COMENTARIO

 1 R 22,13-28 

Este profeta Miqueas, distinto del Miqueas del libro sagrado del mismo nombre que vivió unos ciento cincuenta años después, se diferencia de los profetas de la corte de Ajab por su misma forma de vida, lejos del rey.

La visión que narra Miqueas (vv. 19-23) tiene como objeto dar al rey una explicación de por qué los profetas de su entorno le aconsejan ir a la guerra: aunque de manera inconsciente tales profetas son también instrumentos de Dios que ya tiene decretada la perdición de Ajab. El lenguaje antropomórfico del profeta expresa que, en realidad, todo responde al designio divino, incluido el hecho de que haya quienes se dejen guiar consciente o inconscientemente por el espíritu de la mentira y, en concreto, el hecho de que el rey se deje engañar voluntariamente por aquellos falsos profetas.

Miqueas, solo ante la multitud de los cuatrocientos profetas, sufre la humillación e incluso la violencia como les sucederá tantas veces a los verdaderos profetas que son figura de nuestro Señor Jesucristo, que también sufrió toda clase de vejaciones en su pasión (cfr Jn 18,22). El profeta entonces únicamente apela a la voluntad del Señor, es decir, al desarrollo de los acontecimientos en los que ésta se manifestará realmente. El cumplimiento de tales anuncios es, en definitiva, la garantía de la verdad de las palabras del profeta y de la autoridad de éste (cfr Dt 18,21-22).

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