COMENTARIO
Afec estaba situada a unos 8 km al este del lago de Genesaret, y la batalla pudo haberse producido en el valle del Jordán, cerca de la desembocadura del río Yarmuc. Tras la victoria, Ajab respeta la vida de Ben-Hadad y hace un tratado con él, quizá porque le interesaba tenerle como muro de contención frente al poder de Asiria que comenzaba a manifestarse.
La actitud de Ajab hacia Ben-Hadad es denunciada por los círculos proféticos, porque Ajab decide y obra por su cuenta sin consultar a Dios: suelta al prisionero cuando éste propiamente no le pertenecía a él sino al Señor que lo había entregado en sus manos. Por eso Ajab, siguiendo la antigua ley del anatema (cfr Lv 27,28), debería haberle dado muerte.
Los llamados «hijos de los profetas» (v. 35) eran miembros de ciertas asociaciones que practicaban ritos religiosos de carácter extático. Es posible que en algunos casos aquellos grupos estuvieran liderados por profetas en sentido estricto como Samuel, Elías o Eliseo. El recurso profético empleado para que Ajab hable recuerda el que utilizó Natán con David (cfr 2 S 12,1-4), ordenado a que el rey pronuncie su propia sentencia.