COMENTARIO
Vuelve a ponerse de relieve la superioridad del Dios de Israel sobre las divinidades de los otros pueblos. Los siervos del rey de Siria piensan, según la mentalidad del tiempo, que el poder de una divinidad se extendía sobre el territorio en el que se veneraba. Por eso cambian de estrategia. Pero el autor sagrado, al introducir este detalle, conociendo la victoria de Israel que tendrá lugar a continuación, ya está en cierto modo ridiculizando tal opinión. El verdadero Dios lo es de las montañas y también de los valles (cfr 20,28). Él protege a su pueblo en todo lugar y circunstancias.