COMENTARIO
La gran sequía, que aparece como motivo de fondo en los capítulos 17-19, da la impresión de ser un castigo divino por la idolatría del rey expuesta al final del capítulo anterior; pero en realidad se trata de un motivo para mostrar la superioridad del Dios de Israel sobre el dios cananeo Baal. Elías, cuyo nombre significa «mi Dios es el Señor» es un profeta errante que va, como los patriarcas, de una parte a otra obedeciendo la palabra del Señor.
A través del profeta Elías Dios se da a conocer de una manera nueva. El mismo Dios que se había manifestado como amigo y protector a los patriarcas, y había dado la Ley a Moisés, aparece ahora como Señor de la creación y de la naturaleza. La religión cananea consideraba al dios Baal dueño de las fuerzas naturales: de la lluvia, de las tormentas, de la fecundidad, etc. Mediante el profeta Elías el verdadero Dios se revela distinto, superior y trascendente a esas fuerzas por grandes que sean (cfr 19,11-13) y a la vez Señor de todas ellas (cfr 17,1). Elías es el defensor de los derechos de Dios y de los pobres (cfr cap. 21), y en este sentido aparece como modelo de los profetas que vendrán después, los llamados profetas escritores. «Elías es el padre de los profetas, de la raza de los que buscan a Dios, los que van tras su rostro (Sal 24,6)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2582).