COMENTARIO
El autor sagrado presenta en contraste a Elías, que obedece al mandato divino, y a Ajab, que se esfuerza en encontrar por su cuenta medios de subsistencia pensando sólo en conservar sus bienes. El envío del profeta al encuentro del rey Ajab es tan arriesgado que incluso a un hombre temeroso de Dios como Obadías le parece impensable e irrealizable. Pero el profeta sabe que va de parte de Dios, que es infinitamente más poderoso que el rey. Así lo indica el nombre de «Señor de los ejércitos» que recuerda el poder de Dios que acompañaba al Arca (cfr 2 S 6,2) y que se convertirá en uno de los epítetos divinos más frecuentes en la tradición judía. La valentía con que Elías afronta su misión es modelo para el cristiano que está en el mundo confiando «en la gran bondad de Dios que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo» (S. Teresa de Jesús, Camino de Perfección 1,2).