo el reino del Norte, sino que también Judá y el sucesor de David han abandonado al verdadero Dios.

Tal como aparece en el texto, la subida del faraón y el saqueo del Templo y del palacio dan la impresión de ser un castigo divino. De esta expedición del faraón Sisac (cfr 11,40) da cuenta una inscripción encontrada en Karnak. El reinado de Roboam se cuenta con más detalle en 2 Cro 11,1-12,16.

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