COMENTARIO
En esta escena vuelve a resaltarse la eficacia de la oración de Elías (v. 42). Ahora viene caracterizada por la seguridad de haber conseguido lo que pide (v. 41) y por la perseverancia (v. 43).
Elías orando en la cima del Carmelo aparece como tipo y figura de nuestro Señor Jesucristo. «Elías oró y ofreció el sacrificio, y Cristo se ofreció a sí mismo en sacrificio inmaculado por el mundo universo. Elías oró en el monte Carmelo y Jesucristo en el monte de los olivos. Elías oró para que la lluvia viniese sobre la tierra, y Cristo para que descendiera la gracia divina a los corazones humanos. Lo que dijo Elías a su criado: “sube y mira siete veces”, designaba la gracia septiforme del Espíritu Santo que había de ser dada a la Iglesia. Y cuando aquél dijo que veía una pequeña nubecilla subiendo del mar, figuraba la carne de Cristo, que había de nacer en el mar de este mundo» (Sermones atribuidos a San Agustín, Sermones 40,5).
El monte Carmelo ha sido también foco de espiritualidad cristiana especialmente desde que en el siglo XII, algunos eremitas se retiraron a aquel monte, constituyendo más tarde una orden dedicada a la vida contemplativa, bajo el patrocinio de la Virgen María. Con razón se ha visto en la nubecilla divisada por el criado de Elías una figura de la Santísima Virgen, pues lo mismo que de aquella pequeña nube llovió agua abundante para fecundar la tierra, así de la Virgen María, humilde esclava del Señor, nació Cristo por quien la gracia y la misericordia de Dios se derramaron sobre el orbe entero.